“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 14 de septiembre de 2019

14 septiembre / 2019




“La CIA en España”

Alfredo Grimaldos



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2019 / Diario


Dices tú de la falta de sentido del humor de los comunistas…


Jorge Dimitrov
Versión taquigráfica del discurso de conclusión ante el Tribunal



Escrito: Pronunciado el 16 de diciembre de 1933
Digitalización: Aritz
Fuente: Jorge Dimitrov, Obras Completas, Editorial del PCB, 1960
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2001




Dimitrov: En virtud del artículo 258 del Código Procesal, tengo derecho a hablar a la vez como defensor y como acusado.

El Presidente: Tiene usted derecho a hablar el último y puede ahora hacer uso de ese derecho.

Dimitrov: En virtud del citado Código, tengo derecho a contestar a la acusación y, por lo tanto, a hablar en último lugar.
¡Señores jueces, señores fiscales, señores defensores! Desde el comienzo de la vista de este proceso, hace tres meses, como acusado, dirigí una carta al presidente del tribunal. En aquella carta decía que lamentaba que mis intervenciones diesen lugar a incidentes, pero que rechazaba categóricamente el que mi conducta se interpretase como un abuso deliberado del derecho a formular preguntas y emitir declaraciones con fines de propaganda. Se comprende que, desde el momento en que se me ha acusado, a pesar de ser inocente, traté de defenderme por todos los medios de que dispongo...
«Reconozco -decía en mi carta- que no todas las preguntas fueron formuladas correctamente, desde el punto de vista de su forma jurídica. Ello se explica, sin embargo, por mi desconocimiento de las leyes alemanas. Además, es la primera vez en mi vida que me veo envuelto en un proceso semejante. Si tuviese un defensor de mi elección, habría podido evitar en su totalidad estos incidentes desfavorables para mi propia defensa. He nombrado a una serie de abogados: a Dechev, a Moro-Giaferi, a Campinchi, a Torrès, a Grigorov, a Leo Gallager (de Norteamérica) y al Dr. Lehmann (de Saarbrücken). Pero el tribunal del Reich, con uno u otro pretexto, ha rechazado todas mis designaciones, hasta ha negado el permiso de entrada al señor Dechev. No abrigo ninguna desconfianza personal contra el señor Doctor Paul Teichert, ni como persona, ni como abogado. Pero, en la situación de Alemania, Teichert no puede merecerme la confianza necesaria, en su papel de abogado de oficio. Por eso, trato de defenderme yo mismo y a veces doy pasos falsos, desde el punto de vista jurídico.
En interés de mi defensa ante el tribunal y, creo que, también en interés de la marcha normal del proceso, me dirijo una vez más, la última, a ese supremo tribunal, pidiendo se designe al abogado Marcel Villard, que ya ha recibido la autorización de mi hermana, para hacerse cargo de mi defensa. Si esta última proposición mía es rechazada también, desgraciadamente, no me quedará otro medio que defenderme yo mismo en la medida de mis fuerzas y como mejor sepa».
Como esta proposición también fue rechazada, decidí defenderme yo mismo. Puesto que no necesito de la miel, ni el veneno de la elocuencia del defensor que se me impuso, me he defendido todo el tiempo sin la ayuda del abogado.
Naturalmente que en modo alguno me hago solidario del informe del abogado Teichert. Lo que ha de tomarse en cuenta para la defensa es sólo lo dicho por mí ante el tribunal, hasta el presente y lo que voy a decir ahora. No quisiera agraviar a Torgler, que, a mi juicio, ha sido ya bastante agraviado por su defensor, pero debo decir abiertamente: prefiero ser condenado injustamente a muerte por la justicia alemana, que ser absuelto por una defensa como la que hizo de Torgler el Dr. Sack.

El Presidente: (interrumpiendo a Dimitrov) Aquí usted no tiene derecho a criticar.

Dimitrov: Mi lenguaje es apasionado y duro, lo reconozco, pero también mi lucha y mi vida han sido siempre duras y apasionadas. Mi lenguaje es un lenguaje franco y sincero. Estoy acostumabrado a llamar a las cosas por su nombre. No soy un abogado que defiende por deber a su cliente.
Me defiendo a mí mismo, como comunista acusado.
Defiendo mi honor personal de comunista, mi honor de revolucionario.
Defiendo mis ideas, mis convicciones comunistas.
Defiendo el sentido y el contenido de mi vida.
Por esta razón, cada palabra pronunciada por mí ante el tribunal es , por decirlo así, sangre de mi sangre y carne de mi carne. Cada palabra mía es la expresión de mi indignación más profunda contra esta injusta acusación, contra el hecho de que se impute a los comunistas un crimen tan anticomunista.[1]
Se me ha reprochado reiteradamente no tomar en serio al Tribunal Supremo alemán. Este reproche es absolutamente injusto.
Es cierto que para mí, como comunista, la suprema ley es el programa de la Internacional Comunista y el Tribunal Supremo - la Comisión de Control de la Internacional Comunista.
Pero, como acusado, el Tribunal Supremo es para mí un tribunal, ante el que es preciso adoptar una actitud seria, no sólo por el hecho de hallarse integrado por jueces de una especial calificación, sino también porque este tribunal es un órgano sumamente importante del poder del Estado, un importante órgano del régimen social imperante, tribunal que puede condenar en forma inapelable a la mayor pena. Puedo decir con la conciencia tranquila ante el tribunal, y, por lo tanto, ante la opinión pública también, que he dicho la verdad y sólo la verdad en todos los apuntes. En lo tocante a mi Partido colocado en la ilegalidad, me he abstenido de hacer toda clase de declaraciones. He hablado siempre con seriedad y con el sentimiento de la más profunda convicción.

El Presidente: No toleraré que se ocupe usted aquí, en esta sala, de propaganda comunista. Lo ha estado usted haciendo durante todo el tiempo. Si sigue, le retiraré la palabra.

Dimitrov: Debo rechazar categóricamente la afirmación de que persigo fines de propaganda. Podrá pensarse que mi defensa ante el tribunal encerraba cierta eficacia propagandista. Admito que mi conducta ante el tribunal puede servir de ejemplo para un comunista acusado. Pero no era ese el objetivo de mi defensa. Mi objetivo ha consistido en rechazar la acusación, según la cual, Dimitrov, Torgler, Popov y Tanev, el Partido Comunista de Alemania y la Internacional Comunista tienen algo que ver con el incendio.
Yo sé que en Bulgaria nadie cree en nuestra supuesta participación en el incendio del Reichstag. Sé que en el extranjero no hay, en general, nadie que dé crédito a esto. Pero en Alemania las circunstancias son diferentes: aquí, podrían creerse tales afirmaciones extrañas. Por eso he querido demostrar que el Partido Comunista no ha tenido, ni tiene que ver nada con tal delito.
Si se habla de propaganda, hay que decir que muchas de las intervenciones hechas ante el tribunal han tenido este carácter. También las intervenciones de Göbbels y de Göring han ejercido una acción indirecta de propaganda a favor del comunismo, pero nadie puede hacerles responsables de ello. (Animación y risas en la sala).
La prensa no sólo me ha denigrado en todas las formas posibles -esto es lo que menos me preocupa- sino que, en relación conmigo, se ha motejado de "salvaje" y de "bárbaro" al pueblo búlgaro, a mí se me ha llamado "el tenebroso sujeto balcánico", el "búlgaro salvaje", y esto no puedo pasarlo por alto.
Es cierto que el fascismo búlgaro es salvaje y bárbaro. Pero la clase obrera, los campesinos y los intelectuales populares de Bulgaria, que están al lado del pueblo, no son, en modo alguno bárbaros, ni salvajes. El nivel material y cultural de los Balcanes no es indudablemente tan elevado como el de otros países europeos; pero, espiritual y políticamente, las masas del pueblo de mi país no ocupan un nivel más bajo que las masas de los demás países de Europa. En Bulgaria, nuestras luchas políticas, nuestras aspiraciones políticas no son inferiores a las de otros países. Un pueblo que ha vivido durante quinientos años bajo el yugo extranjero, sin perder su idioma, ni su nacionalidad, una clase obrera y una masa campesina como las nuestras que han luchado y siguen luchando contra el fascismo búlgaro y por el Comunismo, un pueblo tal no es bárbaro, ni salvaje. Los bárbaros y salvajen en Bulgaria son solamente los fascistas. Pero, yo pregunto, señor Presidente:¿En qué país no son los fascistas bárbaros y salvajes?

El Presidente: (interrumpiendo a Dimitrov) ¿No aludirá usted, por supuesto, a la situación política de Alemania?





Dimitrov: (con una sonrisa irónica) ¡Naturalmente que no, señor Presidente!
Mucho antes de la época en que el emperador alemán Carlos V dijera que "sólo hablaba en alemán con sus caballos" y que los hidalgos alemanes y la gente instruída escribían sólo en latín y se sentían avergonzados de la lengua alemana, en la "bárbara" Bulgaria, los apóstoles Cirilo y Método habían creado y difundido la antigua escritura búlgara.
El pueblo búlgaro luchó con todas sus fuerzas y con todo tesón contra el yugo extranjero. Por eso protesto contra los ataques de que se hace objeto al pueblo búlgaro. No tengo por qué avergonzarme de ser búlgaro y me enorgullezco de ser hijo de la clase obrera de Bulgaria.
Antes de abordar la cuestión de fondo, debo decir lo siguiente: el Dr. Teichert nos ha reprochado el que nos hubiésemos colocado nosotros mismos en la situación de acusados por el incendio del Reichstag. A esto debo contestar que, desde el 9 de marzo, en que fuimos detenidos, hasta que se abrió este proceso, transcurrió mucho tiempo. En este tiempo habrían podido investigarse todos los factores que dejaban margen a sospechas. Durante la instrucción del sumario hablé con funcionarios responsables de la llamada «Comisión del Incendio del Reichstag». Dichos funcionarios me dijeron que los búlgaros no eran culpables del incendio del Reichstag. Sólo se nos acusaba de haber vivido con pasaportes falsos, bajo nombres falsos, sin inscribirnos...etc.

El Presidente: Lo que acaba usted de decir no se ha discutido en el proceso; por tanto, no tiene usted derecho a referirse a ello.

Dimitrov: Señor Presidente, en ese tiempo se debieron analizar todos los datos para descargarnos oportunamente de esta acusación. En el acta de acusación, se dice que Dimitrov, Popov y Tanev afirman ser emigrados búlgaros. Sin embargo, a pesar de ello, hay que reputar como probado que residían en Alemania para los fines del trabajo clandestino. Son, se dice en el acta de la acusación, los "agentes del Partido Comunista de Moscú para preparar la insurrección armada".
En la página 83 del acta de acusación se dice que, a pesar de que Dimitrov manifiesta haber estado ausente de Berlín desde el 25 al 28 de febrero, esto no altera la cosa, ni le descarga de la acusación de complicidad con el incendio del Reichstag. Así lo atestiguan -indica más adelante el acta de acusación- no sólo las declaraciones del Hellmer sino también otros muchos hechos que indican que...

El Presidente: (interrumpiendo a Dimitrov) No debe usted dar lectura al acta de acusación que conocemos suficientemente.

Dimitrov: Debo decir que tres cuartas partes de todo lo que el fiscal y los defensores dijeron aquí, ante el tribunal, hace tiempo ya que es conocido por todos y, a pesar de ello, volvieron a repetirlo. (Animación y risas en la sala). Hellmer ha dicho que Dimitrov y Van der Lubbe habían estado en restaurante Bayernhof. Más adelante, se lee en el acta de acusación:
«Aunque Dimitrov no haya sido sorprendido in fraganti en el lugar del delito, ha intervenido, sin embargo, en la preparación del incendio del Reichstag. Se trasladó a Munich para preparar su "coartada". Los folletos encontrados en poder de Dimitrov demuestran que participaba en el movimiento comunista de Alemania.»
Tal era la base de esta acusación prematura, que ha resultado ser un aborto.

El Presidente: (Interrumpiendo a Dimitrov) No debe usted emplear semejantes expresiones, refiriéndose a la acusación.

Dimitrov: Buscaré otra expresión.

El Presidente: Pero no tan inadmisible.

Dimitrov: Vuelvo, en otro respecto, a los métodos de la acusación y al acta de acusación.
El carácter de este proceso estaba trazado de antemano por la tesis de que el incendio del Reichstag era obra del Partido Comunista de Alemania, e incluso del comunismo mundial. Este acto anti-comunista, el incendio del Reichstag, les ha sido imputado a los comunistas y se les ha presentado como señal para la insurrección comunista, como señal para hacer cambiar la Constitución de Alemania. Con ayuda de esta tesis, se imprimió a todo el proceso un sello anticomunista. En el acta de acusación, se dice:
«…La acusación estima que este atentado criminal había de ser la llamada, la señal para los enemigos del Estado, quienes se proponí,an emprender luego un ataque general contra el Estado alemán con el fin de destruirlo e instaurar en su lugar la dictadura del proletariado, el Estado Soviético, por obra y gracia de la Tercera Internacional...».
Señores jueces: no es la primera vez que se imputan a los comunistas semejantes atentados. No puedo citar aquí todos los ejemplos de esta índole. Mencionaré el atentado ferroviario de Alemania, cerca de Jüterborg, cometido por un aventurero y provocador anormal. Por aquel entonces, se difundió, durante semanas enteras, no sólo en Alemania, sino también en otros países, la afirmación de que aquel atentado era obra del Partido Comunista de Alemania, de que era un acto terrorista de los comunistas. Luego, el autor resultó ser el anormal y aventurero Matuschka, que posteriormente fuera detenido y condenado.
Recordaré otro ejemplo, el asesinato del presidente de la República Francesa, por Gorgulov. También entonces se dijo en todos los países que este atentado era obra de los comunistas. A Gorgulov se le presentaba como un comunista, como un agente soviético. Y ¿qué resultó? Que dicho atentado había sido organizado por los guardias blancos, y Gorgulov resultó ser un provocador que quería conseguir la ruptura de las relaciones entre Francia y la Unión Soviética.
Recordaré también el atentado contra la Catedral de Sofía. Este atentado no fue organizado por el Partido Comunista de Bulgaria. Pero, a raíz de él, el Partido Comunista fue perseguido. Dos mil obreros, campesinos e intelectuales fueron asesinados bestialmente por las bandas fascistas, con el pretexto de que la catedral había sido volada por los comunistas. Este acto de provocación fue organizado por la policía búlgara. Todavía en 1920, el propio Prutkin, jefe de la policía de Sofia, organizó una explosión de dinamita durante la huelga de los ferroviarios, como medio para provocar a los obreros búlgaros.

El Presidente: (interrumpiendo a Dimitrov) Eso no tiene nada que ver con el proceso.

Dimitrov: El funcionario de policía Séller ha hablado aquí de la incitación comunista al incendio... etc. Yo le pregunté si conocía casos en que los incendios fueran hechos por los patronos y luego imputados a los comunistas. En el «Völkischer Beobachter» del 5 de octubre, se dice que la policía de Settin...

El Presidente: Este artículo no ha sido unido al proceso...
Dimitrov: (trata de continuar).

El Presidente: No tiene usted derecho a hablar de eso, puesto que el hecho no se ha mencionado durante el proceso.

Dimitrov: Toda una serie de incendios...

El Presidente: (interrumpe de nuevo a Dimitrov).

Dimitrov: Esto fue objeto de un atentado, porque toda una serie de incendios fueron imputados a los comunistas. Luego, resultó que habían sido obra de los patronos. «¡Con el fin de proporcionar trabajo!»
Recordaré otro hecho: la falsificación de documentos. Hay una gran cantidad de falsificaciones que fueron explotadas contra la clase obrera. Estos casos son muy numerosos. Sólo recordaré la pretendida carta de Zinoviev, que fue una falsificación, explotada por los conservadores ingleses contra la clase obrera. Recordaré una serie de falsificaciones hechas aquí, en Alemania...

El Presidente: Eso excede los marcos de la investigación judicial.

Dimitrov: Aquí se ha afirmado que el incendio del Reichstag había de servir de señal para la insurrección armada. Se ha tratado de demostrarlo del siguiente modo:
Göring ha dicho, ante el tribunal, que el Partido Comunista alemán se había visto obligado, desde el momento en que Hitler asumió el poder, a atizar el estado de ánimo de sus masas y a emprender algo. Dijo: "¡Los comunistas no tenían más remedio que hacer algo, o ahora o nunca!" Dijo que el Partido Comunista llevaba ya años y años llamando a la lucha contra el nacional-socialismo y que desde el momento de la toma del poder por los nacional-socialistas el Partido Comunista de Alemania no tenía más salida que lanzarse a la acción. ¡Ahora o nunca! El Fiscal general trató de formular esta misma tesis con mayor exactitud y aún «más hábilmente».

El Presidente: No permitiré que agravie usted al Fiscal general.

Dimitrov: El Fiscal general ha desarrollado aquí, como acusador público, lo afirmado por Göring. El Fiscal general, señor Werner, ha dicho:
«El Partido Comunista se hallaba en tal situación, que tenía que emprender la retirada, sin combate, o aceptarlo sin haber terminado aún sus preparativos. Era la única carta que le quedaba al Partido Comunista, en aquellas circunstancias. O renunciar sin lucha a su objetivo, o lanzarse a un acto de desesperación, jugarse el todo por el todo: era lo único que, en aquellas circunstancias, podía salvar la situación. Podía fracasar, pero aunque así fuere, la situación no sería peor que si el Partido Comunista retrocediera sin lucha.»
La tesis, que se lanza y se atribuye al Partido Comunista, no es una tesis comunista. Una hipótesis de esta naturaleza demuestra que los enemigos del Partido Comunista de Alemania lo conocen mal. Para luchar con acierto contra el enemigo, hay que conocerle. La prohibición del Partido, la disolución de las organizaciones de masas, la pérdida de la legalidad, todo esto representa, naturalmente, un duro golpe para el movimiento revolucionario. Pero dista mucho de significar que con ello todo está perdido.
En febrero de 1933, el Partido Comunista se hallaba bajo la amenaza de la ilegalidad. La prensa comunista estaba suspendida y se esperaba la prohibición del Partido Comunista. El Partido Comunista de Alemania sabía muy bien que en muchos países estaban prohibidos los Partidos Comunistas, pero que a pesar de ello continuaban trabajando y luchando. El Partido Comunista está prohibido en Polonia, en Bulgaria, en Italia y en algunos otros países. Yo puedo hablar de esto sobre la base de la experiencia del Partido Comunista Búlgaro. Después del Levantamiento de 1923, el Partido Comunista Búlgaro fue prohibido; pero trabajaba y, aunque ello haya costado grandes sacrificios, se ha hecho más fuerte de lo que era en 1923. Esto lo comprende toda persona dotada de sentido crítico.
El Partido Comunista de Alemania, aun siendo ilegal, en una situación apropiada, puede realizar la revolución. Esto lo demuestra la experiencia del Partido Comunista de Rusia. El Partido Comunista de Rusia era ilegal, sufría sangrientas persecuciones, pero más tarde, la clase obrera, con el Partido Comunista a la cabeza, llegó al Poder. Las cabezas dirigentes del Partido Comunista de Alemania no podían pensar que «todo estaba perdido», ni que estaban ante el dilema de ¡insurrección o muerte! La dirección del Partido Comunista de Alemania sabía perfectamente que el trabajo ilegal costaría numerosos sacrificios y exigiría valor y abnegación, pero sabía también que sus fuerzas revolucionarias se fortificaban y que sería capaz de cumplir las tareas que tenía planteadas. Por eso, está absolutamente descartado que el Partido Comunista de Alemania haya querido, en aquel momento, jugarse el todo por el todo. Los comunistas no son, afortunadamente, tan miopes, como sus enemigos, ni pierden la cabeza en las situaciones difíciles.
A esto hay que añadir que el Partido Comunista de Alemania y los demás Partidos Comunistas son Secciones del Internacional Comunista. ¿Qué es la Internacional Comunista? Me permitiré citar sus estatutos.
El primer párrafo de los estatutos dice así:
«La Internacional Comunista, asociación internacional de los obreros, es la unificación de los Partidos Comunistas de los distintos países en un único Partido Comunista mundial.
Como guía y organizador del movimiento revolucionario del proletariado y portavoz de los principios y de los objetivos del comunismo, la Internacional Comunista lucha por la conquista de la mayoría de la clase obrera y de las extensas masas de los campesinos pobres, por la instauración de la dictadura del proletariado, por la creación de la Federación mundial de Repúblicas Socialistas Soviéticas, por la supresión total de las clases y por la realización del socialismo, primera etapa de la sociedad comunista.»
En este Partido Mundial de millones de hombres, que es la Internacional Comunista, el Partido más fuerte es el Partido Comunista de la Unión Soviética. Es el Partido que gobierna en la Unión Soviética, en el Estado más grande del mundo. La Internacional Comunista, el Partido Comunista mundial, analiza la situación política conjuntamente con al direccción de los Partidos Comunistas de todos los países.
La Internacional Comunista, ante la cual son directamente responsables todas las Secciones, no es una organización de conspiradores, sino un Partido mundial. Semejante Partido mundial no juega con la insurrección, ni con la revolución. Semejante Partido mundial no puede decir oficialmente a sus millones de partidarios una cosa y, al mismo tiempo, hacer secretamente lo contrario. ¡Semejante Partido, queridísimo Dr. Sack, no conoce la contabilidad por partida doble!

El Dr. Sack: Muy bien, prosiga usted su propaganda comunista.


[1] Jorge Dimitrov fue detenido el 9 de marzo de 1933 en Berlín, acusado de provocar el incendio ocurrido en el Reichstag el día 27 de febrero de 1933.


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viernes, 13 de septiembre de 2019

13 septiembre / 2019



¿Qué pasó con el compromiso antinuclear ‎de Luigi Di Maio?‎

Manlio Dinucci


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2019 / Diario


Dices tú de democracia burguesa / dictadura del capital 


Extractos de: “Antoni Domènech,“Democracia burguesa”: nota sobre la génesis del oxímoron y la necedad del regalo”


“La locución ‘democracia burguesa’, que hoy suena tan ‘marxista’, no se halla ni una sola vez en Marx o en Engels; a ellos, como al grueso del socialismo del siglo XIX, y no digamos del liberalismo burgués europeo continental, expresamente antirrepublicano y antidemocrático, les habría sonado a oxímoron.

Sí puede encontrarse, por ejemplo, en Rosa Luxemburgo antes de la Gran Guerra, pero con un significado muy distinto al que acabará prevaleciendo entre los marxistas después de la Guerra. Para Rosa Luxemburgo, “democracia burguesa” (bürgerliche Demokratie) significaba lo mismo que para el viejo Engels y el viejo Marx “democracia pura” (reine Demokratie), a saber: no el nombre de un régimen político institucionalmente establecido y epocal, sino la caracterización de una corriente político-social (de un “partido”, o de un “movimiento”, si se quiere): los restos del ala pequeño-burguesa –o del sector del “cuarto estado” no proletarizado– del gran movimiento democrático derrotado en 1848 en toda Europa, movimiento del que el “comunismo” mismo y el socialismo obrero habían sido –según el Manifiesto Comunista– una de las ‘alas’.

Con el crecimiento de un moderno grancapitalismo de tendencias imperialistas y militaristas en el último tercio del XIX, creció también espectacularmente el movimiento obrero, mientras que el republicanismo democrático de clases medias entró en franca decadencia a fines del XIX. Y a esa decadencia se refería Rosa Luxemburgo en la celebrada réplica al “revisionista” Bernstein que fue su ‘Sozialreform oder Revolution’(1898):

“Pero si la política de alcances mundiales y el militarismo son una tendencia ascendente en la fase actual, la consecuencia necesaria de ello es que la democracia burguesa se mueva en línea descendente. En Alemania, la era del gran armamento, que comenzó en 1893, y la política de alcances mundiales que se inauguró con Kiautchou, se cobraron inmediatamente dos víctimas en la democracia burguesa: la decadencia y dispersión del Freisinn [el partido de los demócratas pequeñoburgueses] y la conversión del Centro [el gran partido católico de base obrera y campesina en la Alemania meridional] de partido de oposición a partido sostén del gobierno”

Sin entender este uso –o malentendiéndolo anacrónicamente– que del término “democracia burguesa” hacía Rosa Luxemburgo, no se puede entender tampoco su sensacional –y en cierto sentido, premonitorio– jaque mate a la argumentación de Bernstein: “Del hecho de que el alma de un liberalismo burgués aterrorizado por el ascenso del movimiento obrero y por los objetivos finales del mismo haya exhalado el último suspiro, sólo se sigue que el movimiento obrero socialista, precisamente hoy, es y sólo puede ser el único sostén de la democracia, y que los destinos del movimiento socialista no están ligados a los de la democracia burguesa, sino que, al revés, los destinos del desarrollo democrático están ligados a los movimientos socialistas. No es que la democracia sólo resulte viable si la clase obrera abandona su lucha emancipatoria, sino que, al revés, sólo resultará viable si el movimiento socialista es lo bastante fuerte como para combatir la consecuencias reaccionarias de las políticas [imperialistas] de alcance mundial y de la deserción burguesa.”

Ni ese uso de “democracia burguesa” era exclusivo de Rosa Luxemburgo o de los marxistas socialdemócratas antes de la I Guerra Mundial. Max Weber se sirvió del término exactamente en el mismo sentido. Así, por ejemplo, en su famoso ensayo de 1906 “Sobre la situación de la democracia burguesa en Rusia”, un importante (y poco recordado) estudio sobre el fracaso del movimiento burgués antiautocrático en Rusia. Y cuando diez años después, en su perspicaz trabajo sobre la Revolución de febrero de 1917 –que anticipa con deslumbradora lucidez la caída del gobierno Kerensky–, vuelva a ocuparse de los problemas de la “democracia” en Rusia, Max Weber dejará meridianamente claro que no puede ya creer siquiera en una “democracia burguesa”, en un movimiento político, esto es, sostenido en la reducida base social de una burguesía acobardada: “El que la ‘República’, por consecuencia de las torpezas y las mezquindades de la Dinastía [Románov], pueda acabar por establecerse formalmente de manera duradera –lo que esos círculos [burgueses] desde luego no desean— carece objetivamente de importancia. De lo que ahora se trata es de si los elementos realmente ‘democráticos’ –campesinos, artesanos, obreros industriales al margen de la industria bélica– se harán con el poder real. No es imposible, aunque por el momento no es todavía el caso. (...) He aquí el límite más firme a esta democracia mientras exista en Rusia el presente gobierno burgués. ”

[El texto de Weber fue redactado en abril de 1917, es decir, apenas siete meses antes de que se produjera efectivamente lo que Weber reputaba “no imposible” : la toma del “poder real” por parte de “los elementos realmente democráticos” . Se puede observar que los “elementos democráticos” weberianos están en la mejor tradición de la sociología política de Aristóteles, que descompone analíticamente el demos en cuatro clases sociales: georgioi (campesinos), banausoi (artesanos), agoroi (tenderos y pequeños comerciantes) y misthotoi (trabajadores asalariados).]


Lo cierto es que ni para Bernstein, ni para Rosa Luxemburgo –ni para el Lenin de ¿Qué hacer? (1902), pongamos por caso, nombraba todavía la “democracia burguesa”, como luego para el grueso del marxismo vulgar y desmemoriado del siglo XX, una forma de Estado o de gobierno introducida por los burgueses y característica de una entera época de dominación y triunfo político capitalista, ni menos una “sobrestructura” política que adviene necesariamente con el desarrollo de la vida económica capitalista. 

[ Lenin usa en ¿Qué hacer? la locución “democracia burguesa” en el mismo sentido que Rosa Luxemburgo. Así cuando acusaba al Grupo de Autoemancipación Rabóchei Dielo de ser “instrumento de la democracia burguesa” , estaba criticando la política de alianzas de ese grupo con la expresión política de un segmento social determinado; no estaba hablando, obviamente, de sumisión a, o de mitificación de un régimen político institucional.]

Para encontrar marxistas dispuestos a regalar tan de barato la “democracia” –y la larga y penosa lucha del movimiento obrero por ella— a la “burguesía” y a un “liberalismo” inveteradamente antidemocrático, había aún que esperar al final de la Gran Guerra y a la desesperada propaganda bolchevique de autodefensa ante el acoso de las potencias de la Entente, una propaganda léxicamente tan exitosa, que llegó a conquistar en ese punto incluso al grueso de la vieja socialdemocracia. La discrásica normalización del “marxismo” acometida luego por el estalinismo hizo el resto. 

En su angustiado, y por lo demás, interesante texto de 1936 sobre la Crisis de la democracia, escribía ya por ejemplo el gran teórico de la socialdemocracia austríaca Otto Bauer: “La historia de medio siglo prueba con qué pericia ha logrado la clase capitalista en todos los países democráticos poner la democracia al servicio de sus intereses. Por doquier [¡sic!, ¡en 1936!] se ha convertido la democracia en una forma de poder clasista de la clase de los capitalistas. Mas, aun si la democracia burguesa es una forma de dominación de clase de los capitalistas, no es sin embargo una dictadura, una dominación ilimitada de la clase capitalista.”





Stalin mismo no se engañaba al respecto, como puede verse en los Diarios de Dimitrov, uno de los documentos más importantes publicados en los últimos años sobre la historia del comunismo. Por ejemplo: Dimitrov anota una conversación con Stalin del 6 de diciembre de 1948, en dónde éste dice redondamente que, para Marx y Engels, “la mejor forma de dictadura del proletariado”era “la república democrática”, lo que “para ellos significaba una república democrática en la que el proletariado tenía un papel dominante, a diferencia de las repúblicas suiza o americana”; y esa república con preponderancia obrera tenía “forma parlamentaria”.  Otro ejemplo: el 7 de abril de 1934, anota Dimitrov esta observación de Stalin: “Los obreros europeos están históricamente vinculados con la democracia parlamentaria” (...) y “no entienden que nosotros no tengamos parlamentarismo”.

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jueves, 12 de septiembre de 2019

12 septiembre / 2019


La caridad de los “brazos abiertos” en el mundo que viene

Rafael Poch


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2019 / Diario

Hasta el 29 de septiembre se puede ver en el Museo del Prado una interesante exposición titulada: ‘Miradas afines’ que muestra obras de pintores españoles y holandeses del siglo XVII, entre los que destacan Rembrandt, Vermeer, Frans Hals, Jan Steen… o el Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo… o sea que sólo Vermeer es completa novedad en las paredes del museo, aunque es cierto que resulta excepcional ver ciertas obras de Rembrandt o Frans Hals… situadas en tan estrecha vecindad de las pinturas de Velázquez, Murillo o Ribera… 




Pero si digo la verdad yo no veo, digo en las ‘miradas’ que se nos muestran, mucha afinidad entre esos selectos racimos de artistas ‘contemporáneos’. Y utilizo las comillas porque es sabido que la mayoría de ellos [Vermeer lo hizo todo sin prácticamente salir de Delf y Rembrandt que tampoco gastó mucha suela ni siquiera hizo el ‘obligatorio’ viaje a Italia], verdaderamente nada supo de la obra de ‘sus contemporáneos’. Cierto es que por entonces, la única manera de conocer la obra de los colegas ‘del más allá’ era viajar y visitar palacios o iglesias, como bien hizo el ‘artista-diplomático’ Rubens o, para los menos viajeros, conformarse con coleccionar grabados que reproducían con más o menos precisión las obras más famosas de artistas locales o extranjeros del pasado y del presente. Cosa que hizo Rembrandt y que también dejó huella en la obra del Greco o Velázquez, ambos además viajeros.





Colocar, una al lado de la otra, ‘Vista del jardín de la Villa Medici en Roma’ de Diego Velázquez y ‘Vista de casas en Delft / La callejuela’ de Johannes Vermeer y afirmar que expresan una intención estética, una serenidad y una técnica muy similar, no digo que sea un delito pero son ganas de decir por decir, de escribir bobadas sin mucho sentido, de hacer retórica estéril que se queda en meras palabras… bueno, eso si obviamos las exigencias 'prácticas' del 'creativo' comisario de la muestra [o sea la subyacente urdimbre intencional]. En cualquier caso, al curioso espectador que participa en este 'trucado intercambio' que le propone el comisariado de la expo, le  conviene siempre aquilatar mucho tales 'comparaciones y las supuestas afinidades' porque es ese un terreno artificioso y propicio a derrapar...



Leo en el folleto referencias a la relación entre nacionalismo y arte [como buenos lacayos del imperialismo y siguiendo sus dictados sobre lo local y lo global, no pierden oportunidad de atacar ‘los nacionalismos’, todos los nacionalismos excepto el yanqui, claro está. Véase, sobre esta misma expo, el baboso artículo de Muñoz Molina en El País de Langley o las banderitas de barras y estrellas en manos de las ‘marionetas indignadas de colores’ que piden la ‘intervención estadounidense’ en las calles de Hong Kong] y aseveraciones sobre la supuesta ‘universalidad’ de la mirada de estos grandes y ‘globales’ artistas. Aunque más que de ‘universalidad’ se habla expresamente de: ‘artistas europeos de la época’ ¿una comunidad culturalmente homogénea? ¡Ea venga ya con los cuentos…!




Y es que no sólo el centro neurálgico del floreciente capitalismo se había desplazado desde Génova a Holanda, sino que ya por entonces se consolidaba la consecuente mirada colonialista-eurocéntrica. Y en ningún cuadro de la expo se aprecia mejor esa mirada ‘capitalista y serenamente’ satisfecha y arrogante que en esa maravilla de pintura de Rembrandt van Rijn, obra de encargo, titulada ‘Los oficiales del gremio de pañeros de Amsterdam (Los síndicos). Y no es que Frans Hals no pintara nuevos ricos burgueses, pero su ‘colorista y divertida’ mirada nada tenía que ver con la del hijo del molinero… y es que ‘el ojo de Rembrandt’ era mucho ojo, un ojo que no se conformaba con observar, bien que minuciosamente, la pulida o arrugada superficie visible de los vivos o las ‘cosas’, sino que penetraba hasta sus capas o heridas más profundas, y digo en todas sus direcciones y dimensiones. Sirva de ejemplo el extraordinario ‘Autorretrato como el apóstol san Pablo’, donde un Rembrandt en plena madurez penetra en sus propias tripas, sufriendo así de propia mano los efectos de tal disección. Y no quiero dejar pasar la ocasión de señalar otro ejemplo más de la escasa afinidad que, desde mi punto de vista, existe entre la obra de Velázquez y Rembrandt. El caso es que han situado junto al aludido autorretrato de Rembrandt el ‘Menipo’ de Diego Velázquez, y supongo que lo han hecho porque a primera vista se pueden apreciar grandes similitudes en el tratamiento de la luz. Pero si no nos conformamos con esa mirada perezosa y ramplona, debemos de afanarnos en observar 'y escarbar' con cuidado, sentido y atención, tal y como sugería Brecht:   


“Y para observar hay que aprender a comparar. Para comparar
hay que haber observado ya. Mediante la observación
se engendra un saber, pero el saber es necesario para la observación. Y mal observa aquel que, con lo observado
no sabe que hacer”



Y si queremos complicarnos un poco más la vida:

“ La obra de arte explica la realidad que representa, refiere y traduce las experiencias que el artista ha llevado a cabo en la vida, enseña a ver justamente las cosas del mundo. Naturalmente los artistas de distintas épocas, ven las cosas de muy diversas maneras. 
Su modo de enjuiciarlas no depende sólo de su índole personal, sino también del conocimiento que ellos y su tiempo tienen de las cosas. Es una característica de nuestro tiempo el considerar las cosas en su desenvolvimiento, como cosas volubles, influidas por otras cosas y por toda clase de procesos, como cosas variables. 

Este modo de enjuiciamiento lo encontramos tanto en nuestra ciencia, como en nuestras artes. Las reproducciones artísticas de las cosas manifiestan más o menos conscientemente las nuevas experiencias que hemos adquirido de ellas, nuestro creciente conocimiento de la complejidad, variabilidad y natural contradicción de las cosas que nos rodean …y de nosotros mismos…”

En fin, eso es algo que dejo al antojo de vuesas mercedes… pero al menos, advirtiendo estas cosillas, no induzco a engaño. Eso sí, quede claro que como decía aquel, ‘una regla no es nunca su interpretación, sino su aplicación’.


ELOTRO

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

11 septiembre / 2019



Antoni Domènech

“Democracia burguesa”:
nota sobre la génesis del oxímoron y la necedad del regalo 


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2019 / Diario


La justicia de Queipo / Antonio Orihuela


En 1997, un libro de Francisco Espinosa Maestre, La Guerra Civil en Huelva, rompía un silencio de complicidades donde, a pesar de los años transcurridos, se seguían conjurando fuerzas vivas, instituciones y hasta los mismos investigadores de dentro y fuera de la universidad, al parecer mucho más interesados por cuestiones políticamente correctas y la mayor de las veces, por eso mismo, insustanciales. 

Viene siendo surrealista asomarse a ver que hacen aquellos a los que en teoría se les paga para que investiguen, ¿o es que tal vez se les paga para que hagan precisamente lo contrario?, no lo sé. Asumo con pesimismo que el delito académico de funcionar por libre, permanecer al margen de los círculos que refrendan la producción y reproducción de mensajes ideológicos, no jugar su juego, en suma, se tenga que seguir pagando tan alto. ¿Quién quiere disidentes?. El poder sólo acepta fusilados, vencidos o vasallos. Ahí nuestra tragedia. 
Las trabas, los obstáculos que tuvo Francisco Espinosa que vencer para sacar a la calle este libro puede hacernos reflexionar sobre como se disciplina la investigación en torno a determinados temas que, no sólo siguen siendo particular coto hermenéutico de una investigación oficiosa, a la que, además, se le avisa de los rigores de la nueva y más cruel censura de los medias, la libertad de mercado y el escaso interés que a ellos les suscita este tipo de obras que, por otra parte, y a su pesar, claro; terminan siendo auténticos best-sellers que, como en este caso, alcanza, en menos de dos años, tres ediciones. Frente a la industria editorial, parece que el público de Huelva no estuvo por el silencio con que han querido seguir cubriendo a nuestros muertos.

Lo más increíble de todo es que el libro de Francisco Espinosa no hace más que resarcir, porque sencillamente pones las cosas en su justo lugar, a todos aquellos que la historia oficial prefiere seguir ignorando; y hasta, en cierta medida, a cerrar heridas familiares muy profundas, dando corporeidad a los que hasta ahora sólo eran fantasmas habitando los lejanos acontecimientos del 36 y que, sin embargo, como él ha demostrado, dejaron una huella a fuego que desde el silencio, no ha dejado de restallar, atravesando generaciones, hasta hoy. 
Animado por este insólito respaldo popular, Francisco Espinosa, vuelve de nuevo a la carga, con un trabajo, donde insiste en hablar sobre el silencio y “las verdades oficiales”, para los obstinados y los memoriosos. Porque “la memoria es uno de los pocos recursos que tenemos par defendernos de la historia, que siempre la escriben los vencedores ( J. Ramoneda)”. Vencedores a los que Francisco Espinosa vuelve a desvelar en su nuevo libro “La Justicia de Queipo”, un excepcional documento del horror que supuso la violencia y el terror fascistas en las provincias del suroeste peninsular y aledañas (Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga y Badajoz). Desde la misma foto de portada, Espinosa nos recuerda algo que la Iglesia católica parece empeñada en no querer olvidar tampoco, de parte de quien estuvo durante la contienda. A lo largo del mismo, y dividida la información por provincias, Francisco Espinosa va componiendo, sobre un sólido y estructurado análisis de fondos documentales, un macabro lienzo donde no faltan ninguno de los ingredientes que aderezaron aquella barbarie: los surreales Consejos de Guerra donde se condena a la pena capital “por rebelión marxista” a quienes lo único que han hecho es defender el orden jurídico y constitucional frente a los golpistas; desapariciones indiscriminadas que en ocasiones, rayan con el exterminio sistemático, como el caso del barrio de la Macarena, San Luis o Triana, en Sevilla o Santa María y La Viña, en Cádiz; denuncias sin el menor fundamento que terminan en el paredón; crímenes justificados políticamente que, en realidad, esconden móviles económicos o simples venganzas personales; bandos de perdón que sirven de trampa para cazar huidos; cárceles abarrotadas que se vacían a golpe de “Bando de Guerra”, etc. y otros aspectos que no dejan de ser menos curiosos: las denuncias y juicios dentro del bando fascista, ante la necesidad de controlar, siquiera mínimamente, a civiles y militares afines al golpe y que, campan libremente, protegidos por la situación, condición o rango, haciendo la guerra por su cuenta, asesinando impunemente, violando, robando e incluso represaliando a sus mismos simpatizantes... Todo un decálogo de actos criminales que, amparados en el secreto militar y la complicidad política y jurídica de las nuevas autoridades, quedan sobreseidos y en definitiva, impunes, o bien, se saldan con el traslado de los acusados a otros lugares y, rara vez, con la expulsión de falange... 

En el libro de Espinosa se puede observar, desde la consulta rigurosa de la documentación militar, la altura moral y la catadura de los militares involucrados en el golpe, retazos de los discursos del general Queipo, tan escabrosos, que hasta el mismo Franco tuvo que intervenir prohibiéndole seguir con sus arengas radiofónicas; el saqueo al que los regulares y los fascistas, como vulgares ladrones, se dieron una vez ocupado Badajoz, general Yagüe incluido. Las irregularidades del “Héroe de la Pañoleta” Gregorio Haro Lumbreras, comandante de la Guardia Civil y posteriormente Gobernador de Huelva, acusado de repetidos robos, entre ellos, las alhajas que las señoras de la provincia habían entregado para la “Causa Nacional” y que éste había “regalado” con posterioridad a las chicas de un conocido prostíbulo de la capital onubense. El rápido y nada sorprendente enriquecimiento del primer Delegado de Orden Publico de Badajoz, hasta entonces Comandante de la Guardia Civil, a costa de las fortunas y bienes de los republicanos represaliados. Hechos que se repiten en otras localidades, con fascistas y presos comunes metidos a fascistas como protagonistas. 

Tampoco las estrategias militares quedan fuera del estudio de Espinosa, el modelo, desgraciadamente, se calca pueblo a pueblo por toda la geografía del suroeste, bombardeos y fuego de artillería anteceden las actuaciones de la infantería sin apenas resistencia, detenciones indiscriminadas y primeras matanzas junto a los cementerios. La pena de muerte se convierte así no en el castigo capital por un crimen concreto, sino “en un preventivo general (Neumann, 1983)”.”Instancias oficiales reconocían tras más de dos años de guerra que los culpables eran tantos, tan inmenso era el cuerpo sobre el que había que actuar, que resultaba materialmente imposible condenar a tanta gente. Acedo Colunga, que hablaba de tarea sin par ni antecedente en la Historia, describía la represión como dotada de cifras con gran riqueza numérica... guerra de religión (Espinosa, 2000:310)” aprobada y animada por la iglesia. Cantada por profetas como Manuel Siurot, o poetas, como Pemán, hoy convertidos, por presuntos demócratas, en hijos predilectos de sus ciudades. 

Sobre las secuelas de aquella terrible pesadilla, Francisco Espinosa, recuerda, lo que durante el resto de las vidas de los sobrevivientes a la carnicería tuvo que ser “convivir en una pequeña comunidad con quien sabes que asesinó a un familiar, cruzarte a diario con quien se apropió de cierto mueble o de una pequeña propiedad, o tener que recurrir para cualquier cosa a quien llevó la ruina a tu casa... tarea para personas fuertes (Espinosa, 2000:263)”. El golpe y la posterior represión aniquiló para siempre una cultura de izquierdas que había costado casi un siglo levantar y que ya no se recuperará nunca del mazazo, silenció a la derecha democrática y lo que es peor, la convirtió en cómplice de la barbarie. El país se vistió de luto y se convirtió en una inmensa cárcel, “el hambre, las enfermedades, el miedo, la miseria y la violencia estructural (Espinosa, 2000:938)” completaron la obra de destrucción “organizada y financiada por los grupos privilegiados (Ibídem)”. Con la transición e incluso antes, la mayoría de los archivos, tanto de Orden Público, Falange, etc. desaparecieron, y con ellos, la verdadera dimensión de “la obra de amor (Acedo, 1936)” del “Glorioso Movimiento Nacional”. Francisco Espinosa, tras una ardua, solitaria y costosa labor que nadie, salvo su bolsillo, ha sufragado, ha podido reconstruir algunos fragmentos. Libros como el suyo, de trazos tensos y vigorosos, es probable que sean lo único que nos salve de la desmemoria y el olvido en el que nos sepultaron la Historia y, día a día, nos escamotean el presente. 


«La Justicia de Queipo: Violencia y Terror fascista en Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga y Badajoz». Francisco Espinosa Maestre,  Editorial Centro Andaluz del Libro (Sevilla) Sevilla 2000, 383 páginasVenta de Ejemplares, escribiendo al Apartado Postal, 3183. 41003 Sevilla 

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