“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

lunes, 31 de diciembre de 2018

31 diciembre / 2018



Siete Ensayos de Interpretación de la 
Realidad Peruana 
José Carlos Mariátegui 


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2018 / Diario

¡Cómo de un misterio se sigue siempre otro mayor!
(Kafka)

He de iniciar esta nota diciendo que lamento que sea escrita (observación ridícula, cuándo extirparé estas cosas…).

Está uno tan acostumbrado a fracasar que, cuando por fin salen bien algunas cosas, le domina una agitada sensación de intranquilidad, y de incredulidad paralizante ('sin poderlo remediar rey ni roque...'). Los numerosos fracasos acumulados me han convertido en un ser socialmente deforme, portador involuntario de un estigma difícil de ocultar a los demás y, lo que es más molesto, de ignorar por mí mismo (El cielo está nublo, como mi pensamiento). Pero tengo que asegurarme la tranquilidad. Alguien dijo que la locura está en las cosas que hacen olvidar todo lo demás. Por ejemplo te olvidas de todo lo demás y te obsesiones con el estigma que te han asignado. Y te hundes en él. Miedo a la locura. Y de nada te sirve esconderte detrás de prejuicios y fantasías elaboradas ex profeso, de una vida artificial (a modo de empalizada defensiva) en la que el estigma social que, mal que te pese te adorna, no penetre, no tenga cabida en la escena o papel que interpretar. 

Sabido es que el arte de saber es ocultar el saber, pero aún así prefiero no saber, prefiero no recibir noticias de mi endilgado estigma (¡solo soy el portador maquinal de la noticia! Se queja con razón el estigma). La noticia-estigma es un asunto que no cabe despachar en público (lo que está a la vista es lo que pasa desapercibido). Cada noticia que me es ahorrada me supone una ganancia. ¡No huye el que se retira! ¡Con harto dolor de su ánima!

“El hombre está siempre embarcado en la apuesta”
(Pascal)

Debo soportarme a mí mismo con calma -me digo-, sin precipitarme ('la valentía que no se funda sobre la base de la prudencia se llama temeridad'), vivir como es debido ('es de prudentes guardarse para mejor ocasión'), no andar mordiéndome la cola como un perro estigmatizado.  Quiero reposo, quiero paso lento o carrera, pero no bien calculados brincos de saltamontes de esos que tanto demanda el Mercado (dicen que no hay economía de Mercado sino sociedad de Mercado, pero uno, con su estigma a cuestas, no está equipado para comprender según qué cosas.)

¡Dictadura ni la del Mercado!
(dígase haciendo bocina con la mano)


ELOTRO

domingo, 30 de diciembre de 2018

30 diciembre / 2018






Pillaje bajo el manto de la ley.


No es que uno presuma de profeta, inspirado por el ardor juvenil, pero... 33 años después, dices tú del ‘personajillo’ Emilio Ontiveros (de una conversación informal que escandalizó en la cafetería de la UAM allá por 1985):

“El producto estrella lo presentaban a los directivos de la CAM el economista de Analistas Financieros Internacionales Emilio Ontiveros y el otrora presidente ejecutivo para España y Portugal del también fallido y piedra angular de la crisis Lehman Brothers, Luis de Guindos, entidad que ayudaría en la comercialización de las cuotas participativas por primera vez en la historia de España y gracias a la autorización del Gobierno. Más de 50.000 clientes adquirieron este producto.


¿Qué podía fallar? De Guindos había sido secretario de Estado con Rodrigo Rato y uno de los padres del "milagro español". Pero las cuotas participativas -una especie de acciones de las cajas de ahorros pero sin "derechos políticos"- acabaron siendo uno de los mayores pufos de la historia de las finanzas en España…”

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Los satélites están cambiando de sol. Intensificación de las contradicciones interimperialistas
Ángeles Maestro


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2018 / Diario

“Y como la historia se ha relatado tantas veces, ha echado raíces en la memoria de todos” 
(John Steinbeck)


“La industria de las relaciones públicas, la industria de la publicidad es la que se dedica a la creación de consumidores. Este es un fenómeno que se desarrolló en los países más libres, en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Y la razón está muy clara. Se volvió clara hace aproximadamente un siglo, cuando esta industria se dió cuenta de que no iba a ser fácil controlar a una población con el uso de la fuerza. Habían ganado demasiada libertad: sindicatos, parlamentos con partidos para los trabajadores en muchos países, el derecho al voto de la mujer… Por lo tanto, tenían que encontrar otros medios para controlar a la gente.
De esto se dieron cuentan y comprendieron que tenían que controlarlos a través de las creencias y las actitudes. Cuando hablamos del término actitud, una de las mejores formas de controlar a las personas es lo que el gran economista Thorstein Veblen llamó fabricar consumidores.
Si puedes fabricar deseos, haz que obtener cosas que están a tu alcance sea la esencia de la vida. De esta forma, ellos van a quedar atrapados convirtiéndose en consumidores.  Y se hace con gran sofisticación, como este eslógan de Marlboro:
‘Ya no se ven muchos sementales salvajes. Es uno de los últimos de una raza salvaje y muy singular. Venga al país de Marlboro’.

Lo ideal es lo que se ve hoy en día: si los adolescentes tienen un sábado por la tarde libre van a ir a un centro comercial, no a la biblioteca u otro lugar. La idea es tratar de controlar a todos para instalar a la sociedad dentro de un sistema perfecto.
El sistema perfecto sería una sociedad basada en una díada, en un par. Ese par eres tú y tu televisión, o tal vez ahora, tú e internet. Lugar en el que se presenta cómo debería ser la vida apropiada, el tipo de aparatos que deberías tener. Recordándote que debes gastar tu tiempo y esfuerzo para conseguir esas cosas que no necesitas y que no quieres y que, probablemente, terminarás tirando. Pero eso es lo necesario para una vida digna.”

(Noam Chomsky)

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“En efecto, el socialismo, horror de los horrores, no sólo se ha vuelto muy respetable, sino que incluso viste frac y se deja caer negligentemente en los divanes de los salones mundanos. Esto demuestra de nuevo la incorregible veleidad de la opinión pública burguesa, ese terrible déspota de la 'buena sociedad'; con lo que queda justificado una vez más el desprecio con que nosotros, los socialistas de la pasada generación, la hemos tratado siempre.”

(F. Engels)

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“El conocimiento va de lo desconocido a lo conocido, rezaba Lenin entre sus cuadernos de apuntes, y lo reafirman las modernas y avanzadas neurociencias. Es el llamado al conocimiento de lo que se desconoce, lo que empuja a la búsqueda, planteaba Descartes.

En todo caso,  ocurre que se transita de una ausencia a la presencia, donde un conocimiento va creando los cimientos para sobre este, levantar otro nuevo. La formación de saberes, se hace sobre la base de otros anteriores, y de estructuras lógicas que también le anteceden.

Las ciencias naturales y exactas estudian matemáticas y estadística. Con ellas, se forjan todo un instrumental lógico-formal para poder desarrollar su área de conocimiento. Así, el físico puede armar sus modelos, o el biólogo o el químico. Sin duda todos ellos necesitan estudiar la  lógica sobre la que se levanta su disciplina para poder interpretarla y desarrollarla.

Igual ocurre con muchas otras ciencias, e incluso las sociales, estudian matemáticas con la misma finalidad. Con ello, se garantiza que cualquier profesional pueda leer y usar tablas, registros matemáticos, matrices y otras herramientas de análisis.
Sin embargo, ¿cuál es la estructura lógica y el conocimiento previo con el que se cuenta para aprender una economía política marxista?

La economía política- joya más preciada del pensamiento de Marx-, expuesta sobre todo en ‘El Capital’, a diferencia de la mayoría absoluta de las ciencias, no tiene un esquema lógico-formal. Esa economía política se levanta- al igual que debe hacer el marxismo- sobre la dialéctica, una lógica que no va sobre la forma, sino sobre el contenido. Ya advertía Lenin, que para entenderla, había que conocer a cabalidad ‘La ciencia de la lógica’ de Hegel...”

(Miguel Alejandro Hayes)

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sábado, 29 de diciembre de 2018

29 diciembre / 2018



Historiador Ugo Palheta
“Nuestro tiempo no es inmune al cáncer fascista”


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2018 / Diario


LAS GRANDES CIUDADES / F. Engels


“Ya no se asombra uno de nada, sino que todo este mundo loco no se halla desmembrado todavía”
(F. Engels)


“Una ciudad como Londres, donde se puede caminar durante horas sin siquiera entrever el comienzo del fin, sin descubrir el menor indicio que señale la proximidad del campo, es algo verdaderamente muy particular. Esta enorme centralización, este amontonamiento de 3,5 millones de seres humanos en un solo lugar ha centuplicado el poderío de estos 3,5 millones de hombres. La misma ha elevada a Londres al rango de capital comercial del mundo, creado los muelles gigantescos y reunido los millares de naves que cubren continuamente el Támesis. No conozco nada que sea más importante que el espectáculo que ofrece el Támesis, cuando se remonta el río desde el mar hasta el London Bridge. La masa de edificios, los astilleros de cada lado, sobre todo en la vecindad de Woolwich, los innumerables barcos alineados a lo largo de ambas riberas, que se aprietan cada vez más estrechamente los unos contra los otros y no dejan finalmente en medio del río más que un canal estrecho, por el cual se cruzan a plena velocidad un centenar de barcos de vapor -todo esto es tan grandioso, tan enorme, que uno se aturde y se queda estupefacto de la grandeza de Inglaterra aún antes de poner el pie en su suelo.”


“(1892). Eso era hace cerca de 50 años, en la época de los pintorescos veleros Éstos -ocurre todavía en Londres- se hallan actualmente atracados a los muelles, el Támesis está lleno de horribles vapores, ennegrecidos de hollín. (F.E.)”








“Por lo que toca a los sacrificios que todo ello ha costado, no se les descubre sino más tarde. Cuando uno ha andado durante algunos días por las calles principales, cuando se ha abierto paso penosamente a través de la muchedumbre, las filas interminables de vehículos, cuando se ha visitado los "barrios malos" de esta metrópoli, es entonces solamente cuando se empieza a notar que estos londinenses han debido sacrificar la mejor parte de su cualidad de hombres para lograr todos los milagros de la civilización de los cuales rebosa la ciudad, que cien fuerzas, que dormitaban en ellos, han permanecido inactivas y han sido ahogadas a fin de que sólo algunas puedan desarrollarse más ampliamente y ser multiplicadas uniéndose con aquellas de las demás. La muchedumbre de las calles tiene ya, por sí misma, algo de repugnante, que subleva la naturaleza humana. Estos centenares de millares de personas, de todas las condiciones y clases, que se comprimen y se atropellan, ¿no son todos hombres que poseen las mismas cualidades y capacidades y el mismo interés en la búsqueda de la felicidad? ¿Y no deben esas personas finalmente buscar la felicidad por los mismos medios y procedimientos? Y, sin embargo, esas personas se cruzan corriendo, como si no tuviesen nada en común, nada que hacer juntas; la única relación entre ellas es el acuerdo tácito de mantener cada quien su derecha cuando va por la acera, a fin de que las dos corrientes de la multitud que se cruzan no se obstaculicen mutuamente; a nadie se le ocurre siquiera fijarse en otra persona. Esta indiferencia brutal, este aislamiento insensible de cada individuo en el seno de sus intereses particulares, son tanto más repugnantes e hirientes cuanto que el número de los individuos confinados en este espacio reducido es mayor. Y aún cuando sabemos que este aislamiento del individuo, este egoísmo cerrado son por todas partes el principio fundamental de la sociedad actual, en ninguna parte se manifiestan con una impudencia, una seguridad tan totales como aquí, precisamente, en la muchedumbre de la gran ciudad. La disgregación de la humanidad en mónadas, cada una de las cuales tiene un principio 
de vida particular, y un fin particular, esta atomización del mundo es llevada aquí al extremo. 






De ello resulta asimismo que la guerra social, la guerra de todos contra todos, aquí es abiertamente declarada. Como el amigo Stirner, las personas no se consideran recíprocamente sino como sujetos utilizables; cada quien explota al prójimo, y el resultado es que el fuerte pisotea al débil y que el pequeño número de fuertes, es decir los capitalistas, se apropian todo, mientras que sólo queda al gran número de débiles, a los pobres, su vida apenas…”


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viernes, 28 de diciembre de 2018

28 diciembre / 2018







La Italia de los tres monos sabios ante el ‎peligro de guerra nuclear
Manlio Dinucci


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2018 / Diario

“La situación de la clase obrera en Inglaterra” /   Friedrich Engels

(Del prefacio de la edición alemana de 1892 / 1 )


“En esta edición, lo mismo que en las ediciones inglesas, no he tratado de poner el libro al día, enumerando todos los cambios ocurridos desde 1844. Y no lo he hecho por dos razones. En primer lugar, porque hubiera tenido que hacer un libro dos voces más voluminoso, y en segundo lugar, porque me habría visto obligado a repetir lo dicho ya por Marx, pues el primer tomo de "El Capital" ofrece una exposición detallada de la situación de la clase obrera británica por el año 1865, es decir, la época en que la prosperidad industrial de Inglaterra había llegado a su apogeo.

No creo que haya necesidad de indicar que el punto de vista teórico general de este libro, lo mismo en el aspecto filosófico que en el económico y en el político, no coincide plenamente, ni mucho menos, con mi actual punto de vista. En 1844 no existía aún el moderno socialismo internacional, convertido desde entonces en una ciencia gracias sobre todo y casi exclusivamente a los esfuerzos de Marx. Mi libro no representa más que una de las fases de su desarrollo embrionario; y lo mismo que el embrión humano reproduce todavía, en las fases iniciales de su desarrollo los arcos branquiales de nuestros antepasados acuáticos, a lo largo de todo este libro pueden hallarse las huellas de la filosofía clásica alemana, uno de los antepasados del socialismo moderno. Así, sobre todo al final del libro, se recalca que el comunismo no es una mera doctrina del partido de la clase obrera, sino una teoría cuyo objetivo final es conseguir que toda la sociedad, incluyendo a los capitalistas, pueda liberarse del estrecho marco de las condiciones actuales. En abstracto, esta afirmación es acertada, pero en la práctica es totalmente inútil e incluso algo peor. Por cuanto las clases poseedoras, lejos de experimentar la más mínima necesidad de emancipación, se oponen además por todos los medios a que la clase obrera se libere ella misma, la revolución social tendrá que ser preparada y realizada por la clase obrera sola. El burgués francés de 1789 decía también que la emancipación de la burguesía era la emancipación de toda la humanidad; pero la nobleza y el clero no quisieron aceptar esta tesis, que degeneró rápidamente -a pesar de ser, por lo que respecta al feudalismo, una verdad histórica abstracta indiscutible- en una frase puramente sentimental y se volatilizó totalmente en el fuego de la lucha revolucionaria. Tampoco faltan ahora quienes desde el alto pedestal de su imparcialidad predican a los obreros un socialismo situado por encima de todos los antagonismos y luchas de clase. Pero, o bien estos señores son unos neófitos a los que falta mucho aún por aprender, o bien se trata de los peores enemigos de la clase obrera, de unos lobos disfrazados de corderos…”
(…)

“El cartismo agonizaba. La nueva prosperidad industrial, lógica y casi natural después de la terminación de la crisis de 1847, fue atribuida exclusivamente al influjo del libre cambio. En virtud de estos dos hechos, la clase obrera inglesa se convirtió políticamente en la cola del 'gran' Partido Liberal, que dirigían los fabricantes. Una vez conseguida esta posición ventajosa, había que perpetuarla. La violenta oposición de los cartistas, no contra el libre cambio, sino contra el que se le convirtiese en la única cuestión vital del país, hizo comprender a los fabricantes -y cada día que pasaba se lo hacía comprender mejor- que sin la ayuda de la clase obrera la burguesía no logrará jamás establecer plenamente su dominio social y político sobre la nación. De esta manera, fueron cambiando poco a poco las relaciones entre las dos clases. Las leyes fabriles que en tiempos habían sido un espantajo para todos los fabricantes, ahora no sólo eran observadas voluntariamente por ellos, sino que se extendían más o menos a todas las ramas de la industria. Los sindicatos, considerados hasta hacía poco obra del diablo, eran mimados y protegidos por los industriales como instituciones perfectamente 
legítimas y como medio eficaz para difundir entre los obreros sanas doctrinas económicas. Incluso se llegó a la conclusión de que las huelgas, reprimidas hasta 1848, podían ser en ciertas ocasiones muy útiles, sobre todo cuando eran provocadas por los señores fabricantes en el momento que ellos consideraban oportuno. Aunque no desaparecieron todas las leyes que colocaban al obrero en una situación de inferioridad con respecto a su patrono, al menos las más escandalosas fueron abolidas. Y la Carta del Pueblo, antes tan execrable, se convirtió en el principal programa político de esos mismos fabricantes que hasta hacía poco la habían combatido. Fueron convertidos en ley la abolición del requisito de propiedad y el voto secreto…”

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jueves, 27 de diciembre de 2018

27 diciembre / 2018




Navidad en América Latina: Credo del Che, del poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton


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2018 / Diario


“La situación de la clase obrera en Inglaterra” /   Friedrich Engels




“ Truck-system. Sistema de pago del salario a los obreros con mercancías de tiendas de fábricas pertenecientes a los propios empresarios. En lugar de pagar los salarios en efectivo, los patronos obligan a los obreros a adquirir en tales tiendas mercancías de mala calidad y a precios abusivos. ”


“(…) De este modo -por lo menos en lo tocante a las ramas más importantes de la industria, pues en las ramas de menor importancia no era éste el caso- el desarrollo mismo de la producción capitalista se había encargado de eliminar las pequeñas cargas que en años anteriores habían empeorado la suerte del obrero. Así, aparecía cada vez más en primer plano el hecho capital de que la causa de la miserable situación de la clase obrera no debía buscarse en ciertas deficiencias aisladas sino en el propio sistema capitalista. El obrero cede su fuerza de trabajo al capitalista a cambio de un jornal. Después de unas cuantas horas de trabajo, el obrero ha reproducido el valor del jornal. Pero, según el contrato de trabajo, el obrero aún debe trabajar unas cuantas horas más hasta completar su jornada. El valor creado por el obrero durante estas horas de plustrabajo constituye la plusvalía, que no cuesta ni un céntimo al capitalista, pero que éste se embolsa. Tal es la base del sistema que va dividiendo más y más a la sociedad civilizada en dos partes: de un lado, un puñado de Rothschilds y Vanderbilts, propietarios de todos los medios de producción y consumo, y de otro, la enorme masa de obreros asalariados, cuya única propiedad es su fuerza de trabajo. Y que la causa de todo esto no reside en tal o cual deficiencia de tipo secundario, sino únicamente en el sistema mismo, lo ha demostrado hoy con toda evidencia el desarrollo del capitalismo en Inglaterra.”

“Las repetidas epidemias de cólera, tifus, viruela y otras enfermedades mostraron al burgués británico la urgente necesidad de proceder al saneamiento de sus ciudades, para no ser, él y su familia, víctimas de esas epidemias. Por eso, los defectos más escandalosos que se señalan en este libro, o bien han desaparecido ya o no saltan tanto a la vista. Se han hecho obras de canalización o se ha mejorado las ya existentes; anchas avenidas cruzan ahora muchos de los barrios más sórdidos; ha desaparecido la "Pequeña Irlanda" y ahora le toca el turno a 'Seven Dials'. Pero, ¿qué puede importar todo esto? Distritos enteros que en 1844 yo hubiera podido describir en una forma casi idílica, ahora, con el crecimiento de las ciudades, se encuentran en el mismo estado de decadencia, abandono y miseria. Ciertamente, ahora ya no se toleran en las calles los cerdos ni los montones de basura. La burguesía ha seguido progresando en el arte de ocultar la miseria de la clase obrera. Y que no se ha hecho ningún progreso sustancial en cuanto a las condiciones de vivienda de los obreros lo demuestra ampliamente el informe de la comisión real on the Housing of the Poor, redactado en 1885. Lo mismo ocurre en todos los demás aspectos. Llueven las disposiciones policíacas como si salieran de una cornucopia, pero lo único que pueden hacer es aislar la miseria de los obreros; no pueden acabar con ella.

Pero mientras Inglaterra ha rebasado ya esta edad juvenil de la explotación capitalista, que describo en mi libro, otros países acaban de llegar a ella. Francia, Alemania y sobre todo los Estados Unidos son los terribles competidores que -como lo había previsto yo en 1844- están destruyendo cada vez más el monopolio industrial de Inglaterra. Comparada con la industria inglesa, la de estos países es una industria joven, pero crece con mucha mayor rapidez que aquélla y ha alcanzado hoy día casi el mismo grado de 
desarrollo que la industria inglesa en 1844. La comparación es mucho más sorprendente por lo que respecta a los Estados Unidos. Las condiciones ambientales en que vive la clase obrera norteamericana son, ciertamente, muy distintas de las condiciones de vida del obrero inglés; pero como en uno y otro sitio rigen las mismas leyes económicas, los resultados, aunque no sean idénticos en todos los aspectos, tienen que ser del mismo orden. De aquí que en los Estados Unidos nos encontremos con la misma lucha por la reducción de la jornada de trabajo, por una limitación legal de la misma, sobre todo para las mujeres y los niños que trabajan en las fábricas; pleno florecimiento del truck-system y del sistema de cottages en las zonas rurales, utilizado por los patronos (bosses) y sus agentes como medio de dominar a los obreros. Cuando leí en 1886 las noticias publicadas en los periódicos norteamericanos acerca de la gran huelga de los mineros del distrito de Connellsville, en Pensilvania, me pareció leer mi propia descripción de la huelga declarada en 1844 por los mineros del Norte de Inglaterra. El mismo engaño de los obreros con pesas y medidas falsas, el mismo sistema de pago en productos, los mismos intentos de quebrantar la resistencia de los mineros poniendo en juego el último y más demoledor de los recursos utilizados por los capitalistas: desahucio de los obreros  de las viviendas que ocupan en las casas de las compañías…”


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miércoles, 26 de diciembre de 2018

26 diciembre / 2018



“Mientras la población general sea pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio de los vulnerables, los poderosos podrán hacer lo que quieran”, Noam Chomsky


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2018 / Diario


“La situación de la clase obrera en Inglaterra” /   Friedrich Engels

(Publicado por primera vez en 1845, cuando Engels tenía 24 años y aún no conocía personalmente a Marx.)


Fragmento del prólogo de 1887


“ (…) Desde luego, Nueva York es con mucho la ciudad más importante de Estados Unidos, pero Nueva York no es París y Estados Unidos no es Francia. Y me parece que el programa de Henry George, en su contenido actual, es demasiado estrecho para servir de base a otra cosa que a un movimiento local, o, a lo sumo, para una fase muy limitada del movimiento general. Para Henry George la gran y universal causa de la división de la humanidad en ricos y pobres consiste en que la masa del pueblo es expropiada del suelo. Ahora bien, históricamente, eso no es exacto. En la antigüedad asiática y clásica, la forma de opresión de clase era la esclavitud, o sea no tanto la expropiación del suelo a las masas como la apropiación de sus personas. Cuando, en la decadencia de la república romana, los campesinos italianos libres fueron expropiados de sus tierras, ellos formaron una clase de "blancos pobres" parecida a la de los negros de los estados esclavistas del sur antes de 1861; y entre los esclavos y los blancos pobres, dos clases igualmente incapaces de emanciparse por sí mismas, el mundo antiguo se hizo pedazos. En la Edad Media, la fuente de la opresión feudal no era la expropiación del suelo, sino por el contrario la apropiación al suelo de las masas. El campesino conservaba su parcela de tierra, pero no estaba atado a la misma como siervo o villano y obligado a pagar al señor un tributo en trabajo o en productos. No fue sino en la aurora de los nuevos tiempos, hacia los finales del siglo XV, que la expropiación de los campesinos, llevada a cabo en gran escala, echó los primeros cimientos de la clase moderna de los trabajadores asalariados, que no poseen nada aparte de su fuerza de trabajo y que sólo pueden vivir mediante la venta de la misma. Pero si bien la expropiación del suelo dio nacimiento a esa clase, fue el desarrollo de la producción capitalista, de la moderna industria y de la agricultura en gran escala lo que la perpetuó, la acrecentó y la transformó en una clase distinta con intereses distintas y una misión histórica distinta. Todo ello ha sido plenamente expuesto por Marx (El capital, libro primero, sección VII; la llamada acumulación originaria). Según Marx, la causa del antagonismo actual de las clases y de la degradación social de la clase trabajadora, reside en su expropiación de todos los medios de producción, en los cuales se halla naturalmente incluido el suelo. Al declarar que la monopolización del suelo es la única causa de la pobreza y de la miseria, Henry George, desde luego, halla el remedio en la reconquista del suelo por toda la sociedad. Ahora bien, los socialistas de la doctrina de Marx también exigen esa reconquista del suelo por la sociedad, pero no la limitan al suelo, la extienden a todos los medios de producción sean cuales fueren. Al margen de esto, existe otra diferencia. ¿Qué se debe hacer con el suelo? Los socialistas modernos, representados por Marx, demandan que sea conservado y trabajado en común para el beneficio común; exigen lo mismo en cuanto a los demás medios de producción social, minas, ferrocarriles, fábricas, etcétera. Henry George se conformaría con arrendarlo individualmente como se hace hoy día, regulando su distribución y vendiéndolo para servicios públicos en vez de, como en el presente, para fines privados. Lo que demandan los socialistas implica una revolución total de todo el sistema de producción social. Lo que demanda Henry George deja intacto el presente modo de producción social y ha sido preconizado, por otra parte, hace años, por los más avanzados economistas burgueses de la escuela ricardiana, los cuales también exigían la confiscación de la renta territorial por el estado. Evidentemente, sería injusto suponer que Henry George ha dicho, de una vez por todas, su última palabra. Pero me veo obligado a interpretar su teoría tal como la encuentro…”

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lunes, 24 de diciembre de 2018

24 diciembre / 2018



¿Por qué se va Merkel?

Rafael Poch


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En 1939 ya lo decía “el indignado” Bertrand Russell


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2018 / Diario

“Sabemos muy bien que todo mensaje (y la obra literaria lo es) comprende por lo menos un plano de la expresión, o de los significantes, y un plano del contenido, o de los significados; la conjunción de estos dos planos forma el signo (o conjunto de signos).”

(R. Barthes, “El análisis retórico”) 



El ‘fake’ realmente existente.

Hay realidades que no caben en la realidad oficial o institucional, digo la ‘Realmente existente’. Son realidades que brillan por su ausencia en todas las pantallas gubernamentales, y también en las alternativas dentro de un orden, y lo mismo ocurre con las camufladas como no-gubernamentales y con las marginales ‘realmente’ vinculadas, bien que bajo cuerda (y que así representan la pantomima existencial del poder y el contrapoder), al ‘Real’ orden establecido. 

Realidades pues a las que ‘Realmente’, o sea desde el Poder realmente existente (porque frente a la apariencia de ‘igualdad de oportunidades’, ¿quién tiene el poder ‘fáctico’ de imponer sus mentiras y  ‘borrar’ las circunstancias y  los hechos reales que las desmientan?), no se les permite ser, estar,  vivir: realidades que a todos los efectos ‘contantes y sonantes’ no existen (Véase la ‘sigilosa’ privatización de los ya escasísimos recursos de agua dulce) para el espectador entretenido, la audiencia hechizada, el rebaño domesticado, la masa embrutecida de la que formamos parte. Realidades que, de hecho, incluso acaban ignorando todos sus ‘reales’ protagonistas: aquellos que objetivamente forman parte inseparable de las causas y sus efectos, esos mismos ‘sujetos’ relacionados entre sí que los producen, los reproducen y los padecen… y vuelta a empezar el proceso de retroalimentaciones: causa que produce efecto, efecto que muta a causa y produce efecto que… Es el juego ‘constitucionalmente’ perfecto que, llegado el caso, permite ‘reglamentariamente’ violentar las propias y sacrosantas reglas para así combatir la, así llamada, violencia ‘Realmente’ ilegal del rencoroso enemigo de clase…

Lo que no existe y por lo tanto no resulta cognoscible, no se puede ‘conocer ni probar’, ni analizar ni, por lo tanto, llegar a valorar, apreciar o en su caso refutar y objetar. No se puede ponderar o poner en entredicho. De ahí quizás la permanente política del Poder consistente en desapariciones selectivas de las ‘realidades’ que, en la práctica, se muestran tan verdaderas como incómodas (la explotación, la opresión o la desigualdad estructural). 

Pero podemos comprobar que  sí se puede negar la ‘realidad’ que no interesa al Poder. Una manera de negar la ‘realidad auténtica’ (aunque ciertamente inexistente o ausente en los libros de texto y demás…), se da habitualmente con la desinteresada e inestimable ayuda de las clases productoras-consumidoras  de modo indirecto e inconsciente. O sea comulgando ‘como Dios manda’ con la ‘realidad-ficción’ elaborada para ellas por el Poder
(y cuyo ingrediente básico es el destructivo marketing consumista de las corporaciones), siempre adecuadamente manipulada, falseada, editada… y que violentamente (violencia legal ni contante ni sonante pero Realmente existente) la excluye y sustituye en el ‘escenario’ mediático de ‘lo Real’. Y así mismo constatar que en los textos del ‘relato dominante de la clase dominante’, y las imágenes, los audios, las pantallas y en consecuencia el decir conversacional del paisanaje letrado e iletrado, ocupa tramposamente su lugar. Que mediante eficacísimas falacias absolutamente verosímiles la disfraza (por ejemplo la explotación entre los hombres, las clases sociales, la expropiación por parte de la minoría rica de los recursos naturales, las divisiones de género, la raza y la etnicidad) hasta hacerla irreconocible e inofensiva, o que directamente y sin disimulos la mutila, la censura,  o la tapa y oculta sin más.

A veces la ‘realidad fabricada’ por el Poder, multiplica las voces que recitan el mismo y único discurso aunque, eso sí, lo hacen con distintos acentos, ropajes y máscaras. Se trata, además de grabar en profundidad las mentes de la audiencia con el discurso propio a instituir y normalizar, de no dejar hueco libre al ‘mensaje’ del enemigo de clase o, al mismo tiempo, para evitar que se abran peligrosas grietas en las propias filas y estructuras, debido a las tensiones y contradicciones internas, de todo punto inevitables, que surgen constantemente entre los diversos centros emisores (Centros de producción y difusión de fetichismos varios).




Y como de costumbre, con Marx hemos topado.

Marx acude a la figura del ‘fetichismo’: un hechizo, algo emparentado con la superstición y la magia y que remite a la idea de un dios oculto en la intimidad de la mercancía. 

Y de los fabricantes de la ‘Realidad’ vía ‘fetiches’ observemos y analicemos el ‘fetichismo’ de la cultura y, en paralelo, el ‘fetichismo’ de los códigos. En el ámbito cultural, la cultura de élite es vecina (roces, frotamientos, masajes) de la cultura de masas, como la vanguardia de la tradición, y la vecindad conlleva códigos (código: colección cerrada de signos) diferentes situados en un mismo momento. Debemos pues de aprender a relacionar los códigos (los fetiches) con la sociedad y la historia que los producen. Podría decirse, que el ‘fetichismo’ es esencialmente un sistema de dominación poco costoso (por lo general moderado generador de entropía). Pero lo contrario también es cierto (ahí le duele el análisis concreto de la situación concreta). El ‘fetiche’ cumple funciones que, en casos determinados, pueden quedar «comidas» por otras funciones que también cumple el mismo ‘fetiche’ (Véase la instrumentalización de los Evangelios a lo largo de la historia). Debemos comprender que la función de reificar y alienar no agota la obra, las posibilidades, de los  ‘fetichismos’ que nos emboban... 


ELOTRO

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