“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

jueves, 8 de noviembre de 2018

08 noviembre / 2018





¿De verdad el problema clave es el Tribunal Supremo?
Ángeles Maestro


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“ Merkel / Su aportación

La aportación de la merkeología a la política ha sido simplona, pero inequívocamente reaccionaria. Ahí está su concepto estrella: la marktkonforme demokratie, un cuadro en el que es la democracia la que se adapta al mercado y no al revés. De ahí a una limitada visión de mundo que conjuga el desmonte del Estado social con la competición en la globalización. Se trata de su 7/25/50: la Unión Europea representa el 7% de la población mundial, genera el 25% del PIB y responde del 50% del gasto social global, ergo para ser competitivos hay que recortar ese 50%...”



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La fake news del MUOS como ‎‎«maxi radar»‎
Manlio Dinucci


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2018 / Diario

Josep Fontana, “Por el bien del imperio”.

Italia y la CIA, 1948 


“La primera actuación importante de la CIA en Europa tuvo por objetivo las elecciones italianas de abril de 1948. El primer documento emitido por el NSC (NSC 1/1), el 14 de noviembre de 1947, advertía que el gobierno italiano «es débil  y se ve sujeto a continuos ataques por parte de un fuerte Partido Comunista», y recomendaba la ayuda a los demócrata-cristianos y un programa de propaganda y de guerra   psicológica contra los    comunistas, financiado con fondos ocultos, para lo cual se «lavaron» 10 millones de dólares de fondos capturados al Eje, puesto que aún no se    podía disponer de los de las contrapartidas en moneda italiana del Plan   Marshall. Estos fondos fueron a parar, a través de ciudadanos norteamericanos —que podían deducirlos de sus impuestos como donaciones altruistas— a organizaciones creadas por la CIA, que los transferían a su vez a los políticos de la Democracia Cristiana y a clérigos de la Acción Católica. «La práctica de la CIA de comprar elecciones con sacos de dinero—ha  escrito Weiner— se repetiría en Italia, y en otras muchas naciones, en los veinticinco años siguientes.»


La situación italiana era en realidad más compleja de lo que pensaba la CIA. Había malestar social, motivado por la situación económica, pero aunque esto sirviese para favorecer el arraigo del Partido Comunista italiano, este había fracasado en sus esfuerzos por mantener la unidad antifascista. La Democracia Cristiana, con De Gasperi al frente, optó por romper la alianza que había permitido establecer un gobierno con socialistas   y comunistas, y se dispuso a recuperar a antiguos funcionarios fascistas (incluso en la policía, de cuyas filas se eliminó  a resistentes y comunistas) y a dejar en vigor una parte de la legislación represiva del viejo régimen.


Lo que se necesitaba ahora era un triunfo electoral que liquidase la política del antifascismo y consolidase el viraje a la derecha de la DC, que contaba con un fuerte apoyo del Vaticano. Se dieron ayudas millonarias al primer ministro Alcide de Gasperi para que
financiase la campaña electoral de los demócrata-cristianos y para pagar en la prensa operaciones de propaganda y de intoxicación contra los comunistas, todo ello acompañado por el estímulo positivo de las ayudas del Plan Marshall y por la declaración explícita de que, si ganaba las elecciones el Frente democrático popular, en que participaban los comunistas, los Estados Unidos detendrían inmediatamente las ayudas económicas y el envío de alimentos. Se desviaron barcos cargados de trigo que se dirigían a América Latina para que lo  desembarcaran en Italia, donde era distribuido en camiones con la bandera   estadounidense   y en un «tren de la amistad», acompañados por políticos demócrata-cristianos, muchos de ellos  a sueldo de los Estados Unidos.


Una colaboración importante fue la de la Iglesia católica, que ha permitido decir que en 1947 «los Estados Unidos se habían embarcado en una guerra santa en alianza con el Vaticano», claramente manifestada en la correspondencia que mantuvieron
Truman y Pío XII. En julio de 1949 se publicó un decreto del Santo Oficio que excomulgaba a quienes defendieran la «doctrina comunista, materialista o anticristiana»; un gesto de firmeza que nunca empleó este mismo papa frente al fascismo y al nazismo.





Como medida de precaución especial se creó, de  acuerdo con los servicios secretos italianos, la organización Gladio, encargada de «defender a cualquier precio la libertad occidental contra el oscurantismo comunista».  Con financiación de la CIA se reclutó y entrenó a 600 agentes principales, que a su vez alistaron numerosos subagentes, y se establecieron hasta 132 depósitos de armas, algunos de ellos en los propios cuarteles de la policía, para poner en marcha, si los comunistas llegaban al poder, un «plan X» de actuación militar de contrainsurgencia. A esta organización, que seguiría existiendo por lo menos hasta 1990, se la supone ligada a     los más oscuros   episodios de la vida política italiana, incluyendo actuaciones terroristas desestabilizadoras.”


(Fragmento de: Josep Fontana. “Por el bien del imperio”)


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