“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

domingo, 26 de agosto de 2018

26 agosto / 2018





2018 / Diario


Conciencia social

Algunos caminos teóricos, bien que liberados del dogma establecido: ‘pensar como se debe’, convenientemente acompañados de algunas acciones (“Las ideas nunca pueden ejecutar nada, hacen falta los hombres que pongan en acción una fuerza práctica” / Marx) opuestas al rito establecido: ‘obedecer como se debe’; nos pueden ayudar (‘a averiguar la verdad del más acá’) a tomar conciencia (digo la percepción que alcanzamos de nueva conciencia –con carácter de clase, la que sea- dentro de una sociedad que ‘se nos descubre’ palmariamente dividida en clases con intereses antagónicos)  de ciertas características esenciales de ‘lo real’ (la realidad de los hechos, donde no es tan difícil constatar -si dejamos de practicar cierta autoenajenación- que, en base al vigente modo de producción capitalista y sus consecuentes relaciones sociales, la opresión y la explotación a que está sometida  la mayoría de la población, así como la avanzada destrucción del medio ambiente)   del mundo en el que vivimos y que, independientemente de nuestra voluntad nos limitan y determinan. 

Y si seguimos un poco más allá en ese concreto proceso de adquisición y conquista de la susodicha nueva conciencia, podemos llegar a percibir (ya participando de forma ‘consciente’ de las relaciones de antagonismo de clase: Capital / Trabajo) la eficacia de los mecanismos de fetichización, alienación y cosificación que que utiliza el poder y que sustentan, engrasan y nutren los engranajes de la explotación económica y el control ideológico que padece, en menor medida de manera consciente que inconsciente, la mayoría de la población trabajadora precisamente a manos de esa élite, tan poderosa como minoritaria y con bien ‘camuflados’ intereses antagónicos que, en la actual sociedad del global y todopoderoso capitalismo monopolista, necesariamente detenta la propiedad a nivel global de los recursos naturales y los medios de producción de lo material así como ejerce su totalitaria  hegemonía en el campo de lo cultural e ideológico.

Engels escribió que: “los reflejos de todas las luchas reales en el cerebro de los participantes; las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas no son otra cosa que elementos constitutivos de la conciencia social de los hombres”. O sea, que los reflejos de todas esas luchas reales –la acción práctica- en el cerebro de los participantes son los elementos constitutivos de una determinada ‘conciencia social’. Palabras que asocio en el mismo sentido ‘práctico’ con aquello de Rosa Luxemburgo: ‘ El que no se mueve no siente las cadenas’, o sea que sin la acción práctica (¿No tienen conciencia de la propia necesidad vital del movimiento?) resulta difícil ‘a la víctima’ adquirir conciencia de lo que ‘en la práctica’ la oprime y explota. 

‘La verdad a la que esa toma de conciencia (de clase) permite acceder es, como apuntaba Lukács, la de la totalidad de un sistema social, político y sobre todo económico… Esa conciencia de clase se vive subjetivamente, pero no es subjetiva. Es una conciencia, dirá Lukács, pero no un “estado de conciencia”, ni tampoco una suma o una media de lo que los miembros de una determinada colectividad piensan y sienten, sino otra cosa, que consiste en la comprensión de que se piensa y se siente en calidad y como consecuencia de la pertenencia a una clase social…” Por todo ello nos encontramos con clases sociales que luchan entre sí en defensa de sus antagónicos intereses materiales (¡y tomar conciencia de la paradójica labor de la clase obrera que, dentro de las relaciones de producción capitalista, engendra la riqueza ajena y la pobreza propia!)  y que, en consecuencia, poseen e implementan  conciencias de clase igualmente enfrentadas.


Valle-Inclán  de Alfonso XIII: 
“Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón"


Y mucha menos ‘conciencia de clase’ existe de la ‘desinformación’ con que nos alimentan, confunden y engañan, y que nos hace, como decía aquél, amar al verdugo y odiar a la víctima… ¿cosas del sobrevalorado sentimentalismo?... y una mierda… cosas de la, según ‘ellos’, ‘inexistente’ hegemonía ideológica dominante… la mismita que, ¡qué curiosa coincidencia!, que desde su no-existencia defiende a sangre y fuego los intereses criminales de la, según ‘ellos’, ‘filantrópica y caritativa’ clase dominante. Procuren si no informarse con un poco de rigor y detalle –adquieran así nueva conciencia de clase  basada en la realidad de los hechos-, aunque sea a toro pasado, algo aunque reciente ya considerado ‘periodo histórico’, y a ser posible abunden, por supuesto que con sentido crítico, en los llamados medios alternativos, acerca de lo que realmente ‘justificó’ -¡menuda pericia se gastan en fabricar coartadas humanitarias! ¡USA tiene 800 bases militares estratégicamente distribuidas por todo el mundo para defender la democracia sin demora, in situ!- ante la ‘empantallada y masivamente idiotizada’ audiencia mediática, la, en todos los sentidos, criminal intervención, por poner un solo ejemplo, del Imperio USA y las serviciales  y no menos rufianes potencias occidentales –lo del por entonces joven Macron y el negociete que hizo para la Banca Rothschild es muy ilustrativo, no se queden en las torturas y violaciones…- , en la Libia de Gadafi. Luego, si eso, ya comentamos las jugadas más interesantes, el factor campo y las pifias del árbitro…). 

El conocimiento histórico oficial, lo que negro sobre blanco ‘queda y se transmite’ de los ‘hechos reales’ del pasado, es algo que está asimismo condicionado socialmente, y esa versión de la ‘historia’, como dentro de su compleja dialéctica cualquier otra, tiene un carácter de clase (“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”/ Marx), pues la historia nace como una actividad de la conciencia de los hombres y forma su conciencia también. En versión de Marx se conoce como “el ser consciente”, es decir el desarrollo o proceso de la vida real de los hombres.

Y ahora estimado lector, hemos llegado al lamentable momento de la tan temida como inevitable batallita del abuelo (la desveladora acción práctica en un pasado remoto, remotísimo). Y es que uno se cae del guindo y ‘toma conciencia’, donde y cuando menos se lo espera. Año 1976/1977. Negociación del Convenio y Huelga del transporte de mercancías en Madrid. Por entonces y como en todos los gremios y sectores CCOO es el sindicato, por aquellos días totalmente controlado por el PCE, mejor organizado,  dominante y mayoritario (unos 5000 afiliados en el sector del transportes de mercancías); mientras que los ‘fantasmales’ UGT y USO no juntaban más de cien afiliados, eso sí, en evidente paradero desconocido –durante el transcurso de la Huelga sólo pude conocer a un miembro de UGT y a otro de la USO, que trabajaba en Renfe y que acabó afiliado a la CSUT, y eso porque ambos formaban parte de la ‘demasiado representativa mesa de negociación’- y el SU de la ORT, a falta de otra cosa, dedicaba a sus dos docenas de abnegados y polivalentes taxistas, único sector donde sí eran el sindicato mayoritario en Madrid, a regalar indiscriminadamente carnets durante las asambleas en las que no perdían el tiempo en participar. La CSUT, sindicato vinculado al PTE, tenía por su parte unos quinientos afiliados en el sector de mercancías –de los cuales no más de una docena, entre ellos quien esto escribe, militaban en el partido-, afiliados muy reivindicativos y muy pero que muy cabreados y con muchas y compréndase que atrasadas, ganas de pelea contra la muy mafiosa y franquista patronal del sector (no olvidar que por esas fechas fueron miembros de extrema derecha pertenecientes al Sindicato Vertical del transporte privado, los que asesinaron a los abogados de CCOO-PCE en el despacho de Atocha).
El caso es que la negoción del primer convenio al margen del Sindicato Vertical y en un convulso periodo de semi-libertad sindical y política coincidió con la negociación (el PCE fue legalizado en abril de 1977 y los Pactos de la Moncloa fueron firmados el 25 de octubre del mismo año) ‘en las alturas’ de los Pactos de la Moncloa.  Con dichos ‘Pactos’ los poderes fácticos franquistas consiguieron, a cambio de la legalización del PCE, que Carrillo garantizara la paz social ante las medidas de estabilización económica que frenarían la galopante inflación y prepararían el terreno para la transición democrática en lo político  y neoliberal en lo económico. En el campo sindical Carrillo, que ya contaba con la parte del león del reparto del patrimonio del Sindicato Vertical, aceptó ‘dar tiempo’ (la UGT, aún ilegal, fue el primer sindicato al que los poderes fácticos permitieron celebrar un congreso y repartir carnets)  a que los marcos alemanes sembraran de ‘casas del pueblo’ el territorio peninsular e insular para que brotaran, tras cuarenta años de vacaciones políticas y sindicales, las flores socialistas y ugetistas. La UGT incluso hizo el paripé de no firmar, en primera instancia, los Pactos de la Moncloa. Y fue por el cumplimiento estricto de los recortes salariales que imponían estos acuerdos por los que CCOO acabó con el culo al aire frente a los trabajadores del sector, algunos desde la CSUT, la CNT y el SU soplamos las faldas, y en una memorable noche de asamblea con miles de participantes se hicieron añicos miles de carnets de CCOO y se aprobó una propuesta de convenio que superaba un 5% el tope impuesto por  el bloque pre-constitucional UCD-PCE-PSOE. La cosa acabó en victoria, la patronal firmó porque la huelga general del sector le costaba mil veces más que aquél ridículo aumento salarial. La noticia que dio ‘El País’ del conflicto sindical fue una copia literal de un comunicado ‘desinformativo’ emitido por CCOO. Eso fue lo que ‘quedó’ blanco sobre negro, esa versión ‘clasista’ de lo sucedido, que a unos nos hizo caer del guindo y  otros utilizan para envenenar las ‘conciencias venideras’. El que esto escribe fue despedido quince días después, el primero de una larga lista de gente que se 'señaló', y no tuvo siquiera la oportunidad de cobrar una sola nómina con la subida salarial tan duramente conquistada.  El abogado del sindicato al menos consiguió que pudiera cobrar el paro. El abogado de la empresa, que tenía la sede central en Bilbao, era un tipo sonriente con un habano en la mano que me saludó efusivamente antes de salir pitando... supongo que iba a visitar a su amigo el notario en la sede de Fuerza Nueva. Se llamaba Fernando Vizcaíno Casas y se las daba de periodista y cagatintas profético. Por entonces y hasta mediados de los años ochenta él solo vendía más libros que todos los escritores 'rojos' juntos. Editorial Planeta dixit; valga como excusa. 


“Mis esfuerzos me han agotado; me voy a la cama. Quien tenga ganas que intente comprender algo de esta historia.”
(Robert Walser)



ELOTRO

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