“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

domingo, 19 de agosto de 2018

19 agosto / 2018




La vida secreta de los chacales. Farsa y ocultación de las biografías de torturadores


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2018 / Diario

(Apuntes)


“Ahora sé que estas ‘notas de diario’ no cuentan por sus descubrimientos explícitos sino por las rendijas que abren…”
(Cesare Pavese)




Sartre sobre Camus: Al hacernos el honor de participar usted en este número de ‘Les Temps Modernes’, se trae usted consigo un pedestal portátil…  (…) …usted está muy lejos de parecerse a San Vicente de Paul o a una "hermanita" de los pobres. ¿Hermano de ellos? No. Usted es un abogado que dice "Son mis hermanos", porque este es el término que tiene mayores posibilidades de hacer llorar al jurado. Créame, he oído demasiados discursos paternales: acepte que desconfíe de estos fraternalismos. Y la miseria no le ha encomendado nada a usted.”

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Paul Ricoeur: Los signos son ahora elocuentes: Occidente ha entrado en una revolución cultural que es su propia revolución, la revolución de las sociedades industriales avanzadas, aun si tiene préstamos o ecos de la revolución china. Es una revolución cultural porque cuestiona la visión del mundo, la concepción de la vida, subyacentes en la economía, en la política y en el conjunto de las relaciones humanas.
Esta revolución ataca al capitalismo, no sólo porque éste no ha logrado cumplir la justicia social, sino porque ha logrado seducir muy bien a los hombres con su proyecto inhumano de un bienestar cuantitativo. Ataca a la burocracia, no sólo porque ésta es pesada e ineficaz, sino porque pone a los hombres en posición de esclavos frente al conjunto de los poderes, de las estructuras y de las relaciones jerárquicas que se han vuelto extranjeras para ellos. Ataca el nihilismo de una sociedad que, como un tejido cancerígeno, sólo tiene como fin su propio crecimiento. Frente a una sociedad sin sentido, trata de priorizar la creación de bienes, de ideas y de valores, por sobre su consumo. La empresa es gigantesca; tomará años, decenios, un siglo…
Este es el discurso que debe sostener cualquiera que aborde hoy la reforma de una institución tan particular como es la universidad. Toda tentativa para refundar la institución está sometida a una suerte de tensión entre, por una parte, un proyecto reformista regulado por lo posible y lo razonable y, por otra parte, un proyecto revolucionario total e inagotable. En esta situación poco confortable, deben evitarse dos errores simétricos que tienen en común la misma convicción, errónea y mortal, según la cual se tendría que escoger entre la reforma y la revolución. Los reformistas estarán tentados en edificar estructuras tan rígidas como las precedentes, destinadas a captar la energía de los revolucionarios y a romperla ahí donde resiste. Los revolucionarios puros querrán recusar toda institución, donde verán una trampa y un intento de “recuperación”, y tratarán de impedir su funcionamiento regular. A unos y a otros debemos decirles esto: hemos entrado en un tiempo en el que hay que hacer reformas, pero en el que debemos seguir siendo revolucionarios.

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La ética según Ricœur.

"¿Deberíamos hacer una distinción entre moral y ética? A decir verdad, nada en la etimología o en la historia del uso de las palabras lo impone: una proviene del latín, la otra del griego antiguo, y las dos vuelven a la idea de las costumbres (ethos, mores). Sin embargo, se puede discernir si el énfasis está en lo que se considera bueno o lo que es obligatorio. Es por convención que reservaré el término "ética" al propósito de una vida realizada bajo el signo de las acciones consideradas buenas, y el de "moral" para el lado obligatorio, marcado por normas, obligaciones, prohibiciones caracterizadas por un requisito de universalidad y un efecto de restricción. En la distinción entre el objetivo de la vida buena y la obediencia a las normas, es fácil reconocer la oposición entre dos herencias: la herencia aristotélica, donde la ética se caracteriza por su perspectiva teleológica (de telos, que significa "fin"); y una herencia kantiana, donde la moralidad se define por el carácter obligatorio de la norma, y por lo tanto desde un punto de vista deontológico (significando deontológico precisamente "deber")."

(Paul Ricoeur, ‘Uno mismo como cualquier otro’, séptimo estudio, 1990)

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Corneluis Castoriadis: “Es preciso adaptar la máquina al hombre y no el hombre a la máquina. Ello nos conduce inevitablemente al repudio de las características fundamentales de la tecnología actual, repudio que también exigen los cambios radicales en la naturaleza de los productos finales de la industria. A la máquina de hoy día corresponde la baratija de hoy día, y esta baratija precisa de ese determinado tipo de máquina. Ambas implican y tienden a reproducir un determinado tipo de hombre.”

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1 comentario:

  1. Magnífico Corneluis Castoriadis, admiro su integridad y su reflexión constante. Sobre las máquinas albergo cierta desconfianza, puede que acaben formando una nueva liturgia y al final permanezcan como los sacerdotes, curas o capellanes que a pesar de los cambios y las revoluciones, permanecen, permanecen y permanecen.
    Salud

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