“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

lunes, 6 de agosto de 2018

06 agosto / 2018



La presidencia de Francia y el «Gladio B»
Thierry Meyssan



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La guerra secreta en España
Daniele Ganser


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2018 / Diario

“…el más vanidoso de todos es el que quiere dar a entender que no lo es.”
(Robert Walser)


“Me gusta ver actividad a mi alrededor. En cuanto me vuelvo perezoso, me pongo triste y malhumorado. Entonces pienso, y el pensar sin ton ni son entristece. Lástima que no tenga más quehacer, me encantaría estar totalmente absorbido por el trabajo. En general debo estar siempre muy atareado, pues de lo contrario empiezo a sublevarme. Tú me entiendes, ¿verdad?”
(Robert Walser)

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“Le reprochan a Luder no separarse de una amiga que lo atormenta.
—No puedo. A fuerza de padecerlo nuestro infierno personal se nos vuelve imprescindible.”

(Julio Ramón Ribeyro)

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“Por su parte, ¿qué sería de la Vanguardia sino fuera por los lugares en que ésta puede practicar periódicamente sus piruetas?. Jean Baudrillard se ha referido al Centro Georges Pompidou de París como un monumento a la «disuasión cultural», que se levanta «sobre un escenario museal que sólo sirve para salvar la ficción humanista de la cultura».”
(Manuel Delgado)

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“Poco a poco fui descubriendo su influencia en la literatura del siglo XX; tanto Joyce como Kafka son hijos de Carroll en alguna medida. Sobre todo, Joyce. Y, además, Carroll es el creador del retrato fotográfico. Es el que independiza la fotografía de la pintura. Los primeros retratos fotográficos eran cuadros. Planteaban imitar el gran arte. Y Carroll es el primero que se da cuenta de que es un lenguaje propio con sus recursos específicos y que no tiene por qué ser subsidiario o someterse de manera servil a los dictados de la pintura, sino que tiene que crear su propia estética y su propio lenguaje y hace unos retratos magníficos —muchos han desaparecido—. Vi en Bolonia, mi ciudad natal, una exposición de fotografías de Carroll que no sé de dónde las sacaron, porque no las he vuelto a ver en ningún sitio.
(…)
Reconoces que no eres muy buen jugador de ajedrez, sino que lo que te gusta es hacer cosas alrededor del ajedrez.
Sí. Luego le dediqué más tiempo del necesario al ajedrez. Incluso llego a decir de forma autocrítica, no sé si en ese libro o en el de las Mil puertas, que jugar bien al ajedrez suele ser un signo de inteligencia y jugar muy bien suele ser un signo de estupidez. Hay que ser un necio o estar loco para dedicarle a ese juego el tiempo y el esfuerzo que requiere llegar a dominarlo, porque es un juego al fin y al cabo muy limitado. Solo para aprender la teoría de aperturas, que está estudiada desde el siglo XV…

Y con eso ya…
Ese es un requisito básico. Si no dominas las aperturas, cualquier jugador mediocre que sí las conozca en las cinco o diez primeras jugadas saca una ventaja posicional que luego, aunque seas mejor que él, no superas.
(…)
¿Te han censurado alguna vez? ¿Hay libros que no hayas podido publicar en España?
Hay algunos que no he podido publicar en España. Uno es Las islas desventuradas, que es esa historia en la que los católicos ortodoxos cazadores de herejes son los malos, y es en la que aparecen Raymond Smullyan y Martin Gardner como personajes. Otro libro es Abdicación… La censura muchas veces no es directa, Alfaguara seguramente podría haber publicado Las islas desventuradas o Abdicación, pero como tienen en cuenta si esos libros van a ser aceptados por colegios religiosos… En volumen de ventas suelen tener más poder adquisitivo los colegios religiosos que los no religiosos. Suelen ser privados, los niños son más ricos, se pueden gastar más dinero y las editoriales lo tienen en cuenta. De hecho, todas las editoriales de literatura infantil antes eran religiosas porque eran también las que hacían los libros de texto. Y aunque la editorial sea laica, hay temas que directamente no puedes tocar, esa es la censura.”

(Carlo Frabetti)


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