“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

miércoles, 11 de julio de 2018

11 julio / 2018




Sí, son ellos, el que se lo debe al criminal Franco y el matón de los drones.



2018 / Diario


Revista de Prensa: Hoy ‘El País (r)’, diario dependiente de Langley.

“El Rey acompaña a Obama en una visita privada al Museo Reina Sofía”
El expresidente de EEUU se ha detenido especialmente ante el 'Guernica' de Pablo Picasso.

Como recordará mi improbable fiel lector o lectora, servidora dio cumplida noticia de que curró de vigilante de sala durante cuatro meses (¡panoli, chúpate ese contrato basura con salario de mierda!) el año pasado, 2017, en el Museo Reina Sofía. Y quizás la o él improbable no haya olvidado que justo por esas fechas se celebró una gran exposición sobre el Guernica de Picasso, como anoté puntualmente en este impuntual diario-digital, aprovechando el 80 cumpleaños de la obra picassiana encargada y pagada a precio de oro por el Gobierno de la República y su primera exposición pública (en el pabellón, diseñado por el catalán Josep Lluís Sert, de la por entonces España republicana, en lo que fue el primer año de guerra contra el fascismo español e italiano y el nazismo alemán, en la Feria de París-1937).

El caso es que aquella exposición también la inauguró el mismo Rey realmente existente, y que lo es gracias al dedazo del criminal dictador golpista (el mismo que ordenó el bombardeo de Guernica por la aviación nazi), que impuso a su papá, y herederos, en el trono de la FRANCOCRACIA.

Recuerdo varios detalles muy ilustrativos de cómo se manipula y falsea la historia, y no sólo la del arte. Para empezar y en la primera sala del recorrido se eliminó la bandera republicana que figuraba, desde hacía varios años, en la maqueta que reproducía a escala el pabellón de España, obra como ya he señalado del arquitecto Sert, buen amigo de Picasso y Miró. Resultaba patético ver aquel mástil desnudo, que quizá por olvido del censor no fue suprimido, que gritaba pese a su burda mutilación la miserable desnudez del ‘joven y preparao’ monarca (¡Toda la felonía al descubierto!).






Pero la auténtica operación de falseamiento histórico que avaló aquella exposición es la que sobre todo desde los años sesenta del siglo pasado viene soportando el famoso cuadro y su no menos famoso autor, dirigida en origen y en plena 'Guerra Fría' por el Rockefeller de turno desde su puesto de mando en el MOMA y en el gobierno en la sombra de la Trilateral, o como la bautizaran por entonces.

El director del MOMA llegó a convocar un congreso de ‘expertos’ para fijar ¡de una vez por todas! la significación política (invirtiendo por completo la realidad y decretando a continuación, una vez borrado el contexto histórico, su ‘moralista’ despolitización)  de una obra como GUERNICA de Picasso. Y fue precisamente la ‘autoridad de esos muy bien seleccionados expertos’ la que barrió o en todo caso ninguneó todas las pruebas documentales que situaban el verdadero y concreto contexto histórico y además ‘explicaban’ tanto el origen del encargo por parte del gobierno legítimo de la República española como todo el proceso de creación y realización de la famosa obra por parte del autor malagueño. Los ‘expertos mercenarios’ convocados y generosamente subvencionados por Rockefeller vía MOMA, no libraron del muy interesado ‘ninguneo’ ni siquiera al mismísimo Picasso (¡que sabía ese tal Pablo sobre lo que había pintado y cómo y por qué lo había pintado!, y al que por cierto la CIA tenía fichado y discretamente vigilado y calificaba en sus informes como ‘peligroso comunista’, como a Chaplin)  y sus muy diversas y ampliamente documentadas declaraciones sobre la génesis y realización de su obra más famosa.  Y por cierto, GUERNICA fue, en su momento, el cuadro más caro que hasta entonces había vendido Picasso (por entonces nombrado director del Museo del Prado). Lo que no quita que el pintor donase durante los años posteriores al triunfo de los militares golpistas tanto aportaciones de dinero como obras de arte, ediciones especiales de grabados antifranquistas, en apoyo del gobierno de la República española en el exilio.

Del mismo modo se trató de ocultar las auténticas razones que llevaron a Picasso a finales de los años cincuenta a ‘acordar’ la entrega en custodia al MOMA del GUERNICA hasta la existencia de un verdadero gobierno democrático en España, que lamentablemente él, fallecido en 1973, no pudo ver. Picasso accedió a ese acuerdo de sesión cuando fue informado de las gestiones del ilegítimo gobierno franquista ante las autoridades americanas reclamando la ‘legítima propiedad’ de la obra. Los acuerdos secretos, pero evidentes, del gobierno americano con Franco, sobre las bases militares yanquis en España y la normalización de relaciones en el marco de la ONU, de los que fue informado Picasso le convencieron para firmar urgentemente el acuerdo de sesión al MOMA, como mal menor (la larga gira del GUERNICA por medio mundo y el deterioro causado en el cuadro también recomendaba su tranquila estancia en un museo que garantizaba su conveniente restauración y consiguiente conservación).



Y resultó curioso que a finales de los años sesenta, y provocado directamente por las criminales matanzas yanquis en Vietnam (los matanza de niños y bebés en My Lai, etc…),  que quizás por última vez fueron libremente documentadas, bien que sólo en parte, por la prensa y televisión norteamericanas, hubo una reacción de sincera repulsa, atendiendo al imperativo de honradez intelectual, contra el gobierno por parte de artistas e intelectuales americanos cuyo epicentro se situó precisamente en el MOMA, utilizando de nuevo el GUERNICA como bandera contra el genocidio de la indefensa población civil.  La mayoría de directivos y empleados del museo neoyorquino de arte contemporáneo apoyó una campaña que pedía a Picasso, (se le enviaron numerosas cartas personales y colectivas firmadas por centenares de prestigiosos intelectuales y empleados del museo), la retirada del GUERNICA de las salas del museo en protesta por los crímenes de genocidio cometidos en Vietnam por su propio gobierno, tan execrables como los crímenes fascistas que la obra de Picasso denunció en su día.

Cuando el todopoderoso Rockefeller tuvo noticia de lo que estaba ocurriendo ‘en su propio museo, o sea, ante sus propias narices’, ¡saltó el chorbo como si le estuvieran mordiendo las nalgas!, y no sólo montó en cólera contra aquel rebaño de sirvientes ‘acarajotaos’ que estaba poniendo en peligro su muy lucrativo negociete de suministro de miles de toneladas de napalm al Pentágono (¿No era como para perder la paciencia?) con destino Vietnam, sino que no tardó mucho en contraatacar (¡Como gustéis, imbéciles!) en todos los frentes y con todos los medios, todos-todos de verdad, de que disponía.     

En primer lugar les dio con su brillante labia un repaso curiosito, en realidad una auténtica traca de chorradas patrioteras, a los directivos del museo implicados en lo que el menda lerenda denominaba la ‘operación antinorteamericana’ recordándoles de paso quien firmaba los cheques que les permitía a todos ellos vivir como Dios o casi. Y a continuación hizo ver qué poquito le costaría, ¡daba miedo verlo berrear en el despacho!, al susodicho abajo firmante, enviar a todos ellos, previa estigmatización vitalicia ideológica y política,  directamente al infierno del paro, el hambre y, en el mejor de los casos, la inexistencia ‘social’. La cosa surtió un efecto inmediato y pronto el terror inundó todas las cabecitas que curraban en el MOMA.

Pero quedaban algunos artistas e intelectuales no directamente asalariados del tal Rockefeller, indirectamente es mucho suponer, que apostaron por seguir con el proyecto de hacer llegar a Picasso sus cartas petitorias sobre la retirada del GUERNICA de las salas del MOMA. Poco tardó la CIA en pinchar los teléfonos de los cabecillas y montar un operativo que impidiera que tal petición llegara a manos de Picasso. Y consiguió la colaboración del hombre de confianza de Picasso que iba a recibir en sus propias manos las misivas para entregarlas personalmente al artista. El elemento en cuestión era un prestigioso experto en arte y escritor de culto que atiende por Michel Leiris y que fue quien traicionó toda la operación impidiendo que el octogenario Picasso llegase a tener noticia no sólo de las cartas petitorias sino de cualquier otro aspecto del asunto. El tal Leiris, por cierto yerno del único marchante con el visto bueno de Picasso, Kahnweiler,  fue un traidor entusiasta desde el momento en que Rockefeller, que no solía tirarse faroles, amenazó con hacer bajar de forma drástica la cotización internacional de las obras del artista malagueño. Y no se habló más del asunto. El GUERNICA ha quedado como un cuadro contra la barbarie de la guerra, cualquier guerra, menos las que lleva a cabo USA, off course. 

ELOTRO


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