“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

miércoles, 13 de junio de 2018

13 junio / 2018



Estados Unidos y la Unión Europea riñen 
pero están juntos contra Rusia y China
Manlio Dinucci


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2018 / Diario



Citas ‘enhebradas’ de Manuel Sacristán:


“En la universidad hay que ir poniendo, como en los bares, el ‘Reservado el derecho de admisión”
(Fabián Estapé en 1971)


La fragmentación de la ‘universidad’ transformándola en ‘multiversidad’, o sea, haciéndola pedazos en función de las conveniencias mercantiles, fue un fenómeno que ocurrió en USA antes que en ninguna otra parte. Se potencia una cultura fragmentada destinada a formar sujetos a base de conocimientos fragmentarios. La disgregación de la cultura moderna en el capitalismo maduro que, junto a muy pocos, Ortega y Gasset supo ver.

La universidad, que como cualquier otra institución del Estado, funciona en el ámbito político como aparato de represión ideológica (desde el punto de vista revolucionario se trata de abolir/superar las instituciones del Estado burgués, no de mejorarlas. Sin olvidar que lo nuevo nace de lo viejo y en lo viejo). La cultura del capitalismo imperialista dispone de poderosas técnicas inhibidoras de la autoconsciencia de los explotados y oprimidos, de los productores de plusvalía.

Un dato curioso por lo ilustrativo: La institución universitaria no ha sido abolida más que una vez; lo fue por la burguesía revolucionaria francesa, que vio en la universidad una fortaleza de la hegemonía clérico-feudal.

Por parte del capital se trata de reprimir los intentos de subversión de los órdenes jerárquicos de dominio (como ejemplo de subversión intolerable: conseguir que las desigualdades entre los individuos no se deban a la ‘organización social’ dada). Labor que realizan con gran entusiasmo esos caballeros letrados confortablemente instalados en esta sociedad. Quizás sirva de ejemplo uno de los fenómenos más perversos de la cultura capitalista: el carácter parasitario de una buena parte de la ‘investigación’ científico-experimental, determinada por la necesidad de ‘publicar’ para ganar cátedras, becas, honores en la carrera universitaria. “Hay élite donde existe ‘masa’ tenida en incapacidad” escribió Leo Kofler.


“La suma de ruindades que conlleva un éxito de esa magnitud”
(‘Che’ Guevara)


Sólo en el siglo XX se hace del todo visible la diferencia entre los intelectuales de tipo tradicional (literatos, ‘mandarines’ en general…) y los intelectuales de la producción (los científicos, técnicos, administradores, enseñantes…) La división entre trabajo físico/trabajo intelectual (jerárquica, física, coactiva), se desarrolla en la manufactura, que mutila al trabajador para hacer de él un obrero parcial. Y se consuma en la gran industria, que separa del trabajo la ciencia como autónoma potencia de producción y la pone al servicio del capital.


La universidad produce hegemonía mediante la formación de una élite y la formulación de criterios de cultura, comportamiento, distinción, prestigio, etc… La hegemonía organiza la interiorización del poder sobre los hombres, todo lo que ayuda a perpetuar el sistema. Toda ciencia y toda técnica llevan un coeficiente de clase determinado por la formación económico-social que las contiene y determina. La estrategia capitalista tiende a reforzar la jerarquía ya en la misma titulación, fortaleciendo más el prestigio ideológico del principio jerárquico: masters, grados y demás… es una carrera de lobos, a la cima solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.


(…)

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