“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 12 de mayo de 2018

12 mayo / 2018



“Aquí vives en el cerebro del monstruo, es aquí donde tienes que luchar”, le dijo el Che Guevara a un joven Jean Ziegler en Ginebra (Suiza) cuando, tras la Conferencia Mundial sobre el Azúcar en 1964, mostró su voluntad de acompañarlo a hacer la guerra de guerrillas que extendiera la revolución por el mundo. Amigo del revolucionario y del presidente de Burkina Faso Thomas Sankara, asesinado en 1987, defiende la rabiosa actualidad del “Discurso sobre la deuda” pronunciado por este poco antes de ser asesinado tras un golpe de Estado.


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2018 / Diario

En sus ‘Cuadernos de la cárcel’, en su mayoría compuestos de breves recordatorios escritos a vuelapluma y textos extremadamente sintéticos, habla Gramsci de “aquellos que querrían mantener siempre a los hombres en la cuna”. O sea, que probablemente se refiera a esos mismos ‘detentadores del saber’ que, “no yéndoles nada en ello”, nutren y administran la hegemonía ideológica y cultural que, mire usted por donde, a su vez sustenta, ¡y de qué modo!, el orden ‘consagrado’.

Pero la ‘estratégica’ tarea no debe de resultar fácil, ya que  requiere de una dedicación sin tregua a la lucha ideológica contra los minoritarios pero muy enconados enemigos que, parapetándose detrás de supuestos ‘pensamientos críticos alternativos’, pretenden sin embargo erosionar y subvertir los vigentes paradigmas ideológicos (esos que acostumbran a la plebe a resignarse, a refrenar los impulsos), o sea, las bases morales y culturales que cimientan la civilizada convivencia en nuestra culta, pacífica y democrática sociedad capitalista (para Gramsci la ‘práctica’ integra todos los planos del pensamiento y todos los planos de la conducta).

“¿De qué modo pensáis reducir a claridad el caos de mi confusión?”

Pensando quizás en ese ‘hombre mentalmente encunado’, se elaboran minuciosamente las normas de instrucción (nada que ver con las llamadas ‘orejeras ideológicas’ que sí que portan, aunque bien camufladas con charlatanería, los fanáticos del dogma marxista) que, convenientemente adaptadas a la tipología del ‘alumno’, deberán regir (una vez reducida a claridad el caos de su confusión originaria) el posterior ‘buen funcionamiento’ de sus mecanismos empíricos. Es decir, de su ‘correcta’ conducta social (comportamiento nada dialéctico ni progresista, sino más bien mecánico en su obediencia y prudentemente conservador y retrógrado en su buena conciencia, porque, ¿acaso los que no están cómodos en esta sociedad tienen derecho a molestar a los que la gozan?).

Y aunque quizás el leyente más pintado piense que no venga a cuento, quiero dejar constancia aquí de algo que acabo de leer y que aseguraría que una de cada mil veces, a los encunados se nos pasa por alto:

“El 60% del gasto militar en España es secreto”

Claro que, como cantaba aquél 'Cuervo Ingenuo' refiriéndose sin mentarlo al Pentágono, ‘gringo ser muy absorbente’.


ELOTRO (desde la cuna del hambre, donde toda incomodidad tiene su asiento)


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