“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

viernes, 4 de mayo de 2018

03 abril / 2018


‘Posmodernidad y globalización’
Entrevista a Fredric Jameson


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2018/ Diario



“El sentido de las palabras se hundía en su entendimiento con la lentitud de una piedra en un agua demasiado espesa”
(Roberto Arlt)



A veces, esos mismos a los que no hay manera de hacerles ver que no es la manzana la que ha producido al manzano, te excomulgan a la primera de cambio. Y todo por haber utilizado palabras por y con su significado original, pero que ahora por lo visto y oído ‘a posteriori’,  resultan palabras que el tiempo, al que siempre cuelgan el mochuelo porque nunca protesta, ha desgastado, como una moneda que pasa de mano en mano, que dicen los finolis que precisamente no las ‘gastan’.

Claro que cuando, perdonen de nuevo el eufemismo, a nivel de calle, y conste que en la metafórica rúa incluyo tanto al mayoritario vulgo inculto como a las élites tecnológicamente atontadas que poseen ciencia y doctrina zapeadora, se ha impuesto de hecho a ciertas palabras ‘un nuevo significado’ (¿qué palabras? Sírvase usted mismo…), resulta muy complicado, digo si no posees ‘medios masivos’ de difusión, recuperar las dichosas palabras cargadas con sus significados originarios.

Hablando de cegueras ridículas, a veces ocurre que el ‘nuevo significado’ en pleno uso de una palabra resulta ser el diametralmente opuesto al ‘significado original’ en constatable y lamentable desuso (en los medios masivos de producción y difusión). En estos casos la cosa equívoca se simplifica si procedemos a  contextualizar tales palabras, o sea, acompañándolas de referencias y datos documentales que les den sentido histórico y, de camino, fijen en el lector el significado concreto que, ‘voluntaristamente’, pretendía el autor. Y al mismo tiempo se consigue así, hablo de lectores críticos por cuenta propia, desautorizar literalmente las ‘teledirigidas’ elucubraciones del tan mayoritario como grosero sentido común.

En otras ocasiones la implantación del ‘nuevo significado’, es claro que por ‘mano’ de los que pueden imponer e imponen en el campo del lenguaje y la comunicación (no se confundan, nada que ver con la anacrónica RAE), obedece simplemente a la intención de enmascarar, neutralizar o anular aquellos significados originales que a ‘ellos’, los amos del relato hegemónico, les resultan incómodos o, lo que viene a ser lo mismo, directamente perjudiciales para sus intereses.

“-Pues yo no veo tal cosa.
-Claro, con su sueldo es lógico”
(Roberto Arlt)

Con la burda manipulación de las palabras y sus significados, cualquiera puede comprobar que no siempre son sutiles, nos insultan y todavía les sonreímos tímidamente, como si los emisores tramposos nos hicieran un favor a los receptores engañados e injuriados. Lean al pelele de la CIA y ex capo de PRISA Juan Luis Cebrián: “La verdad racional no vende”, ¿qué significa? Pues que él, admitamos por un instante que esta sabandija sabe de lo que habla, conoce bien, son 40 años apuntalando la ‘Francocracia’ al frente de El País,la SER, la televisión de pago y en abierto… que lo que vende y convence es una información ‘acaramelada’ tan falsa y tóxica como verosímil (equipada con tan diversos cebos como distintos sean los perfiles de las presas a atrapar). Así de irracional en la teoría y  de exitosa en la práctica (constatación pueril donde las haya, pero…).

En cualquier tarde de aburrimiento y cuando menos se lo espera, a una le alumbra una lucecita que le revuelve los pensamientos y, ¿qué descubre? Pues que se encuentra enterrada hasta los pelos en el petrificante barro de la desinformación y la incomunicación. Ya ven ustedes cuánta suciedad que, en la ilusión óptica de la deslumbrante oscuridad, suele pasar desapercibida. “Yo soy mi espectador y me pregunto: ¿cuándo saltará mi coraje? Y ese es el acontecimiento que espero.” Se decía el alter ego del loco  Roberto Arlt. Y es que hace falta coraje para emanciparse de las ‘desapercibidas’ conductas serviles, de la ‘inadvertida’ adicción a las pantallas y de sus embustes verosímiles e irrebatibles. Creo que no se me puede pedir más sinceridad, conmigo mismo, en este momento.

“¿Comprenden? No se preocupen, hay cosas inexplicables. Yo sí me entiendo.”
(Roberto Arlt)


ELOTRO


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