“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 14 de abril de 2018

14 marzo / 2018



El imperio estadounidense de Occidente en crisis
Manlio Dinucci


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2018 / Diario


“No creo que haya nadie tan poco dotado como yo para pasar un pensamiento o una emoción al papel, para hacer el recorrido desde la cabeza a la mano: eso creo que era Kafka el que lo decía. Hasta esa frase de impotencia he tenido que pedirla prestada. Kafka supo escribirla, porque era mentira lo que escribía. Yo, cuando la copio de él, escribo una verdad.”

(Rafael Chirbes “Crematorio”)


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El compromiso y la acción (nada de risitas en clase) en la tecnopolítica.

Hay majaderos que, mientras critican las majaderías ajenas, nos surten, involuntaria y paradójicamente, de certeros argumentos: ‘El 15M, las revoluciones árabes, Podemos... están demostrando que la tecnopolítica no es suficiente, que se pueden convertir en un bluff desmovilizador.’

O sea, que aunque sea de forma indirecta y criticando sólo una supuesta   insuficiencia (sic), se acaba reconociendo que ‘el sujeto abanderado tecnopolítico’ finalmente ha logrado (re)conducir con suma eficacia a la, digámoslo así, mayoría ‘visible’ de la  ‘ciudadanía indignada’ (véase la colosal estampida de ganado en la memorable ‘Rio Rojo’, y si eso compárese la maniobra) a una vía muerta, de desactivación política, de inoperancia social, de sumisa placidez posfranquista... Pero el majadero demuestra que no es tan majadero cuando hipócritamente pero con extrema sutiliza califica el resultado de la ‘Operación Triunfo Podemita’  como un lamentable ‘bluff’ (¿’El desencanto’… para nutrir a los posmajaderos?), siendo por el contrario tan evidente que, para la otra parte contratante, léase la Patronal, resulta innegable el excelente fruto cosechado… ¿no es cierto, potenciales majaderos de ‘primaveras de colores’ y posindignados otoño-invierno?



El majadero nos vende su, ‘muy ponible’, compromiso total con su pensamiento (ojito que el tipo pasó por una universidad yanqui y conoció en modo presencial a Iván Illich), o sea, con su prédica (‘Para que crezca la planta primero hay que estercolar.’), que no con su práctica, o sea, con su acción (aunque no pase la cosa de teclado y ratón). Y es que el majadero, que suele presumir de que él elige (y jura que ‘no está en la red’), que no admite imposiciones, sabe que la vida no tiene lógica, pero el guión, digital o analógico, sí o sí. Y por eso.


Lógica formal, se entiende. Ya que los majaderos sólo utilizan la públicamente ‘desacreditada’ lógica dialéctica, véase Bunge, en la más secreta y estricta intimidad, como es bien sabido por la pequeña élite que integran los que saben todo lo que hay que saber (comprenderán que no todo el mundo puede afrontar el pago ‘en negro’ de los millonarios ‘listados espías’ de Facebook, Google, Twitter, WhatsApp…), y punto pelota.


‘No quieras saber más de lo que debes saber, decía san Pablo’
(de la peli de Martín Patino: ‘Neve cartas a Berta’)


Majadera que es una, la referencia ‘cultureta’ a Iván Illich, me ha transportado por unos momentos a un, por otras razones, idílico verano de mediados de los años años setenta en la tacita de Cádiz. Me acuerdo de haber leído por aquel entonces, era una niña, creo que en la revista ‘Cuadernos de Pedagogía’ (que mangué en una librería), unos textos de Illich y Paulo Freire sobre temática educativa… y antipsiquiatría… y eso ocurría cuando servidora no tenía ni puta idea de lo que había sido y era, en su sentido práctico y significado, la psiquiatría… la institución psiquiátrica. Curiosa manera esta de empezar por la trinchera ‘anti’, pero así fue la cosa. Y ahí dejo la pista sobre cómo brota y se configura una mente tan atrofiada como la de servidora…

Pero eso no es todo, los caminos del diablo son inescrutables. Resulta que unos años después, y gracias a unos dibujos que ‘regalé’ al editor del ‘Libro rojo del cole’, el director de ‘Cuadernos de Pedagogía’ consiguió, sin proponérselo, que ‘El País’ (Langley) publicara en sus páginas varios de esos dibujos, con motivo de una reseña del libro (‘Pensemos en una nueva educación’), ‘de gratis y por la cara’.

Y así fue como servidora, a pesar de los anteriores navajazos traicioneros (un proceder nada bonito, poco ejemplar: ‘en estas cosas son muy prestos’) de Joaquín Estefanía (que aunque en plena escalada, piolet en mano, aún no era director-monosabio) y Rosa Montero (a la que de nada conocía y hasta aquel día  no había visto en mi vida y que por entonces ejercía, sin mucho éxito de crítica y público, de tiránica mangoneadora del colorín), consiguió convertirse en colaboradora del susodicho periódico gracias a los sucesivos encargos, más bien pocos a decir verdad, de un tal Baviano y un tal  Barcia, individuos que generosamente me pusieron al día de lo que realmente era y cómo funcionaba (esas historias para no dormir las dejo para otra ocasión), hablo de los primeros años ochenta, “El diario ‘guía’ independiente de la mañana” y no tanto de la tarde y la madrugada. En fin, si uno ha pecado, tiene que haber penitencia…

ELOTRO


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