“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

martes, 10 de abril de 2018

10 marzo / 2018



“El deterioro de los medios”

Gregorio Morán


*




(Sí, es él)


2018 / Diario


Los mismos que han conseguido (porque PODEMOS) vaciar las calles (¡Ay, Cañamero, quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras!, como tituló un joven Miguel Hernández), maestros del discurso hipócrita y demagógico de dos caras, esa misma homilía que siempre degenera en comercio (Goldman Sachs: “Para invertir analizamos por satélite la ocupación de los aparcamientos de Ikea”), hablan (¿debemos de robar la herramienta o cambiarla?) de la necesidad de participar en las ‘instituciones’ (¿para atacarlas desde dentro –así como lo hicieron, lo hicimos, las genuinas CCOO contra el Sindicato Vertical franquista-,  o para reforzarlas y legitimarlas, al modo en el que Solana dijo que, desde dentro, convertiría la OTAN en la UNICEF? ¿Qué salió mal en el bombardeo de la población civil de Belgrado?) al mismo tiempo que se pueden realizar ‘determinadas movilizaciones’ de apoyo (¡incondicional, por supuesto! Claro que sometiendo al clasista tinglado legalista la ‘supuesta’ legislación de política social) al tan estéril como infame parlamentarismo ‘democrático’.  Y es que, a fin de cuantas, de eso se trata cuando la socialdemocracia, PODEMOS pensar que el último disfraz es lo de menos, entra en acción (‘siempre del brazo del poder… y bendiciendo su tiranía…’): vender un discurso supuestamente ‘de reforma anticapitalista, republicano y anticlerical que, en cuanto toca poltrona, apesta a incienso neoliberal y anticomunista…’ ¿para garantizar la perduración de la sociedad capitalista… que a ‘ellos’, a fin de cuentas, tan bien les trata?


“Te tomas las cosas muy a la tremenda”, me espetan cínicamente algunos miserables que llevan tiempo disfrutando, vía oral o anal, de ‘carguito y paguita’ o, en su defecto (ya que no todos caben en la cima de la jerarquía), de ‘encarguitos lucrativos a dedo’, sin la menor competencia, derivados casualmente  por algún ex camarada (de esas sabandijas ‘desmemoriadas’ a las que ya no les quedan ni las apariencias de lo que fueron –por ejemplo Estefanía, Ontiveros, Bustamante o el camaleón Errejón senior: ex PTE, ex UCD, ex PSOE y ahora podemita anticapitalista- que saben que el pasado, ‘sin blanquear’, no puede hacerles más que daño) bien ‘colocado’ en la teta del ‘dinero público’, entiéndase dicho ‘coloque’ en ambas acepciones… porque ‘ellos’, a los que se les ve un poquito demasiado la indigna voluntad y la idea fija de cómo llegar, lo valen…(no hay más que ver cómo se comportan con los desgraciados que consideran ‘inferiores’, esa chusma que evidentemente no supo -que alguno que fuera ‘ofertado’ no se doblegara es algo que no puede entrar en sus interesados cálculos ya que ello provocaría la puesta en marcha de un irritante mecanismo en su ya de por sí atormentada mente- acabar sepultada por su propia insignificancia ‘social’).


Precisamente del pasado proceden ‘esos dolores difusos que no le dejan a uno vivir en paz, y que los médicos (¿de pago?) consideran frutos de la imaginación’, Chirbes dixit. Pero desgraciadamente de ese pasado acaban surgiendo voces (una especie de incontrolable simbolismo ideológico), que sin duda ya estaban ahí amatojadas desde hace mucho tiempo, y que emiten frases muy ‘cargadas’, nada de fogueo, de memoria (aún cuando todo pasado resulta, al menos para ‘ellos’, más agradable cuanto más desvaído) pero frases dichas así como de un modo gratuito (¡pues yo no he oído nada! ¡yo nunca oí nada! ¿de qué estás hablando?), como si estuviesen representando una de aquellas ‘revolucionarias’ obras de teatro ‘de y para’ aficionados…


De todas maneras, cuando alguien afirma que el pasado es una madeja (ese espacio donde hay que dar codazos para guardar el hueco en que una pisa tierra firma) poco menos que imposible de desentrañar, no está sosteniendo una opinión que pueda calificarse de estrictamente falsa. Cosa que se puede comprobar fácilmente cuando una busca en su propio desorden (¡Cuántas veces dije sí con el convencimiento de que había dicho que no!), y descubre demasiados hilos laberínticos, demasiadas ‘babas de caracol’, demasiadas huellas demasiado bien conservadas, demasiada 'flora ornamental posmoderna'…

Y además hay que reconocerle a esta pandilla de descarados sinvergüenzas que resulta muy meritorio el difícil equilibrio de mantenerse siempre dentro y fuera. Pues es innegable que resulta todo un esforzado ejercicio de inmoralidad la búsqueda perseverante y tenaz, en las pantanosas aguas del inmenso catálogo de bajas pasiones, de la impostura perfecta para cada momento y lugar. No olvidar que el postureo viene a ser como una maqueta portátil, desmontable y polivalente (no confundir con la rigidez acartonada del ‘elitismo’ de academia). A ‘ellos’ (‘que no han nacido para ser criadas o cargar ladrillos o limpiar los retretes de otros’) en realidad no les gusta tanto el arte, la literatura, la política, la ciencia o el periodismo como lo que rodea esos mundos: el dinero que todo lo compra, el poder que si eso humilla (en su desvalida juventud-divino-tesoro ellos mismos, prescindamos de reticencias y aceptemos entre los escombros el doble papel de víctima y verdugo, sufrieron graves humillaciones mentales y físicas de manos de sujetos iletrados que, cómo no dinero aparte, deberían haberse pasado toda su puta vida enganchados a un carruaje!), la buena mesa y la cama que de suyo ‘viene rodada’.

Desde luego que es cierto que a algunos de ‘ellos’ aún los recuerdo con viveza, y si acaso con menos asco (¿quizás porque muerden más hondo?). Y aunque la doble moral de los ‘poderosos’ (aunque en realidad sólo se trate de un escalón más arriba, no me lo tomen por lo literal), no es nada nuevo, hay un momento en la vida en que uno debe renunciar ‘a la camaradería ciega e incondicional’, a la hegemónica sobrevaloración de los propios sentimientos, para así empezar a ejercer, también en y contra el entorno fraternal, cierta inteligencia no excesivamente emocional… mal que le pese a los pijos posmodernos (PODEMOS y alrededores mediáticos) que explican el (¡inexplicable!) odio entre las clases antagónicas mediante la falta de empatía de los desposeídos para con sus ‘fraternos’ explotadores…(ya en el 'Manifiesto Comunista' Marx criticaba las hipócritas 'asociaciones a favor de la templanza').  Y la guinda: leo que Errejón junior, menudo cerebrito, se inspira ahora leyendo en los irradiadores posos de Operación Triunfo... y a mí que me parece que esta gente no muestra, si rascamos un poco, el menor interés en 'comunicarse' con sus congéneres... ¿qué mierda de filosofía es esa?
En fin, en fin, pos en fin…


ELOTRO


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