“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

viernes, 30 de marzo de 2018

27 febrero / 2018




2018 / Diario

“No se funda nada grande, nada duradero si no es en las conciencias”


Dice Frabetti que de entre sus viejos conocidos ‘supuestos’ intelectuales de ‘izquierda’, el que no ha desertado se ha pasado al enemigo. Algo muy parecido le ocurre a servidora cuando paso lista (no por gusto, sino porque las infames criaturas aparecen, en primer plano, en los medios masivos de desinformación y embrutecimiento propiedad de sus amos y patrones) de antiguos ‘militantes’ del PTE (Ontiveros, Bustamente, Errejón senior, el secretario general del PTE en Catalunya que acabó al servicio de Pujol, aquel Aragoneses que devino en mano derecha de Aznar…) salvo honrosas y escasísimas excepciones que también las hay (conste que hablo de mi experiencia directa con dirigentes, o figurones, de distinto nivel jerárquico, no de la mayoría de los estafados militantes de base, entre los que modestamente me cuento).

Pues bien, uno de esos ‘intelectuales de izquierda’ que con más entusiasmo lucha ahora desde las filas del enemigo, es Joaquín Estefanía, el más entregado y vicioso lameculos de Cebrián (lo de ‘hasta aquí hemos llegado Juan Luis’, con motivo de los tropecientos despidos de ‘curritos’ del periódico dependiente de Langley y del inepto’jugador de casino’  Juan Luis,  es una de esas frases ‘postureras’ que deben de figurar de forma destacada en cualquier catecismo de paraperiodismo ‘a pesar de todo’ que se precie de sí mismo y de su gloriosa tradición).




"Cuando las ideas no te dejan ver la realidad, no son ideas, son mentiras"
(Rafael Chirbes)


Al lío. El tal Estefanía se ha sumado al ‘evento Marx’ (bicentenario de su nacimiento) con una columna titulada: ‘Espectros de Marx’, debe de ser por si algún despistado piensa que ‘el exdirector de la escuela de periodismo de UAM-Langley no se ha leído el ‘Manifiesto Comunista’ (o al menos la primera frase, como suele ocurrir con el lugar de cuyo nombre no quiero acordarme…).

El hábil y equidistante Estefanía evita mojarse, admito que es un bobo decir, a base de muy escogidas citas ajenas y opuestas: el haitiano Raoul Peck, director la peli ‘El joven Marx’:

“Tomemos, por ejemplo, el Manifiesto comunista, algunos de cuyos párrafos describen con detalle la crisis de 2008. Es casi un libro para niños sobre la historia y la evolución del capitalismo hasta hoy (…). Estamos exactamente en el mismo tipo de capitalismo donde el dinero y la riqueza se concentran cada vez más en manos de unos pocos, mientras que una inmensa mayoría quedará cada vez más pobre. Lo que Marx nos proporcionó fue un instrumento científico para comprender y analizar cada momento de esta sociedad”.

Y por la contraparte:

“Cuando apareció, hace 151 años, El Capital fue recibido con un silencio sepulcral, roto —entre otros— por Keynes que, unos años después, lo calificó, con esa arrogancia que le caracterizaba, como un libro de texto económico obsoleto que no era sólo científicamente erróneo, sino sin interés o aplicación para el mundo moderno. “Mis sentimientos hacia Das Kapital”, escribe en los Ensayos de persuasión, son los mismos que hacia el Corán. Sé que es históricamente importante y sé que mucha gente de la cual toda no es idiota lo considera una especie de Roca de la Humanidad. Aún así, cuando miro dentro de él, me resulta inexplicable que pueda tener este efecto (…). ¿Cómo pudieron cualquiera de estos dos libros llevar el fuego y la espada a medio mundo. Me supera”.

Y como tonto no es, Estefanía reconoce que, ‘a pesar de todo’, Marx no andaba del todo descaminado:

“Y sin embargo, cuando se ven las consecuencias de la Gran Recesión y se comparan con algunas de las conclusiones del complejo libro (El Capital), éstas últimas no estaban desencaminadas: la ley de acumulación capitalista exige el descenso de los salarios (plusvalía absoluta), el incremento de la duración e intensidad de la jornada laboral (plusvalía relativa), el deterioro de las condiciones del mercado de trabajo, la disminución de la calidad de los productos consumidos, el acortamiento de la vida laboral de los obreros, etcétera.”

Pero lo mejor lo deja Joaquín para el final, igualando con el rodillo de la ideología dominante y la llana del todo vale:

“La cuestión es qué queda del marxismo después de la Gran Recesión. Una doctrina que ha competido desde mediados del siglo XIX con la economía clásica (en la que se fundamentó, reformulándola), la neoclásica y la keynesiana, que son las raíces de las que nacen todas las demás.”

Ya les digo, el miserable chaquetero Estefanía en todo su esplendor, por supuesto que sustentado en artimañas teóricas, en trucos abstractos (“La forma y la materia del mundo fenoménico se pueden separar sólo en abstracto, no en el plano real” / Marx). Un esplendor pues diametralmente opuesto, digo, a aquel de antes de pasarse al enemigo, cuando hizo Estefanía su instructivo y poco después ‘desaparecido’ librito sobre la ‘Trilateral’, organización que por entonces acababa de desembarcar en la España de la Transición con Rockefeller y el Chase Manhattan Bank a la cabeza del pelotón internacional… hoy desconocida para la mayoría (cosas del negacionismo imperante) como ‘Club Bilderberg’… aunque él, tan joven y tan marxista-leninista-pensamientomaotsetung, ya nos avisaba por entonces que el concreto nombrecito que en cada momento adoptara el Gobierno en la Sombra del Imperialismo era lo de menos… que la pupa que habían hecho desde la Guerra Fría, que estaban haciendo en pleno desarrollo del neoliberalismo y que previsiblemente continuaría haciendo en adelante, era lo verdaderamente importante…




Aprovechando la ocasión, la casa se anima a recomendar:

‘Karl Marx: Llamando a las puertas de la revolución’
Edición a cargo del simpático eurocomunista Constantino Bartolo  compilación  que, para empezar a conocer o refrescar la obra de Marx, no está nada pero que nada mal.

Y ya puestos añadiría una pequeña reliquia de Manuel Sacristán de finales de los años cincuenta:
‘Para leer el Manifiesto Comunista’



ELOTRO

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