“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

miércoles, 14 de marzo de 2018

11 febrero / 2018



“Polvo y ceniza”

James Joyce


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La advertencia nuclear de Putin
Manlio Dinucci



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2018 / Diario


Karl Korsch, en torno a la dialéctica.

“Se comprende por qué la burguesía de hoy ha olvidado tan plenamente los tiempos en que ella, como “tercer estado”, libraba una encarnizada lucha de clase, heroica, contra el sistema económico feudal y su correspondiente superestructura política e ideológica (nobleza y clero), tiempos en que su portavoz ideológico, el abate Sieyés, lanzaba al orden social vigente esta formulación enteramente “dialéctica”:

“¿Qué es el tercer estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político tradicional? Nada. ¿Qué exige? Ser algo.”

Cuando el Estado feudal ha sido derrocado y la burguesía dentro del Estado burgués ya no sólo es algo, sino que es todo, sólo quedan, a los ojos de ella, dos actitudes posibles ante el problema de la dialéctica. O bien la dialéctica es un punto de vista totalmente superado, y respetable únicamente en el plan histórico, como una especie de delirio sublime del pensamiento filosófico que trata de rebasar sus límites naturales, delirio al que un hombre sensato y buen burgués no puede dejarse arrastrar de ninguna manera; o bien el movimiento dialéctico debe detenerse definitivamente, ahora y para siempre, en el punto final absoluto en que lo dejó el último filósofo revolucionario de la burguesía, Hegel. Pues la “dialéctica idealista” de la burguesía sólo en idea puede abolir las contradicciones materiales de “riqueza” y “pobreza” existentes en la sociedad clasista burguesa; es decir, en la idea del Estado puro, democrático y burgués, de modo que estas contradicciones abolidas “idealmente” subsisten plenamente en la realidad social “material” sin resolverse e incluso se extienden continuamente y se agudizan cada vez más.”

“Por el contrario, la esencia de la nueva “dialéctica materialista” del proletariado consiste precisamente en que anula efectivamente la contradicción material entre la riqueza burguesa (el “capital”) y la miseria proletaria, al abolir la sociedad burguesa y su Estado de clase en beneficio de la realidad material de la sociedad comunista sin clases. La dialéctica materialista representa por lo tanto el fundamento metódico necesario para el “socialismo científico” como “expresión teórica” de la lucha histórica del proletariado por su emancipación.”
(…)
“El camarada Thalheimer parte en este artículo de la tesis de Franz Mehring, que en nuestro concepto es la única sostenible, según la cual, desde el punto de vista materialista-dialéctico de Marx, ya no es oportuno y en rigor no es posible, tratar este método “dialéctico-materialista” independientemente de todo “objeto” concreto. El camarada Thalheimer afirma que Mehring, al rechazar el tratamiento abstracto del método dialéctico como tal, tiene cierta razón, pero que sin embargo va demasiado lejos. Dice asimismo que la elaboración de una dialéctica es “una necesidad urgente” entre otras razones, porque “en los sectores más avanzados del proletariado mundial se hace sentir la imperiosa necesidad de crearse una imagen global y coherente del mundo (!), más allá de las exigencias prácticas de la lucha de la construcción socialista”, lo cual plantearía nuevamente a su vez “la exigencia de una dialéctica”. El camarada Thalheimer sigue diciendo que semejante estudio de la dialéctica debe partir de Hegel, con un enfoque crítico, a saber:
“considerando no sólo el método sino también su objeto”. Agrega que el progreso genial cumplido por Hegel consistió en su empeño de “señalar la conexión interna, sistemática, universal de las categorías del pensamiento”. Esta tarea, N. Bujarin, ‘Teoría del materialismo histórico’ según Thalheimer, también se plantea a la dialéctica materialista. Sólo que entonces habría que invertir el método hegeliano: para la dialéctica materialista el pensamiento no determina la realidad, sino, al revés, la realidad el pensamiento.
Creemos que estas explicaciones del camarada Thalheimer demuestran muy claramente, pese a su parquedad, que él no logra concebir el método dialéctico más que de un modo hegeliano-idealista. Ahora bien, no queremos deducir de esto que el camarada Thalheimer sea un dialéctico idealista. Ya hemos expuesto en otro lugar que el camarada Thalheimer se consideraba en un escrito reciente, partidario de un método pretendidamente dialéctico-materialista, que en realidad no era dialéctico en absoluto, sino positivismo puro. Completaremos esto ahora diciendo: en la medida en que el camarada Thalheimer es dialéctico, es un dialéctico idealista; sólo concibe el método dialéctico en su forma idealista hegeliana. Esto es lo que ahora queremos demostrar positivamente, explicando en qué consiste, en nuestra opinión la esencia de la dialéctica materialista, o sea de la dialéctica hegeliana aplicada por Marx y Lenin en un sentido materialista. Para ello nos basamos en los resultados de nuestro estudio, ya publicados, sobre las relaciones entre marxismo y filosofía.
Ya es hora de acabar con la concepción superficial, según la cual el paso de la dialéctica idealista de Hegel a la dialéctica materialista de Marx es una operación tan sencilla que puede realizarse mediante la mera “transposición” o “inversión” de un método que por lo demás permanecería sin cambios. Desde luego hay algunos pasajes muy conocidos de Marx en los que él mismo ha caracterizado la diferencia entre su propio método y el de Hegel en esta forma abstracta como si fuera simplemente lo opuesto. Pero si se profundiza más en la práctica teórica de Marx, en lugar de determinar la esencia de su método de acuerdo con dichos pasajes, se verá fácilmente que también ese “paso” metodológico, como todo paso, no representa una pura inversión abstracta sino que tiene un rico contenido concreto.

La economía y la filosofía burguesas podían reconocer las “contradicciones”, las “antinomias” de la economía y del pensamiento burgueses e incluso podían examinarlas con la mayor lucidez, pero finalmente tenían que dejarlas subsistir. Sólo puede romper ese encanto la nueva ciencia del proletariado que ya no es ni quiere ser “pura” ciencia teórica como la ciencia burguesa, sino al mismo tiempo praxis revolucionaria.

Si se considera desde este punto de vista histórico el “paso” de la dialéctica burguesa de Hegel a la dialéctica proletaria de Marx y Lenin, se verá todo lo que hay de absurdo en la concepción de la dialéctica materialista como un “sistema” autónomo. Sólo un dialéctico idealista puede pretender liberar del objeto de la intuición, de la imaginación y del deseo, en el que de ordinario
se hallan envueltas, todas esas formas del pensamiento (determinaciones, categorías) que nosotros utilizamos con frecuencia, conscientemente en la práctica, en la ciencia y la filosofía, y que de un modo instintivo e inconsciente penetran en nuestra mente, y considerarlas aisladamente como un objeto particular

Una dialéctica verdaderamente “materialista” no puede decir absolutamente nada de las determinaciones del pensamiento en sí mismas ni de las relaciones que ellas mantienen entre sí, haciendo abstracción de su respectivo contenido histórico concreto. Sólo desde el punto de vista de la dialéctica idealista, o sea burguesa, podría satisfacerse la exigencia de Thalheimer de que la dialéctica muestre la conexión de las determinaciones del pensamiento como una “conexión interna, universal, sistemática, de todas las categorías”.

Sin embargo, desde el punto de vista de la dialéctica materialista, hay que aplicar el problema de las relaciones de todas las categorías o determinaciones del pensamiento en general, lo que Marx dijo una vez con respecto a las “categorías económicas”: no se hallan relacionados “en idea” (¡concepción trasnochada por la que Marx apaleó a Proudhon!), no se hallan en una “conexión interna, sistemática”; por el contrario, su encadenamiento en apariencia puramente lógico y sistemático también está “determinado por las relaciones que guardan en la sociedad burguesa moderna”. Al cambiar la realidad y la praxis históricas cambian también las categorías del pensamiento y todas sus relaciones. Ignorar esta correspondencia histórica y pretender ordenar las determinaciones del pensamiento y sus conexiones en un sistema abstracto, significa sacrificar la dialéctica materialista, revolucionaria y proletaria, en aras de un modo de pensar que sólo en teoría ha sido objeto de una inversión “materialista” pero que, en la realidad práctica, sigue siendo la vieja dialéctica “idealista” de la filosofía burguesa.

La “dialéctica materialista” del proletariado no puede ser enseñada de una manera abstracta, ni siquiera con la ayuda de pretendidos ejemplos, como una “ciencia” particular que tiene un “objeto” propio. Sólo puede ser aplicada concretamente en la práctica de la revolución proletaria y en una teoría que es parte integrante, inmanente, de esta práctica revolucionaria.

Junio de 1924


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1 comentario:

  1. La dialéctica, para mí, es una tensión permanente entre opuestos, que no se libera en la operación abstracta "tesis-antítesis-síntesis".

    Ningún término puede concebirse sin su contrario. Pero como al mismo tiempo los conceptos son inseparables de las situaciones que los han producido solo el cambio real de estas situaciones puede liberar esa tensión conflictiva.

    Filosofía de la praxis y praxis de la filosofía. Lo demás es cuento.

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