“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

lunes, 26 de febrero de 2018

26 enero 2018



EEUU: País de Rambos

Marcelo Colussi



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Thomas Bernhard

‘Un niño’


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Fragmentos de: Ángeles Díez, “La Francocracia española y la cuestión catalana.

(Apuntes)



“Lo primero siempre es hacer explícitos nuestros prejuicios y los lugares comunes ya que éstos serán los principales obstáculos a batir o a ratificar.”

“Decía Bourdieu que “El hecho se conquista contra la ilusión del saber inmediato” y que el sociólogo no ha saldado todavía las cuentas con la “sociología espontánea” que le llevan a realizar sistematizaciones ficticias sobre hechos que se nos presentan como evidencias.”

“No hay nada más difícil, sin duda, que separar la percepción y la ciencia, o dicho de otro modo, las prenociones (ideas preconcebidas) que nos llevan a considerar como cierta una determinada interpretación de la realidad, que la mayor parte de las veces es la construcción social que en un momento histórico concreto es hegemónico, y que suele estar precocinada por los medios masivos.”

“… la primera prenoción que habría que poner en cuarentena es que “El Estado Español es un Estado de Derecho” en los mismos términos en que lo es la República Francesa o el Estado Británico.

La segunda prenoción, que deriva sin duda de la propaganda de los medios masivos y de los discursos políticos de todos los signos del espectro español, es que un Estado de Derecho es aquel que se rige por leyes que emanan del parlamento que a su vez es el legítimo representante de la soberanía, y que detrás de las leyes no hay otra cosa que la voluntad popular expresada a través del voto.

Una tercera preconcepción sería que no hay dos Españas sino una sola que se ve tensionada y fracturada por algunos políticos sin escrúpulos.

Y finalmente una cuarta sería que el nacionalismo es incompatible con el internacionalismo.”


“El Estado franquista se dotó de leyes no sólo para imponer el orden social de los vencedores sino que trató por todos los medios de ganar la legitimidad (aceptación, consenso) que le negaba su génesis golpista. Sin embargo, sólo la Transición con su ropaje modernizador, el apoyo europeo y la retórica progre parecieron ser eficaces en el intento.”


“Tras la muerte del dictador, los medios de comunicación y los sociólogos, los profesionales del engaño”, se dieron a la tarea de construir un nuevo discurso político y de limpiar los rastros malolientes del Derecho franquista.”


“Dentro del conjunto de virtudes que podemos encontrar en el “proceso catalán” la más importante, desde mi punto de vista, es la de haber hecho visible la sustancia franquista del Estado nacional español, sus límites (sin duda más numerosos) y sus potencialidad para ser otra cosa (más bien ninguna). También ha hecho emerger el talante y el signo conservador, incluso reaccionario, de importantes masas de población en todo el territorio del Estado, incluidas las consideradas como progresistas.”


“El despliegue de banderas nacionales (con o sin escudo), el aplauso del encarcelamiento de líderes políticos y sociales, la promoción y celebración de la fuga de empresas de Cataluña, la celebración constante de la Guardia Civil, los Informativos nacionales donde los éxitos del turismo y el futbol ocupan tres cuartas partes del tiempo informativo, son sólo síntomas del fascismo realmente existente en el Estado Español.”


“España es un Estado de Derecho” ha sido la consigna repetida hasta el aburrimiento por los ‘paraperiodistas’, el gobierno español y todo el espectro político. Ha sido el mantra con el que intentar resolver, por arte de birlibirloque, la “cuestión catalana”. Pero dicha “cuestión” no podrá resolverse nunca desde un Estado franquista ni desde unos partidos cuyas máximas siguen siendo las de un Estado apuntalado por los tribunales y los cuerpos de seguridad.”


“Decía Carl Schmitt que soberano es aquel que tiene la potestad de declarar el Estado de Excepción, es decir, suspender todas las leyes y garantías de los ciudadanos. No cabe duda pues de que la aplicación del artículo 155 en Cataluña muestra con claridad la soberanía del gobierno de Mariano Rajoy sobre este territorio. Hasta ahora y, dado el pacto disciplinador de la Transición, no había sido necesario hacer visible al soberano que se ha presentado no desnudo sino muy vestido con el ropaje sagrado del Estado de derecho.”


“Si detrás de la ley hay violencia también se puede decir que en el caso de la francocracia española también hay violencia delante de la ley. Porque como afirmó el catedrático de derecho constitucional Javier Pérez Royo, en el caso de Cataluña ya se había dado un “Golpe de Estado judicial” en el 2010 cuando el Estatut catalán, aprobado por el pueblo catalán y por las Cortes generales,fue desautorizado por el Tribunal constitucional y, de facto, se “eliminó el derecho del pueblo a decidir” ya que la resolución de los tribunales anuló la voluntad popular.”


“A la luz de estas prácticas no es descabellado deducir que el voto en nuestro atípico Estado de Derecho sólo tiene validez en la medida en que ratifica la voluntad del propio Estado, o dicho de otra forma, la voluntad de poder del Leviatán. ”


“Cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santa María, el PSOE y Ciudadanos claman por la vuelta a la normalidad, en realidad están hablando de la normalidad que quedó “atada y bien atada” con la Ley de Reforma Política (1976), la Ley de Amnistía (1977) y los pactos de la Moncloa (1977): la monarquía, el bipartidismo, la unidad territorial, el olvido y las componendas económicas del “patronalsindicalismo.”


“En la cuestión catalana el Tribunal constitucional ha sentenciado para saltarse las leyes y los procedimientos, es decir, las garantías democráticas que protegen la concurrencia política electoral. El TC dice “autorizar la investidura de Puigdemont” pero siempre que sea presencial y no responde a la solicitud del gobierno de anular la sesión de investidura. Pero para personarse necesita una autorización judicial del mismo magistrado Pablo Llanera que retiró la euroorden de detención con el peregrino argumento de que Puigdemont buscaba su detención. Así, son los tribunales quienes autorizan o no autorizan lo que ocurre en los parlamentos. Nuevamente se pone de manifiesto la sustancia franquista del Estado español con la no separación de poderes.”


“A partir de los años 80 la izquierda española, como la del resto de Europa, abandonó definitivamente el análisis materialista de la historia y también la crítica al Capitalismo (tanto en su práctica militante como en su elaboración teórica). Abandonó el tema central de la explotación (la contradicción irresoluble dentro del capitalismo) y en el caso del Estado español también aquellos temas que la francocracia vetó: el tema sucesorio (la monarquía) y la unidad territorial.”


“La cuestión catalana, el procés, ha hecho saltar por los aires las prenociones o la banal ilusión de que en este país habían cambiado las cosas o por lo menos lo suficiente como para poder hablar de un Estado de Derecho. El 15M estuvo apunto de provocar un cambio de era pero no pudo trascender hacia el ámbito político. Fue interceptado por el postmodernismo de jóvenes atrapados en una ontología del yo identitario (que todavía permanece) y se condensa en el fenómeno Podemos.

Dice el profesor Luciano Cánfora que en realidad, si acudimos a la historia, la democracia no es exactamente el gobierno del pueblo sino la hegemonía política de las clases populares con el consentimiento de las élites. Así fue en la antigua Grecia y así es hoy día esto que solemos llamar democracia en Europa, pero en el territorio español, el sistema impuesto tras la derrota de la república española aún pervive y difícilmente puede decirse que son las clases populares las que ostentan la hegemonía política.



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