“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 10 de febrero de 2018

10 enero / 2018




Marx, Recomienda:

La fábula de las abejas,
o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública.

Bernard de Mandeville




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2018 / Diario

En la prensa seria:
“PP, PSOE y Ciudadanos rechazan investigar en el Congreso la muerte de Archidona”

-Falta UNIDOS PODEMOS, pero todo se andará. (Además, ya se sabe, ellos nunca ponen todos los huevos en la misma cesta, total por un puto inmigrante menos…).

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 Carlo Ginzburg: “Extender nuestra compasión a los seres humanos harto distantes de nosotros sería, me temo, un acto de mera retórica. Nuestra habilidad para contaminar y destruir el presente, el pasado y el futuro es incomparablemente mayor que nuestra débil imaginación moral".






Fragmento de: Perry Anderson, “El poder de la anomalía”


“Para Ginzburg, sin embargo, el interés que la literatura ofrece para la historia es de otro orden, y esta es una de sus marcas originales. En su obra, la literatura no se toma como una norma estilística ni como un repertorio de géneros, sino como una herramienta de conocimiento. Ensayo tras ensayo, Ginzburg ha insistido en que lo que los novelistas o los poetas pueden aportar a un estudio objetivo del pasado son instrumentos cognitivos: las técnicas de distanciamiento como crítica social en Tolstoi, el estilo libre directo como pasaje a una nueva interioridad en Stendhal, la elipsis como suspensor y acelerador del tiempo en Flaubert, y la visualización sin mediación como medio de acceso a una nueva perspectiva en Proust.”
(…)

“ Un día, Franco Moretti y Carlo Ginzburg fueron juntos al Museo Metropolitano de Nueva York. Al encontrarse con la pintura ‘Una doncella dormida’, de Vermeer, que representa a una criada dormitando en una mesa llena de frutas, un vaso de vino tumbado de lado, una pintura de Cupido en la pared sobre ella y una silla vacía medio girada hacia una puerta entreabierta, sugiriendo la reciente salida de un compañero masculino, Moretti -leyendo la imagen como una representación, en palabras de Hegel, de la "prosa de la vida cotidiana"- exclamó: "Este es el comienzo de la novela". En otras palabras, a diferencia de la épica o la tragedia, se trataba de una narrativa de la gente común en un entorno familiar. En ese momento, Ginzburg se volvió hacia un retrato de Rembrandt en la pared opuesta, que representaba al pintor desfigurado ‘Gérard de Lairesse’, con su nariz deformada por la sífilis, y replicó: "No, ese es el comienzo de la novela". En otras palabras, la anomalía, y no la regla. Aquí Ginzburg sin duda sostuvo el argumento más fuerte, como en efecto ya ha concedido Moretti, definiendo la aventura, antes que la existencia corriente, como el principio originario de la novela.Pero la ficción es una cosa, la historia es otra, y las conexiones entre ellas son más delicadas de lo que Ginzburg tiende a sugerir. ”

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“Schroeder reescribió la lógica del arte de gobernar de los siglos XVIII y XIX a través de una nueva forma de historia internacional, que ahora se encuentra, conceptual y empíricamente, cerca de las alturas más desafiantes de la disciplina. No es casual que sea este historiador conservador, que observa el período previo a 1914 desde la perspectiva de Viena, en lugar de Berlín, París, Londres o San Petersburgo, quien haya ofrecido, por mucho, la mejor explicación de la Primera Guerra Mundial, elaborada a través de un conjunto sorprendente de argumentos contrafactuales. Aquí rigen las causas, no los casos. Sin embargo, no es necesario elegir entre estas dos aproximaciones. El oficio de historiador permite tantos tipos de investigación como la pintura admite estilos pictóricos. El tremendo crítico italiano de arte Roberto Longhi, otra referencia clave para Ginzburg, detestaba a Tiépolo, pues lo acusaba de haber abandonado el blanco y negro por un tecnicolor digno de Cecil B. de Mille, lo que mató a la pintura italiana durante un siglo. Pero incluso él, componiendo un diálogo entre Tiépolo y Caravaggio, uno de sus ídolos, le permitió a Tiépolo una réplica final. Las tabernas de uno y los triunfos del otro no son incompatibles.”



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