“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

viernes, 9 de febrero de 2018

09 enero / 2018


Daniel Pennac

“Mal de escuela”


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Diario / 2018

Nicanor Parra: “Nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire”.


Fragmento de: Robert Walser. “El ayudante”


“Cogió una hoja de papel, tachó el membrete con un par de plumazos y escribió a toda prisa lo siguiente:

Querida Frau Weiss: Es usted realmente la primera persona a quien escribo desde aquí arriba. La recuerdo, y este recuerdo es el primero y más simple y natural de todos los pensamientos que en este momento zumban por mi cabeza.

Muchas veces se habrá usted asombrado de mi comportamiento durante el tiempo que pasé en su casa. ¿Recuerda aún cuán a menudo tuvo que arrancarme de mi existencia gris y solitaria, de todas mis malas costumbres? Es usted una mujer muy entrañable, buena y sencilla, y tal vez me permita tenerle cariño. ¡Cuántas veces, sí, casi todos los meses, he entrado en su habitación para rogarle que tuviera paciencia con el pago de mi alquiler mensual! Usted jamás me humillaba o, mejor dicho, sí, siempre: pero con bondad. ¡Cuánto se lo agradezco y cómo me alegra poder decírselo! ¿Qué hacen y cómo están sus señoritas hijas? La mayor se casará pronto, me imagino. Y Fräulein Hedwig ¿sigue trabajando en la compañía de seguros de vida? ¡Qué preguntón soy! ¡Y qué preguntas tan necias las mías, ya que hace sólo dos días que no la veo! Tengo la impresión, mi muy querida Frau Weiss, de haber pasado años y años en su casa, hasta tal punto me parece bella y reconfortante la idea de haber vivido allí. ¿Quién podría conocerla sin empezar a quererla de inmediato? Usted me decía siempre que debía avergonzarme de ser tan joven y tan poco emprendedor, pues me veía todo el tiempo sentado o echado en la penumbra de mi cuarto. Su cara, su voz y su risa me han servido siempre de consuelo. Usted me dobla la edad y  tiene doce veces más preocupaciones que yo; sin embargo, me parece muy joven, y ahora mucho más que cuando vivía en su casa. ¡Cómo he podido ser tan lacónico con usted! Además, todavía le debo dinero, ¿verdad? Y casi diría que me alegro. Las relaciones externas pueden así mantener vivas las internas. Nunca dude del respeto que le tengo. ¡Qué necedades digo! 

Aquí estoy viviendo en una villa preciosa, y por las tardes, cuando hace buen tiempo, puedo tomar café en la glorieta del jardín. Mi jefe ha salido en este momento. La casa se alza sobre una colina que podría calificarse de verde; abajo, justo a orillas del lago, la línea férrea corre paralela a la carretera. 


Tengo una habitación muy acogedora, casi diría señorial, en lo alto de una torre. Mi jefe parece ser un buen tipo, algo grandilocuente tal vez. Es posible que algún día surjan desavenencias personales entre nosotros. No lo deseo. De veras que no, pues me gustaría vivir en paz. Cuídese mucho, Frau Weiss.


Conservo de usted una imagen bella y preciosa que no se puede enmarcar, pero tampoco olvidar.

Joseph dobló la hoja y la metió en un sobre. Sonrió.”


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