“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

miércoles, 28 de febrero de 2018

28 enero / 2018



“Fascismo tutelado”

Carlo Frabetti


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Fragmentos de: David Le Breton. “El silencio”


“De morir ahora, diría: «¿Eso fue todo?»; o «No he acabado de comprenderlo»; o, también, «Resultó un tanto ruidoso».
(Kurt Tucholsky)


“No es posible representarse un mundo en el que sólo exista la palabra, pero sí podemos representarnos un mundo en el que sólo exista el silencio.
(Max Picard)

«Lo que nos permite creer en un pensamiento que existe por sí mismo antes de ser expresado, son los pensamientos ya constituidos y ya expresados de los que nos acordamos en silencio, y por los que creemos tener una vida interior. Pero en realidad ese supuesto silencio rebosa palabras, esa vida interior es lenguaje interior»
(Merleau-Ponty).


“Tenemos que considerar la palabra antes de ser pronunciada; ese fondo de silencio que siempre la rodea y sin el que no diría nada; debemos desvelar los hilos de silencio que se entrelazan con ella.”
(Merleau-Ponty).


“Las palabras en su entramado de silencio”


“El saber en qué momento callar o hablar radica en la «competencia de comunicación»
(Hymes)


«Toda lengua tiene su propio mutismo»
(E. Canetti)


“Plutarco ya veía que en el habla del espartano no había ninguna palabra superflua. Era pulcra y cortante como una cuchilla, «pues la ya conocida propensión de este pueblo al aforismo, su habilidad para las réplicas atinadas, que suelen dar en el clavo, son el fruto de una inveterada práctica de silencio»
(Plutarco)


“La palabrería es una forma habitual de la comunicación enfática (Malinowski; Jakobson) proporciona el placer del contacto sin obligar a más, y cumple una función antropológica de afirmación de uno mismo y del otro, de reforzamiento del vínculo social. Palabras superfluas, sin duda, pero también es cierto que su ausencia reduciría el lenguaje a un puro instrumento utilitario. Una gran parte de la existencia se va tejiendo con el consuelo previsible de estos intercambios sin consecuencias, pero que rechazan el silencio y expresan implícitamente el valor recíproco de los presentes. El habla se convierte en su propio fin, perpetúa las relaciones sociales manteniendo la reserva sin que por ello disminuya su satisfacción. Las cuestiones delicadas se dejan de lado, para permitir la fluidez de un discurso que pasa sin problemas de un tema a otro y de un participante a otro; pues en realidad no pretende dar testimonio del mundo, sino satisfacer el encanto de lo cotidiano, que hace de la conversación uno de los atractivos de la existencia.”


Maurice Blanchot: «lo esencial no es que una persona se exprese y otra oiga; sino que no habiendo nadie en particular que hable y escuche, siga existiendo el habla como una promesa indefinida de comunicar, perpetuada por este ir y venir incesante de palabras solitarias»”


“El locuaz, en cambio, abusa de la palabrería y, sobre todo, no deja sitio para el otro.”


“El cogito del locuaz podría formularse así: «Existo porque rompo
continuamente el silencio con mi palabra proliferante».

“El silencio posee su propia osamenta, sus propios laberintos y sus propias contradicciones. El silencio del asesino no es el de la víctima ni el del espectador.
(Elie Wiesel)


“Como recuerda Susan Sontag en su análisis de la película ‘Persona’ de Bergman, el obstinado silencio de una de las protagonistas le confiere «una posición de fuerza virtualmente inviolable con la que manipula y desconcierta a su compañera, la única que carga con el fardo de la palabra»


“El abad Dinouart escribe que «nunca el hombre se posee más que dentro del silencio; fuera de ahí parece que se dispersa —por así decirlo— y se disipa mediante los discursos, de manera que es menos suyo que de los demás»


«aprovecharse de la eficacia de la palabra y de la inocencia del silencio». El individuo que entabla la comunicación con otro intenta controlar la situación alternando las medias palabras y los medios silencios.”

 “Así pues, este silencio es «un acto de negación de la palabra que produce una carencia en lo enunciado» y se dirige «bien contra el discurso social del que se rechaza su uso estereotipado, bien contra el interlocutor, al declinar su invitación a comunicar»
(Van Den Heuvel)


Elias Canetti señala el riesgo: «El mutismo como respuesta a una pregunta es como el rebote de un arma contra un escudo o una armadura. Callarse es una forma extrema de defensa en la que ventajas e inconvenientes se equilibran. El que se calla no se expone, desde luego, pero parece más peligroso de lo que es… Un
silencio obstinado acaba invitando al interrogatorio, a la tortura»

“El poder tiene los medios necesarios para reducir al silencio a la oposición, matando o encarcelando a sus adversarios, amordazando a la prensa o a los intelectuales: quebrando, en definitiva, cualquier intento de lucha. Se trata de destruir toda palabra que pueda ponerle en tela de juicio.
 (Jaworski)


Werner Herzog recuerda, en ‘El país donde sueñan las hormigas verdes’, un juicio que tuvo lugar en Australia, en el que un aborigen hablaba profusamente en una lengua que nadie lograba identificar. El juez se sorprendió de que este hombre, al que sus amigos presentaron al comienzo del juicio como el «mudo», se expresara con tanta profusión y solicitó los servicios de un intérprete. Sin embargo, éste se declaró incompetente pues desconocía el ‘warora’. Nadie entre los asistentes conocía esa lengua. El intérprete, incómodo, explicó al juez que ese hombre era el último de su comunidad, que los demás habían desaparecido, y que era el único superviviente que hablaría en adelante una lengua muerta que nadie más comprenderá. De ahí que le llamaran «el mudo». Una lengua que ya no significa nada y que deja de propiciar las relaciones sociales no es sino una forma torcida del silencio, ya nadie la entiende.”


Albert Camus escribe: «Antes, la pobreza junto a su madre tenía una cierta dulzura. Cuando se encontraban al anochecer y comían
en silencio alrededor de la lámpara de petróleo, había una felicidad secreta en esta simplicidad y en esta carencia. En torno a ellos, el barrio estaba silencioso. Mersault miraba la boca cansada de su madre y sonreía. Y ella también sonreía»”


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martes, 27 de febrero de 2018

27 enero / 2018


Robert Walser

‘Desde la oficina’


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2018 / Diario

“Somos un embutido de ángel y bestia”
(Nicanor Parra)

(Apuntes a partir de una lectura de Siri Hustvedt)

“En el mundo de la moral, lo que está bien y lo que está mal, lo que se puede hacer y lo que no, está claramente establecido y codificado. En el metabolismo moral de las personas, lo que está bien o está mal, también se encuentra convenientemente codificado. En la mayoría de los casos con el mismo código que impera en y para el conjunto de la  sociedad. Pero es igualmente cierto que dentro de cualquier formación social y cultural, existe un reducido número de personas, la famosa ‘minoría independiente’, que también forma parte de ese conjunto social-cultural, y que sin embargo obedece en ciertas esferas de su comportamiento social a lo que podríamos llamar un código ideológico distinto o, si se quiere, incluso conscientemente opuesto al hegemónico ‘realmente existente’, que decía Rudolf Bahro.”

“Aunque parecía que sus facultades intelectuales funcionaban, carecía de sentimientos, tanto hacia sí mismo como hacia los demás.”

“Los especialistas estiman que las emociones no sólo mejoran nuestra aptitud para tomar decisiones en la vida, sino que son cruciales para ello. Por eso tampoco se puede ignorar que existen conductas sociales que carecen de la capacidad de sentir emociones superiores como la empatía y la culpa, dos emociones que también pueden condicionar en diferente grado nuestro (codificado) comportamiento en el mundo. También se dan otros comportamientos como el del típico psicópata que actúa por impulso sin sentir remordimiento alguno (ignorando el código establecido).”

“Nada más leer un correo electrónico me pongo furiosa, pero ¿no he aprendido que es mucho más prudente esperar un par de días antes de contestar, en lugar de enviar de inmediato una respuesta iracunda?”

“Esa amiga que vuelve una y otra vez con el hombre que la maltrata se encuentra atrapada en ese deseo bastante común, en ese autoengaño, que le impide pensar en la posibilidad de otro futuro diferente. En la época en que yo era una estudiante de posgrado sin un céntimo, a veces me gastaba veinte o treinta dólares en una camiseta o en un accesorio que no necesitaba y ni
siquiera deseaba en especial. No anhelaba el objeto en particular, sino sólo comprar.”

“Yo me enfrenté a un problema en la pista de esquí porque estaba haciendo algo que en realidad no deseaba. Aquella decisión errónea fue el resultado tanto de mi alienación ante mis sentimientos como de una falta de amor propio. (…)
Mi idea del matrimonio no era tan diferente de mi idea del esquí. Adopté una opinión despiadada, rígida y superficial de ambos: se suponía que esquiar era divertido y que el matrimonio era una institución restrictiva. No me planteé lo que yo quería realmente, porque estaba dominada por una idea que me venía impuesta, una idea que yo tenía que cuestionar y sentir por mí misma antes de poder descartarla o aceptarla.”


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