“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

viernes, 26 de enero de 2018

26 de diciembre / 2017


“El queso y los gusanos”

Carlo Ginzburg







“Me acuerdo de los lecheros. De los carteros. De las toallas para invitados. De los felpudos de “Bienvenidos”. Y de las señoras de AVON.”
(Joe Brainard)


“…porque esas cosas, de la cabeza, en una vida, no se borran así nomás”
(Fogwill)


Cierto o no, se dice que fue ‘el asombroso’ Borges el que dijo que ‘uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que lee’, lo que no deja de ser, además de idea ‘resultona’, digo que suena ‘notable’ (Lichetemberg: ‘En nuestros días tres ocurrencias y una mentira hacen a un escritor.’), un absurdo juego de palabras puesto que cualquiera, garabatee o no, sabe, porque tampoco se trata de nada que requiera de unos conocimientos asombrosos, que sólo se escribe lo que anteriormente (el pasado es un prólogo, Shakespeare dixit) se ha leído (y por lo tanto interpretado, imaginado), bien en los libros, periódicos, folletos publicitarios o demás soportes propagandísticos, bien esas ‘lecturas’ que cada cual hace (‘Cada uno –escribió Cervantes- es hijo de sus obras’ y, que sepa el que esto suscribe, leer es una manera de obrar, ¿no es cierto?), de manera más o menos consciente y constante, de las realidades que, en el pasado, y a cada momento caen del cielo o le salen al paso y es así como van conformando su propia vida, más o menos, real. O prácticamente inventada, porque todo se olvida, porque nada se puede saber bien. Pero los plumillas tenemos eso, que de lo que no sabemos, no sabemos callar…¿entendés?


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Y dijo Hipócrates: “Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos límites establecidos por la naturaleza.”

Y, a día de hoy, mucho caso no parece que se le haya hecho: J. Riechmann: “Nos reíamos –con razón, y no sin amargura— de la ‘responsabilidad social corporativa’ de las grandes empresas, que en noventa y nueve de cada cien casos no es más que mercadotecnia, greenwahsing y lo que Cornelius Castoriadis llamaba “ética como encubrimiento”.

Claro que nunca es tarde (sí, tú ríete) para empezar, ya decía Cervantes aquello de que: “El comenzar las cosas es tenerlas medio acabadas”. Y el mismísimo Aristóteles también aconsejaba: “A fuerza de construir bien, se llega a buen arquitecto.” Y es que es en el ‘trabajo’ (intelectual y manual: ‘El pensamiento es la semilla de la acción’, sentenció un tal Emerson), donde sustancialmente se encarnan las relaciones dialécticas entre la naturaleza y el hombre (históricamente un tarugo incorregible), y la sociedad (¡qué les voy a contar que no ignoren a sabiendas!). Pero como dejó dicho un tal Joubert: ‘Hay que reconocer las propias tinieblas.’

Y es por eso que, en vez de tanta queja y gimoteo, debemos combatir (¿suena fantasioso? Pues fue precisamente el muy conservador Chesterton el que dejó escrito: “La fantasía es siempre un hecho positivo, y lo que a menudo resulta fraude es la realidad.”), sobre todo en la praxis, el fatalismo dominante, que no es otra cosa que una conducta impulsada por la codicia frustrada. ¿No lo crees? Pues ‘cierra los ojos y verás’, como tan lúcidamente recomendaba el mismo Joubert de las antes citadas tinieblas propias…

Bueno, por hoy lo dejamos aquí, antes de que la entrada se convierta en un puto tocho infumable…

ELOTRO


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