“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

domingo, 21 de enero de 2018

21 de diciembre / 2017




‘Soy muy condescendiente con mis defectos,
me tengo en un pedestal’


Leo, en Marcelo Colussi, que los partidos del Sistema continúan siendo correas de transmisión entre el poder económico –los verdaderos amos– y las grandes masas de votantes. Sin embargo, recuerdo muy bien que la metáfora de la ‘correa de transmisión’ se utilizaba en mis tiempos, y sobre todo por parte de la derecha neo-franquista que ya no poseía ‘en exclusiva’ su fascista ‘Sindicato Vertical’, para ‘denunciar’ las ‘intolerables’ relaciones de dependencia entre ciertos partidos de izquierda y extrema izquierda con ‘sus’ respectivos sindicatos: PCE-CCOO; PSOE-UGT; PTE-CSUT; ORT-SU… (obsérvese la eficacia 'transhistórica' del maquiavélico 'divide y reinarás')
El caso es que con el correr del tiempo se pudo ver (aunque la mayoría del personal, muy fina de olfato, prefirió mirar hacia otro lado o simplemente no darse por enterada) con bastante claridad que las verdaderas y perfectamente camufladas  ‘relaciones de dependencia y sumisión’ en las que se encontraban, cierto que más o menos a gusto, atrapadas ‘todas las organizaciones sindicales y políticas’ estaban directamente al servicio del ‘Consejo de Administración’ de la burguesía tardofranquista y por lo tanto controladas y dirigidas por los verdaderos amos, el poder económico armado de sus eficacísimos instrumentos estatales y gubernamentales: políticos, jurídicos, policiales y militares.

Para muestra y confirmación véase lo que se refiere al glorioso papel interpretado por los supuestos sindicatos ‘de clase’, digo durante los años de la Transición,   atando  de pies y manos a la clase obrera (‘el atado y bien atado’ en la versión de los antifranquistas reconvertidos a monárquicos), para garantizar la imprescindible paz social que ‘exigían’ los Pactos de la Moncloa (eso para empezar, los ‘Pactos’ tan famosos, como desconocidos, para la inmensa mayoría de los currantes que los padecerían inmediatamente después sin sospechar, los muy ilusos, de dónde y por qué les caían las hostias a pesar del ‘Certificado de buena conducta’, que les habían otorgado ‘sus democráticos representantes’.

En aquellas fechas, 1975-1979, fui testigo privilegiado de la milagrosa ‘resurrección’ de la UGT (bien que con el visto bueno por entonces imprescindible del capo Carrillo y el servicial Camacho-CeCeOoOoooo… que obedientemente, ya les llegaría el ‘regalito’, ataron sus caballos hasta que el ‘nuevo’ sindicato del nuevo partido fabricado en Suresnes se hiciera con una parte de la afición moderada-socialista-trabajadora). Las ‘siglas’ todavía clandestinas de los nuevos socialistas celebraron su Congreso antes que nadie y como si tuvieran todos los papeles en regla (que los tenían con el aval de Langley), a bombo y platillo y por todo lo alto –recuerdo una portada de la revista democristiana ‘Cuadernos para el Diálogo’, la de Ruiz Giménez y ‘Vicentito’ Verdú y un jovencito y ‘antitrilateral’ Joaquín Estefanía-, e iniciaron, con el más que evidente ‘permiso de la autoridad competente franquista’, el reparto masivo de ilegales carnets protegidas por la ‘temible’, sólo para otros menos sumisos,  policía franquista. Hablamos de la misma UGT desaparecida en combate, es un decir, durante los cuarenta años de reinado de ‘Paca la culona’ (salvo honrosísimas y escasísimas excepciones, por lo del clavo ardiendo), que gracias a  la generosísima inyección de los marcos alemanes, asignados por la CIA (Soros todavía no era Soros), cristalizaron en el consiguiente florecimiento de miles de casas del pueblo –casi más que militantes llegó a decir algún ‘exagerao’ que por aquel entonces militaba en esas siglas-.

El ‘regalito’ al que me refería más arriba, las putas profesionales ‘con carnet’ no trabajan ‘de gratis’, se llamaba ‘Patrimonio sindical’, o sea, por un lado el enorme patrimonio robado por el franquismo a la UGT y, sobre todo, a la CNT de los años republicanos y por otro se sumaba el inmenso patrimonio pagado por la clase obrera bajo el franquismo, que este puso a nombre del ahora extinto Sindicato Vertical. Ya se pueden imaginar que la tarta se la repartieron los tres infames socios, bueno infames lo que se dice infames sólo dos, firmantes del famoso Pacto (el atado y bien atado de la ‘Paz Social’) de la Moncloa: CC OO, UGT y CEOE (la parte política del Pacto era puro adorno, lo sustancial quedaría un año después ‘atado y bien atado’ en la Constitución tutelada por el Ejército político heredado de Franco, por lo menos para ‘otros’ cuarenta años posfranquistas… ¿no?

‘Ella dejó la pregunta,
por así decirlo,
esperando en la puerta’.

ELOTRO


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