“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 13 de enero de 2018

13 de diciembre / 2017


Francisco Casavella
‘El día del Watusi’


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¡Oh placer del comienzo! ¡Oh madrugada!
¡Primera hierba, cuando parece que hemos olvidado
lo que es verde! ¡Oh primera página del libro
que te espera, tan sorprendente! ¡Lee
despacio, demasiado rápido
hará que lo no leído se te quede en nada!
¡Y la primera salpicadura
en el rostro sudado! ¡La fresca,
fría camisa! ¡Oh comienzo del amor!
¡Mirada que se aparta!
¡Oh comienzo del trabajo! ¡Llenar de aceite
la máquina fría! ¡Primera maniobra y primer zumbido
del motor que arranca! ¡Y primera calada,
que llena los pulmones! ¡Y tú,
idea nueva!

(Bertolt Brecht)



*







La contradicción, se nos dice desde el discurso dominante y de forma explícita o implícita, es un cuerpo extraño que ha penetrado nuestro pensamiento, si así lo prefieren ‘transversalmente’, y que debe ser extirpado (¿por cuerpo, por extraño?). Como decía aquél (sujeto que en estos momentos no puedo poner en pie quién es o fue), el despliegue del ‘telón de fondo de la obviedad’ ayuda, ya a priori, a reducir drásticamente la ‘sensación’ de complejidad, de modo que así alivia en gran parte (además es muy cómodo y fácil de usar y ahorra engorrosas problemáticas gracias a eficaces soluciones concienzudamente estereotipadas) o tapa, encubre, elimina del todo o en gran parte cualquier aspecto o rasgo ‘visible’ de complejidad, y hasta el más mínimo indicio de existencia de cualquier tipo de contradicción y conflicto. Y de paso crea en las ‘cabezas’ la relajante ilusión, mediante el aplastante predominio de la ‘apariencia’ de lo obvio, que sutilmente nos informa de que la ‘cosa’ (la que sea: pongamos por esta vez  la OTAN previamente ficcionalizada por los medios masivos de desinformación), es muy fácil de descifrar (los auténticos criminales ‘siempre tienen nada que ocultar’) puesto que no existe, afirman, y ‘a la vista está’ (¿quién combate las apariencias? ¿Acaso no son las mismísimas apariencias las que paradójicamente nos dicen, reconocen, que resulta demasiado obvio que las apariencias engañan?) ningún impedimento para acceder a su ‘simple y verdadera’ realidad (o sea, lo real visto al interesado sesgo), y por lo tanto a las condiciones que supuestamente hacen posible su ‘adecuado’ entendimiento, explicación y comprensión (obsérvese que en la misma frase cohabita ‘civilizadamente’ el ‘obvio’ contrasentido), o sea, el completo y exacto (des)conocimiento de la ‘cosa’ en cuestión (¿una copia sin duda verdadera de un original sin duda falso?).

Les confieso que párrafos como éste me dejan, cuando inmediatamente después de escritos los releo (escribir es leer casi al mismo tiempo), algo confusa y exhausta, y sobre todo un poquito hundida en la miseria al constatar lo lejos que quedan estas palabras (¿será cosa del lenguaje utilizado, el del opresor, ese mismo que confiere a quién lo usa un aire de vileza juiciosa, prudente, razonable, mesurada, bienpensante, lógica...?) del objetivo ‘autoclarificador’ que, sin duda con demasiada ingenuidad, había motivado previamente este ejercicio de esclarecimiento de enigmas (por mucho que no pertenezcamos, de pleno derecho, al gremio de los investigadores ‘profesionales’, ya saben, el sueldo, los gastos y alguna cosilla más…), me refiero al incierto viaje textual que, si está usted todavía por ahí, nos ocupa, a los ‘aficionados’, por aquí.


Cuando lo obvio es convención es de facto patrimonio exclusivo del orden hegemónico, de donde se desprende que por parte del pensamiento crítico  se trata, obviamente una tarea harto difícil, de enfrentar, desvelándolo (¿se puede construir un texto serio en el que no hay lección que aprender? Aunque sin duda es cierto que hoy en día ya no se tropieza una con lecciones magistrales por el mundo, y eso que no escasean los autoproclamados maestros…), el carácter sin duda fáctico (y es por eso que la cosa nos crispa los nervios), pero falsamente obvio de tal convención. Es algo que, como lectora, no acabo de entender… eso mismo que servidora escribe (¿será cosa del tipo de lectura que, de forma tan obvia como indetectable, ‘a primera vista’ impone el opresor? ¿está en el propio lenguaje la resolución del enigma que el mismo lenguaje propone? ¿Qué es proponer un no-enigma comparado con no resolverlo?).

Pobre complejidad, es obvio (y al mismo tiempo contradictorio) que te he olvidado por completo.

ELOTRO


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1 comentario:

  1. Hay que asumir la contradicción.
    Eso sí, sin satisfacción alguna.

    Pero es el motor.

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