“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

jueves, 4 de enero de 2018

04 de diciembre / 2017


En España no hay unicornios

Carlo Frabetti


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“Si le toman el pelo, él se suma al cachondeo”
(Robert Walser)

Las novelas de Walser tienen mucho de autobiográficas. O por lo menos eso intentan parecer o al menos a mí me lo parece. (‘En una ocasión -escribe Walser en su novela ‘El bandido’- alguien aquejado del mal del orgullo me llamó impertinente. Con suma facilidad atribuimos nuestros defectos a nuestros conciudadanos, quienes no están ahí precisamente para eso. Tenemos que hacer buen uso de nuestros vecinos.’)

No puedo negar que me resulta muy difícil no quedar cautivada por lo que podríamos llamar el estilo-Walser. Por la forma y el contenido y el tono de esas frases (‘las personas de cierta clase, movidas por el amor y la indulgencia, apenas si conceden a los otros el derecho a existir’) que fluyen mansamente ora desde el Walser-narrador ora desde el personaje-bandido-Walser (‘Un nudo difícil de deshacer éste; pero vamos a intentarlo’). Se llega a sentir un placer y un cosquilleo muy especial (‘haga buen día o esté el tiempo variable’) durante la lectura de sus obras. Walser es un autor (‘dios de la exactitud, dame fuerzas para poner los puntos sobre las íes’) que me recuerda en ocasiones a Jaroslav Hasek y su soldado Schwejk y en otras encuentro sus ecos, (¡demasiado ruidosos!), en las historias y personajes (¡relativamente honestos!) del checo  Bohumil Hrabal (‘Y hasta aquí el calado de mis elucubraciones literarias’ porque ‘A todo el mundo le gusta creerse agudo e inteligente’).

(‘Edith lo ama. Luego volveremos sobre ello.’) Así comienza Robert Walser su novela ‘El bandido’. En la construcción de ese arranque, de esas dos primeras frases, en mi opinión ya queda fijado el tono, la voz, el modo-Walser (‘¿Acaso no es esto una prueba de la mayor y más grave falta de talento que uno pueda imaginarse?’) El bandido-Walser suele tardar en ‘registrar lo real’, pero cuando lo logra, siempre a su jocosa manera,  no sobra ni falta nada: (‘No tiene un solo amigo’, ‘Hace ya tiempo que sus buenas maneras crispan los nervios de mucha gente’) y como colofón y seguido… se dice a sí mismo cosas del tipo: (‘Lo olvidaré majestuosamente’).

Resulta además que tanto nuestro bandido como su narrador comparten un parecido y, podríamos decir, excelente criterio, autocrítico, irónico, sarcástico, sobre sí mismos: (‘Estén convencidos de que únicamente les contaré cosas de buen tono.’ ‘Y es que me tengo por un escritor distinguido, lo que tal vez sea muy insensato por mi parte.’) Pero sepan que, antes de recalar por estas líneas…: (‘En el extranjero, con la sola promesa de mostrar talento, me pagaban un sueldo todos los meses.’) Y ya se sabe que donde menos se lo espera uno puede llegar a oír: (‘No todos los hombres han sido llamados a ser útiles’.)  de donde sin mucho esfuerzo puede deducirse: (‘Sus palabras fueron para mí la posibilidad de seguir existiendo sin tener que hacer nada.’)

Sobre el héroe de la novela, el bandido, el autor no nos ahorra ninguna información (aunque, en todo caso contradictorio: ‘Siempre ha habido algo refinado en la incertidumbre’), ni el más mínimo detalle por insignificante que pueda llegar a parecerle al ocasional lector gandul, o con demasiadas e injustificadas prisas: (‘Solía limpiarse los zapatos él mismo, todas las mañanas a las once. A las once y media bajaba las escaleras a toda prisa. Al mediodía había casi siempre espaguetis, oh, sí, y se los comía siempre con mucho gusto. A veces se extrañaba de no haberlos aborrecido’). No sé ustedes, pero servidora no se puede quitar de la cabeza que el tal Pepe Carvalho leyó y quemó más de un librito de Walser.

Del bandido-Walser se nos dice por parte del autor Walser: (‘Tenía la costumbre de pensar siempre en alguna cosa, la costumbre de, por así decirlo, filosofar aunque nadie le diera nunca nada a cambio’. ‘Son muchos los valientes que carecen de valor, y muchos los orgullosos sin orgullo; muchos son también los débiles que carecen de la fuerza en el alma para reconocer su debilidad. A menudo vemos a los débiles presentarse como fuertes; a los enfadados, como alegres; a los humillados, como altivos; a los vanidosos, como humildes, como por ejemplo yo, que por pura vanidad no me miro nunca en el espejo, pues todo espejo me parece impertinente y descortés.’ ‘Hay que ver cómo mantenemos la atención en todas partes. Algunos podrían decir que es terriblemente cansado, pero es justamente lo contrario. Prestar atención resulta sumamente refrescante. Es la falta de atención lo que consume.’)
     

(‘Está bien, está bien. Me temo que ya he aburrido soberanamente al lector.’)

ELOTRO


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