“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 30 de diciembre de 2017

29 de noviembre / 2017




Jorge Riechmann:

“La conferenciante concluyó expresando su deseo utópico de “pertenecer a una comunidad para la cual no haga falta ningún requisito, salvo quizá participar en la aventura humana”.

Siguió un animado coloquio, al final del cual yo pregunté: bueno, quizá la cuestión de las identidades se plantea de manera algo diferente en esta nuestra era del Antropoceno, cuando todo se encamina hacia un colapso civilizatorio y no está asegurada ni siquiera la supervivencia biológica de la especie. Y han sido “ecologistas profundos” como Arne Naess quienes han replanteado de forma interesante este asunto, proponiendo una “expansión del yo” que permita incorporar mucha alteridad dentro de la propia identidad…

La respuesta de la filósofa me dejó bastante patidifuso. Vino a decir: sí, sin duda el mundo avanza rápidamente hacia un colapso catastrófico, ¿quién no se ha enterado? Pero pasemos al siguiente asunto, y vayamos enseguida a disfrutar de nuestra buena comida…

Me quedé bastante atónito, como decía. En este intercambio se evidenciaba una vez más cómo no nos creemos lo que sabemos. Una inmensa cantidad de conocimiento formulado desde un montón de disciplinas, y también transdisciplinarmente, nos advierte de inminentes catástrofes ecológico-sociales; pero hacemos una leve inclinación de cabeza, bromeamos con displicencia, y seguimos adelante con nuestra vida como si lo que sabemos cierto no fuese cierto.


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Cada cierto tiempo vuelvo al blog de Riechmann, es un sitio en el que siempre encuentro cosas interesantes, reseñas de libros, documentos, conferencias, artículos… de los más variadísimos temas, como corresponde a un intelectual, inusualmente prolífico, que además practica tan variados registros: poeta, ensayista, traductor, conferenciante, articulista, activista político, profesor universitario, editor...

No se puede negar que Riechmann es un tipo muy leído, muy erudito, no hay más que ver las numerosas citas y bibliografías que acompañan a sus textos, aunque éstos no superen las cuatro líneas, como se puede comprobar en su blog. A Riechmann lo he visto, hemos coincidido, no es que le persiga, en los más variados escenarios, en manifestaciones, en exposiciones de arte, en conferencias, en el suburbano… siempre con un libro en las manos y casi siempre tomando apuntes… me recuerda a un antiguo camarada del PTE, que, leído y anotado, salía casi a libro diario, y que sin embargo aparecía a medianoche y se sumaba a la ‘tropa’, aquellos que casi no leían ni un libro al mes o al año, a la pegada de carteles, las pintadas o el reparto de panfletos… era de origen gallego, bajito, rubiasco, enclenque y muy pálido; su nombre de guerra ‘Emilio’ y su labor consistía, según supe mucho más tarde, en la ‘formación ideológica’ de cuadros del Partido. No fue mucho el tiempo que milité con él, pero durante ese periodo me pareció un comunista ejemplar, por la coherencia de su praxis, digo.

Y ese temita, el de la coherencia o congruencia entre lo que se predica y aquello que se practica, es la razón por la cual he traído aquí el párrafo de Riechmann. Y es que me ha resultado muy curioso constatar su ‘estupefacción’ ante la evidencia palmaria de que la prestigiosa conferenciante no se creía una mierda de lo que fervorosamente predicaba, y ya tenía su mente, posiblemente desde el mismo momento en que fue fichada para el evento, puesta en la comilona que la esperaba tras su ¿deslumbrante? teorización. 

Gente poco seria, poco de fiar, decía Manuel Sacristán de los intelectuales ‘institucionales’, los de carrera (no por casualidad la figura del intelectual es, precisamente, una creación de la sociedad burguesa), de aquellos que entienden la coherencia en base y relación únicamente con su propia y exclusiva conveniencia. Claro que puede ocurrir que cuando un perro olfatea, despreocupado, el tronco de un árbol, descubra 'estupefacto' el tufillo de su propia meada… digo puede.

ELOTRO


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2 comentarios:

  1. No creo que sea cinismo ni doblez. Es más bien una oscilación pendular entre una (cierto que pequeña) esperanza de futuro y una desesperanza que nos concentra en el presente.

    "Al ver una esfinge planteando un dilema, huid del problema cambiando de tema..."

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  2. En fin, puede que sea cierto que ni doblez ni cinismo, pero dónde podemos encontrar la coherencia en un intelectual que se autodefine cono eco-socialista y milita y pide el voto para un partido que apoya a la OTAN, y que por si este pequeño detalle fuera poco, además presume de haber ‘fichado’, de tener en sus filas a nivel ‘de mando’ a un militar que ha sido hace bien poco gracias al PPSOE, Jefe del Estado Mayor, y con el visto bueno imprescindible del Pentágono, y que, en la práctica, ejerció como carnicero en la guerra imperialista contra Libia.
    Cinismo, doblez, en fin, las palabras son muy sufridas y los significados y significantes han quedado reducido a sucedáneos convencionales y lugares comunes de la ideología hegemónica… pero desde cierta ética hay cosas que no se pueden tolerar… desde cierta ética, digo.

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