“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

martes, 19 de diciembre de 2017

18 de noviembre / 2017


“Las venas abiertas de América Latina”

Eduardo Galeano


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“Mucho arrepentido por tu propio bien,
nunca por el suyo…”


Que en Alemania, precisamente en la ‘unificada’ Alemania del que fue mítico y finalmente implosionado ‘Muro de Berlín’, se monte una expo sobre ‘la influencia de la CIA en el arte’ no deja de ser una buena noticia y una mala noticia, aunque en el primer supuesto se trate de una noticia absoluta o relativamente anacrónica, un ‘desplazamiento en modo marcha atrás’ de 50 añitos, más más que menos.

Recuerdo que la primera vez que oí hablar, creo que fue a mediados de los años ochenta, del papel jugado por la CIA en concreto con respecto al ‘ismo’ expresionismo abstracto (por aquellos años servidora era devota de los Jasper Jones, De Kooning, Rothko –que se decía marxista-, Rauschemberg… aunque no solo, que conste…) pensé que al autor del artículo, que por otra parte tampoco fundamentaba muy sólidamente aquella que me parecía una  más que ‘delirante’ acusación, le había traicionado, cosa por cierto  más que comprensible, la pasión antimperialista-antiamericana.  Y es que servidora, aunque no se lo parezca, digo visto la carga grosero-sarcástica que por aquí vomitan, a algunos de los inéditos y ‘anónimos comentaristas’ de este blog, no nació ‘completamente’ sabida. 

Nos cuenta un anuncio, o un artículo, en ese sitio y a estas alturas vete tú a saber, aparecido en el diario.es del señor Soros miembro eminente del Club Bilderberg (los amos de la CIA, la DEA y demás inteligencias…) que en Plena Guerra Fría y hasta casi la caída del susodicho Muro berlinés, los empleados de la CIA se dedicaron a ‘moldear las sensibilidades estéticas del mundo moderno’. Un fino estilista el plumilla, ¿no es cierto? Lo que si debe de ser cierto porque lo dice quien lo dice, aunque lo diga con medio siglo de retraso, es que la intensa labor propagandística e ideológica de moldear (‘el arte como arma de guerra’) las mentes del mundo moderno de acuerdo a los sacrosantos intereses del amigo americano (Corea, Vietnam, Indonesia, América Latina…) no se limitó a las llamadas artes plásticas sino que abarcó, y apretó, todo el extenso campo de lo que llamamos CULTURA, así escrito y dicho en versales, incluyendo (aunque de cara al público culto fueran nominadas, y por tanto ‘no-tratadas’, como ‘neutrales’), a la ciencia y a las tecnologías ‘modernas’.

Se prestó apoyo financiero y logístico a todo sujeto, grupo, colectivo u organización con el mínimo ‘tinte’ cultural que ejerciera, incondicionalmente, de anticomunista convencido y convencedor-captador. Y allí donde extrañamente no existía sujeto, grupo, colectivo u organización subvencionable y por lo tanto instrumentalizable… pues tampoco era un problema insalvable, ¡será por millones de dólares para defender el mundo libre!, se creaba el tinglado anticomunista desde la nada, bueno algún comunista habría, y… ¡otra de ‘barras y estrellas’!

En el texto se puede leer que:
“La revelación por parte de medios estadounidenses en 1967 de los métodos de la CIA causó un escándalo y llevó a dimisiones, como la del poeta británico Stephen Spender, que dejó su puesto como editor de la revista literaria ‘Encounter’.”
Y es que muchos intelectuales descubrieron, lamentablemente siempre demasiado tarde, el CIA-engaño y, claro está, se sintieron ‘incómodos’ en su desvelado papel de colaboracionistas involuntarios de la propaganda ideológica del imperialismo norteamericano. Pero no se sabe de ninguno que devolviera los emolumentos. Se citan más de 20 revistas literarias financiadas alrededor del mundo: Francia, Alemania, Japón, Líbano… un caso especialmente doloroso para muchos, pongamos el quince por ciento, de los intelectuales ‘críticos e incluso filo-marxistas’ que cobraron y colaboraron, ¿sin sospecharlo?, con una publicación ideológicamente pro-norteamericana (Luego que se supo de la farsa propagandística, un portavoz de la CIA afirmó, aguantando a duras penas la carcajada ‘Pijus Magníficus’, que la revista sólo fue utilizada como tapadera), fue el de la prestigiosísima ‘París Review’, editada ‘de incognito’ por la CIA, primero en París y más tarde en Nueva York (no confundir con Langley que tontos no son).

Sobre una serie, también mundial, de ‘eventos’ bajo el epígrafe: ‘Congreso por la Libertad Cultural’ tienen ustedes (digo aquellos a los que, por problemas de agenda, no les venga bien acercarse a Berlín a ver in situ la expo: “La lucha por la mente de Picasso: la CIA y su influencia en el arte.”), puntual información de lo acontecido en el Madrid franquista realmente existente de los franquistas orgullosos de serlo porque para eso habían ganado una guerra, en las páginas del impagable libro de Gregorio Moran sobre ‘El cura y los mandarines’…

Hasta aquí los 'delirios' de hoy...

ELOTRO

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