Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 21 de agosto de 2017

21 de julio / 2017





“Es suficiente con haber creído percibir algunos errores de distracción en este gran genio (Pascal); es un consuelo para un espíritu tan limitado como el mío darse cuenta que los grandes hombres se equivocan igual que los vulgares.”
(Voltaire)

Lo fuera de lo común ha sido y suele ser de lo más corriente. George Sand, tan progre y feminista ella, currándose la limpieza de una versión presentable y digerible (para el bienpensante lector-comprador burgués)  de ‘Gargantúa y Pantagruel’, purgándola  de obscenidades y escenas y expresiones chabacanas y de mal gusto, ¿Cuántas páginas se salvarían?

Voltaire despreciando al mismo  Rabelais y calificándolo como simple y risible bufón (‘En la cultura antigua la seriedad trágica no excluía el aspecto cómico del mundo’) y autor soez e ininteligible.



El crítico británico, aristocrático hijo de clérigo y luego longevo espía soviético –se le descubrió en 1964, pero no se hizo público hasta 1979-, uno de los ‘cuatro de Cambridge’, además de asesor y pariente lejano de la reina Isabell II, sir Anthony Blunt ante ‘El Guernica’: "Picasso pertenece al pasado" (claro que mucho después, en 1966, rectificó y reconoció  “la talla de la obra y su genialidad compositiva”), y ya de camino, ¿otra excepción que sumar a su erudita pericia y acreditado  olfato?,  también criticó con saña el ‘lastimoso’ elitismo de Picasso en obras tan ‘fallidas’, en fin en fin, como los aguafuertes de ‘Sueño y mentira de Franco’: “Estas obras –escribió el joven crítico del Spectator- no pueden llegar más que a un limitado círculo de estetas”. Picasso por su parte declaró: “No, la pintura no se hace para decorar apartamentos. Es un instrumento de guerra para atacar y para defenderse del enemigo”.



También Günther Anders, hablando sobre la obra de George Grosz y su forma y contenido tan inasimilable por el Sistema (‘Grosz no sólo era un realista agresivo sino que, aún más, era realista porque era agresivo, por la repulsión que el mundo suscita en él’), en contraposición a lo que ocurrió con el Guernica (exposiciones itinerantes),  denunció cómo en otros casos de obras más esotéricas y semi-abstractas el Poder digería e incorporaba sin ningún problema el (verdaderamente inofensivo) arte ‘revolucionario’: “Colgar un desastre enmarcado, escombros surrealistas o tachistas en las paredes de villas sólidas e intactas, como si se tratase de decoraciones o muebles de prestigio, era considerado algo chic.”

El ‘herrero’ Martín Chirino, enalteciendo babosamente el ‘significado’ de la visita de Eisenhower a España en 1959, que trajo, afirma el artista isleño, al franquista terruño la modernidad, encarnada, según él, en un grupo de filántropos emprendedores (‘hemos venido para sacar provecho de vuestro atraso, para engordar a vuestra costa’), uno de los cuales le ofreció un suculento contrato que, la verdad, no pudo rechazar (¿le hicieron cosas inconvenientes en el culo?) y que lo convirtió ‘ipso facto’ en artista millonario con taller (forja) en Nueva York (Aunque las humildes herraduras de Cuenca aún quedan fetén en el curriculum del co-fundador del grupo ‘El Paso’). El antifranquismo tibio recompensado, una vez más, por el imperio (la CIA) en plena guerra fría-cultural  (Ya en la prolongación coronada del franquismo, el PSOE continuó con los pagos -carguitos, premios, compras de obras- porque, en palabras del padre Flanagan: ‘No existen chicos malos del todo’).



Y, no, no se preocupen, no traeremos a colación una vez más las estupideces críticas de Nabokov, Umbral, Benet o Goytisolo… (ya vale de tanto ‘hedor a semen y coño –desde Vespasiano sabemos que el dinero no huele- y sudor y olor rancio de recto penetrado’) porque para equivocarse, también en el elogio interesado, servidora, la chica de la ingle interesante y tan pendenciera como la que más, por sí sola se sobra y se basta… y conste que estas líneas no han sido escritas bajo los efectos de ningún alucinógeno, típica coartada de niñato que sólo conoce de oídas las intoxicaciones adictivas (y los auténticos contactos sexuales y sociales. Yo me entiendo).

Escribió Engels sobre el racionalismo abstracto: “La razón pensante se convierte en el único criterio de lo existente”.



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