Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 10 de agosto de 2017

10 de julio / 2017




“Creo que hubieras debido ponerle los cuernos más abajo, porque de este modo es incapaz de  ver lo que embiste”
(Anónimo)


En alguna parte he leído que ahora se lee más ‘sobre’ una obra que la obra misma. Es decir, que sólo se lee a los autores suficientemente conocidos y establecidos en el canon del Mercado, gracias a la benemérita labor de los críticos y divulgadores también cómodamente establecidos (existen  grados) y a sueldo de los medios e instituciones del establecimiento estatal. Me pierdo con tanto filtro. Al final, me pregunto, ¿qué se lee?

Da miedo pensar el día en que ‘El capital’ o cualquier otra obra de Marx, por nombrar un autor comprobadamente inasimilable por el Sistema, se haya convertido (la hayan por fin convertido) en una obra inencontrable, prácticamente inexistente, bien sepultada bajo un montón de adoquines pesados y voluminosos: estudios supuestamente críticos; compilaciones tramposamente jibarizadas; premeditados resúmenes quirúrgicos perpetrados por expertos en operaciones de vaciamiento de lo esencial y que, además, no lo ocultan, resultan ser orgullosos patanes que nunca han leído la obra original (Piketty) pero que igualmente, y es por ese motivo que les pagan tan generosamente a esos excrementos humanos, la parasitan, manipulan, falsean o vaya usted a saber qué… pero qué digo… de hecho, ahora que caigo, esto ya ocurre, en cierta medida resultado de la ‘política’ de los grandes amos del cotarro: proveedores y distribuidores, en algunas de las más grandes librerías que existen en Madrid, ya no digamos en las medianas y pequeñas cuyas ‘demandas’ nadie tiene en cuenta…

Y si no recuerdo mal, Néstor Kohan, el autor de ‘Nuestro Marx’, dibujaba en una entrevista un panorama parecido, aunque él incluía también las bibliotecas universitarias, en Buenos Aires… en fin, como observó  Pavese, que por algo fue agudo lector de Gramsci, ‘las masas viven de propaganda embustera’. Creo que se me está taponando el ojo del culo. Cambiemos de registro.



El que cuenta es el único personaje insustituible, escribió Pavese en su diario. Un diario que Piglia definió, y defendió,  como una obra escrita contra sí mismo. Un diario, ‘El oficio de vivir’, donde se tropieza con este apunte:
“¿Pero quién tiene el instinto de dividirse en dos, de buscar camorra con uno mismo?”

Bueno, lo cierto es que algunos, quizá una costumbre malsana, no tenemos que buscar mucho (suele bastar con no cerrar los ojos) para encontrar y enfrentar nuestras propias contradicciones. Lo difícil, pienso por el contrario, es encontrar un punto de fuga (que además se suele confundir interesadamente con un punto final) que permita esquivar y prescindir definitivamente de esas incesantes batallas de opuestos que toda persona, que esté viva, alberga y en cierta medida comparte con los otros mal que le pueda pesar. Digo los procesos, en su interior y, al mismo tiempo, en sus relaciones sociales sean estas las que sean. Y claro está que no entiendo por punto de fuga la alternativa de la sumisión (siempre incondicional aunque el sometimiento esté disfrazado de ‘consenso’) o la también entreguista  indiferencia o, para terminar y  no cansar, la pretendida ‘ausencia’ negadora del conflicto.

El auténtico peligro es encerrarse en la negación del conflicto y no saber salir. Y conste que salir del conflicto puntual no es vencer, es, en todo caso, razonar, superar. Lo que en su encadenada continuidad lleva ineludiblemente a un nuevo choque, a otro conflicto al que, nuevamente, hay que plantar batalla, hay que superar. Y en tal cosa consiste lo único que realmente merece, cuando se da, el calificativo de  victorioso: la victoria de la razón a lo largo del proceso práctico.

“Que es cien veces derrotado y 
otras cien veces lo vuelve a intentar”

Fundido en negro.

ELOTRO



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