Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 7 de agosto de 2017

07 de julio / 2007


“Macron y Libia: la Rothschild Connection”
Manlio Dinucci


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Beckettiana…

Hay, tirando por lo bajo, mil palabras con las cuales no contaba.
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Deplorable manía, cuando ocurre algo, querer saber qué es.
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¿No será una simple ventosidad? Las hay desgarradoras.
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Aguardo, sin impaciencia, que se repita.
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Sólo veo lo que se presenta muy cerca de mi; lo que veo mejor, lo veo mal.
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Ponían en ello un celo y una obstinación increíbles. No debí entender gran cosa.
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Aquí estoy a salvo, entreteniéndome en adivinar quién pudo infligirme estas heridas insignificantes.
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Se ponen cosas en marcha sin preocuparse de cómo hacer que se detengan.
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¿Y si, por cambiar, me ocupara un poco de mí? ¿Dejarme acarrear en el mismo carretón que mis criaturas?
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El aire, el aire, tratemos de ver qué se puede sacar de este viejo tema.
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Para que descansara de ver y de no poder ver.
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Aunque todo se vuelva oscuro, aunque todo se vuelva claro, aunque todo siga gris, el gris es el que se impone, para empezar, dado lo que es, pudiendo lo que puede, hecho de claro y de oscuro, pudiendo valerse de éste o de aquél, para no ser más que el otro. Pero quizá me hago ilusiones, en el gris, sobre el gris.
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Soy yo el que pienso, lo justo para escribir, yo cuya cabeza está lejos.
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Estas cosas que digo, que voy a decir, si puedo, no están ya, o no están todavía, o no estuvieron nunca, o no estarán nunca, o si estuvieron, o si están, o si estarán, no estuvieron aquí, no están aquí, no estarán aquí, sino en otro sitio. Pero yo estoy aquí.
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Pero no desespero de poder un día prescindir de mí, sin callarme. Sí, es de desear, acabar es de desear, acabar sería maravilloso, quien quiera que yo sea, donde estoy.
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No hay, pues, que tener miedo. Sin embargo, tengo miedo, miedo de lo que mis palabras harán de mí, de mi escondite, una vez más. ¿Y si hablara para no decir nada, pero absolutamente nada?
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Pero parece imposible hablar para no decir nada, se cree conseguirlo, pero siempre se olvida algo, un pequeño sí o un pequeño no, lo bastante para exterminar a un regimiento de dragones.
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Me hicieron perder el tiempo, trabajar inútilmente, dejándome hablar de ellos, cuando era menester hablar solamente de mí, al objeto de poder callarme. Me río de lo que acabo de decir.
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Que se vayan ahora, ellos y los demás, los que me sirvieron, los que aguardan, que me devuelvan lo que les infligí y que desaparezcan de mi vida, de mi recuerdo, de mis vergüenzas y mis temores.
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He aquí pues eso de que, debiendo hablar, hablaré, hasta que no tenga más que hablar. Dará lo que dé.


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