Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 6 de agosto de 2017

06 de julio / 2017


“Venezuela: sumisión, guerra y
periodismo de encubrimiento”
 Marcos Roitman



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“No puedo ver el encanto de follar y amar al mismo tiempo”


Nunca des por nada

Era parecido al nombre de una patología, un tipo de patología que tampoco recuerdo y que ni siquiera adivino  en qué pueda consistir. Claro que ponte a rebuscar entre las patologías: fiebre aftosa, peste avícola… Se puede pero cuesta. ¡ Y yo qué cojones sé de eso! Espera un poco y lo verás, te dicen… ¡No! ¡No tengo por qué aguantar ese disco!  Y es que mi memoria es así, como un despertar con un buen empalme: desconcertante, compleja y contradictoria, siempre arrastrando paradojas inconclusas. O eso me parecía y juraría que me sigue pareciendo. Pero me estoy saliendo del tema, como de costumbre. ¡Jodidas células sin disciplina!



¿Dónde estaba? Bueno y qué más da, como si eso tuviese alguna importancia para alguien. En cualquier caso: -¡Manoli! ¡Mande al chico a buscarme el hilo del relato! ¡y a paso ligero! Dos minutos tratando de recordar una chorrada y me derrumbo como una máquina de pensar sobrecargada. Y el caso es que uno se queda, como ya se podrán imaginar, en una posición político-social terriblemente jodida. Digo por el qué dirán esos pedorros y esas marimachos que lideran los medios de opinión. Claro que, ¿a quién le interesa lo que un don nadie pueda pensar? Tirando por lo bajo poco más o menos las mismas tonterías que pensamos todos, me atrevo a aventurar.



Lo importante es que no te pillen vulnerando las ideas directrices. Algo decididamente poco ético, cierto, aunque si la cosa queda en casa no pasa de tener que pasar un mal rato. La reprimenda suele ir de humillaciones en base a tu palmaria incapacidad mental y comentarios burlones y despectivos sobre tu cuerpo, especialmente los órganos genitales: que si la excesiva curvatura de la pija circuncisa, que si demasiadas canas y ladillas en el pelo púbico, que si tu obsesiva fijación a todas horas con las manualidades. Pero si para tu desgracia, como es el caso, te han pillado haciéndolo, es decir, cagándola cara y culo al público. Entonces la famiglia te da el piro inmediato y se te acaba el cuento desde ya.  Aunque no siempre se trata de ‘echar tierra al asunto’ o un: ‘Se cayó por la escalera de cabeza al bloque de hormigón’.

Todos somos reemplazables ipso facto. Y el caso es que no se trataba de la primera vez, ya había hecho alguna estupidez aquí o allá. ¿Quién no? Y es así como comienzas a hundirte silenciosamente, es decir, sin volumen por la cuenta que te trae, en el cieno. Justo al mismo tiempo que dejan de suministrarte la droga que –aspirada, fumada, comida, o metida por el culo- te permitía obtener, o en su defecto aparentar, un alto grado de eficacia en la obediencia automática. Aunque es cierto que nunca tenía droga suficiente, nadie la tiene -el adicto siempre hambriento y hacerle esperar siempre-.

Vamos, -te dicen a modo de cariñosa despedida- hazte idea de que has vuelto a nacer; y por las mismas quizás te convenga también cambiar de sexo e irte a mamarla a las antípodas. No olvides que tenemos sintonizada tu frecuencia –verídico, aunque suena como el camelo de siempre de la pasma. Pero nunca los ves ni sabes por dónde entran o salen. No son exactamente invisibles, sino más bien, difíciles de ver. Apenas atraen la atención-.

Junta el dinero o ya sabes. No seas panoli y rechaza absurdas tentaciones quijotescas, recuerda que nuestros matasanos plásticos también se dedican a las pompas fúnebres, un poco de aquí y un poco del más allá, seguro que te suena este estribillo. Mira, nena, estoy aquí para dar, pero si tú no quieres recibir no puedo hacer nada más.

Así que no te hagas la estrecha y lárgate, desaparece cuanto antes… ¡ah! Y tampoco esperes que te alivie del todo, recuerda que no se admiten reclamaciones. Y para acabar, tu chiste favorito: ‘Como dijo un juez a otro: Sé justo, y si no puedes ser justo, sé arbitrario’.

En fin, cariño, son gajes del oficio famigliar.




(¿Conclusión? Absolutamente ninguna. Se trata de una observación de pasada. Y ahora me callo, quiero disfrutar de mi medicación.)


ELOTRO



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