Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 4 de agosto de 2017

04 de julio / 2017








Günther Anders (leo que en alemán el significado de ‘anders’ es ‘otro’) es un gran pensador (fue destacado alumno de Husserl y Heidegger en Friburgo, 1921-1924) casi desconocido, incluso, aunque no tanto, en los muy elitistas círculos de ‘conocedores’ (En la red PODEMOS comprobar cómo sabandijas del tipo Alba Rico ‘filtran y expurgan’ el pensamiento de Anders). Y esta circunstancia es algo que, según voy avanzando en el conocimiento de sus textos, me parece que tiene una explicación muy sencilla, sus muy argumentadas opiniones han resultado ser definitivamente inasimilables por el Sistema. Y no se trata de una presunción teórica sino que tal asimilación, la del sujeto y su obra, resultó un rotundo fracaso que ‘ellos’ pudieron comprobar y recomprobar en la tozuda realidad práctica. Y el caso es que, como acostumbran, lo han intentado con mucha paciencia a lo largo de los años, cuando ya hubo que superar lo de la condena al ostracismo decretada por su activismo filocomunista. Anders fue expulsado, como tantos otros ‘rojos’, de USA en plena ‘guerra fría’. Pues bien, con ese posterior objetivo de cooptación o en su defecto ‘desactivación’, emplearon a conciencia todo su catálogo de obsequios, agasajos y ofrendas de premios y privilegios. Y ni por esas. Sin embargo la que fue su mujer en los años treinta, la famosísima Hannah Arendt, la del sutil enjuague de los totalitarismos, bien que hizo ‘carrera’ en tierras imperiales. No es que servidora desprecie la totalidad de la obra de Arendt, ni mucho menos, pero si quiero dejar constancia de lo que considero su más que aborrecible colaboracionismo anticomunista.



Al lío. Anders nació en Breslau (actualmente Polonia) en 1902, era judío y antifascista, y para colmo amigo y defensor público de Brecht. Así que no tuvo más remedio que huir del nazismo triunfante  y, acompañado por la fortuna, vía París llegó a USA donde durante unos años el doctor en filosofía se ganó la vida trabajando en diversas fábricas de Los Ángeles. Ya en 1947 fue nombrado profesor de Estética en la universidad de Nueva York. Pero la cosa duró poco, ya que la fría atmósfera de la ‘guerra fría’ le congeló en una inquietante imagen de comunista peligroso con todos los papeles en regla para ser deportado. Y así fue. En 1950 ya estaba de vuelta del paraíso de la libertad y se instaló en Viena.  
Pero el caso es que he leído unos pasajes de un texto titulado ‘La formación de las necesidades’ en el que Anders reflexiona y filosofa con mucho humor y aún más agudeza sobre la base de algunas experiencias que pudo observar o padeció en propia carne durante su estancia en USA, la más avanzada sociedad en técnicas de mercado y consumo.

Apalancados ante:
“El televisor, al que escuchamos con el corazón palpitante, aguardando que nos dicte nuestras necesidades…”

“Las mercancías nos traen de cabeza, nos tratan como si fuéramos su criado, un menor de edad, una presa acorralada, haciéndonos vivir sometidos a sus dictados”




Y es acerca de las mercancías y su perversa interrelación con los consumidores (‘relación llena de violencias no perceptibles’) sobre lo que se explaya Anders:

“Que Dios o la naturaleza hayan implantado en el hombre una ‘necesidad básica’ de consumir Coca-Cola, es una cosa que nadie sostendría, ni siquiera en el país que la produce; pero el caso es que allá, al otro lado del charco, la sed se ha adaptado a la Coca-Cola, y eso -y aquí llegamos al meollo del asunto- a pesar de que la función última y secreta de dicha bebida no es apagar la sed, sino producirla: esto es, producir, en concreto, una sed específica de Coca-Cola”

“Según Kant, con el deber hay que cumplir también cuando va en contra de las inclinaciones de uno, y sobre todo entonces”

Y sin que el término ‘fetichización’ aparezca por ningún lado, podemos leer cosas como estas:
“Lo imperativo no está en los eslóganes publicitarios sino en la posesión de los productos mismos, cuyas órdenes, aunque silenciosas, efectivamente no admiten objeción”

“Encarrilado en cierta vía, luego hay que continuar circulando por el mismo carril. Al final uno no acaba teniendo lo que necesita, sino necesitando lo que tiene”

“La estandarización de los deseos que anhelan los productos estandarizados”



Una vez cautivo:
“Quien necesita ‘A’ tiene que necesitar también ‘B’, y quien necesita ‘B’ no puede menos que renecesitar ‘C’; de otro modo que no sólo necesita una y otra vez ‘A’ (como en el caso de la Coca-Cola), sino generaciones enteras de mercancías; ‘B’ que le había pedido ‘A’, luego ‘C’, ya que ‘B’ lo exige, luego ‘D’, reclamado por ‘C’, y así ‘ad infinitum”

“Uno no puede sorprenderse de que incluso quienes no pueden permitirse la adquisición adquieran, sin embargo, las mercancías ofrecidas. Lo hacen porque aún menos pueden permitirse desobedecer los mandamientos, es decir, no adquirir las mercancías”

¿Les suena de algo?


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