Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 2 de agosto de 2017

02 de julio / 2017



El neoliberalismo  3/3

En los años ochenta, con leves diferencias y más o menos entusiasmo, la mayoría de los países europeos siguieron disciplinadamente la senda neoliberal: Miterrand-Francia, Felipe-España, Kohl-Alemania, Craxi-Italia, Papandreu-Grecia, Soares-Portugal… y años después: Salinas en México, Menen en Argentina, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Fujimori en Perú… etcétera…

En España Felipsoe consiguió rápidamente el 20% de desempleo lo que significó un imbatible record europeo. Se dice de Miterrand que él no quería pero que los mercados financieros ‘le doblaron el brazo’, como décadas después haría ‘la troyka’ con Grecia, y por eso tuvo que someterse e incluso matar a aquel fotógrafo de Greenpeace que inmortalizó sus pruebas nucleares en las antípodas de París.

La Thatcher, tan cruel ella, pudo incluso presumir (cachondearse) ante el socialista francés de que la tasa de desempleo en Francia era muy superior a la de la conservadora UK.
En fin, que tras el tratamiento de choque neoliberal, ya en poltrona hegemónica, se logró controlar la inflación en la OCDE, la tasa de ganancia primero se recuperó y luego creció y, a efectos de ‘redistribución’, los valores de la bolsa aumentaron cuatro veces más que los salarios. La tasa de paro se duplicó en la OCDE. Se recuperaron las ganancias pero no la inversión. La desregulación potenció la inversión especulativa y castigó la ‘productiva’ (a fecha de hoy, ¿les suena de algo?), lo que se tradujo en una sensible reducción del comercio mundial de mercancías.
Aún así, el capitalismo no volvió a las cifras de antes del 73.

Ante la cínica sorpresa de las preclaras mentes neoliberales se descubrió que el brutal (provocado) aumento del desempleo y, con ayudita subvencionada por las esquilmadas arcas públicas, las jubilaciones (la bromita demográfica no tiene puta la gracia) dispararon el gasto del ‘Estado fuerte’ (el thatcheriano antikeynesiano) y, en consecuencia o vaya usted a saber el porqué, se descontroló la deuda pública…etcétera…
Pero cuando parecía que el neoliberalismo había llegado al límite… hete aquí que la URSS implosiona o se desploma o vete tú a saber qué agente patógeno la tumba. El caso es que los acontecimientos ocurridos entre 1989 y 1991 amplían considerablemente el terreno de juego, y el otrora victorioso equipo neoliberal renace de lo que aparentaban ser sus cenizas…
Tanto en Rusia como en las nuevas repúblicas desgajadas de la antigua URSS como en los así llamados países satélites del bloque soviético, tomaron los mandos una nueva camada de fanáticos de Hayek que, sin ningún miramiento, saquearon (privatizaron en el argot mafioso) los bienes públicos en Rusia, Polonia, República Checa… aprovechando, entre otras cosas,  la extraordinaria sumisión de la clase obrera realmente existente en los llamados países comunistas del Este. En fin, el caso es que estos instructivos acontecimientos históricos, revelaron claramente en qué consistía el gran triunfo del neoliberalismo: en haber diseminado globalmente la idea de que no hay alternativas para sus principios y normas. Hegemonía, se llama.

ELOTRO (aunque he de reconocer que un 99%, no más, del texto lo he tomado de un viejo artículo firmado por un tal Perry Anderson)


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario