Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 1 de julio de 2017

31 de mayo / 2017


“La estrategia OTAN de la tensión”
por Manlio Dinucci


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Julia
4/4

-Vaya, lástima de conversación que no tuvimos en su momento oportuno, ¿no te parece? Claro que a la inversa, pienso ahorita que caigo, que tampoco en estos momentos has hecho mención alguna a la, por lo que luego pude confirmar,  fallida relación que mantenías por entonces con Julia, nuestra querida Julia, y que se dio justo cuando comencé, por si no lo recuerdas en fecha, a, según tú,  abusar sin medida del alcohol y a prodigar mis pecaminosas escapadas. Y ese escamoteo, si puede saberse, ¿a qué se debe, tesoro? Porque el caso es que, tonta de mí, aparté esa triste historieta muy lejos y traté de pensar en algo distinto que no tuviera relación alguna con tu compañera de aventura, Julia, nuestra querida Julia.

-Veo que aunque trataste de alejar esa historieta la sigues teniendo muy presente y cercana. Y me alegro. Pues bien, respondiendo, y con mucho gusto, a tu pregunta te diré que la triste historieta de mi relación fallida con Julia en aquellos lejanos tiempos simplemente no existió, nunca tuvo lugar, no hubo entre Julia, nuestra querida Julia y yo historieta alguna,  ni fallida ni de ninguna otra naturaleza. Esa relación, que efectivamente y desde este mismo momento ya es fallida, ha tenido, así, en perfecto pasado, la escasa duración de una semana si contamos con las horas del día de hoy. Así que, mucho me temo que alguien en su día  te contó, no niego que con la mejor intención, una bonita trola y tú, predispuesta como estabas a pesar de nuestro pacto, picaste ingenuamente el anzuelo. Como yo hoy. Y todo hace pensar, al menos así me ocurre a mí justo en este momento y lugar, que al otro lado del hilo, la caña y las manos que la manipulan pueden ser las mismas. Y me atrevería a asegurar que la buena intención que las guía, también.

-Si tú lo dices, vida…

Después de una pequeña cena, un polvo del siglo ponía fin al día. Tras arroparla, sin palabras, me fui a casa. A los dos nos gustaba porque esa despedida valía como provisional o definitiva.
Al llegar a mi guarida, comprobé que Julia, nuestra querida Julia, había depositado su copia de la llave en el buzón. Ninguna nota. Que yo sepa.

ELOTRO



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