lunes, 31 de julio de 2017

30 de junio / 2017


“Nuevo tratado de la ONU
sobre las armas nucleares”
Manlio Dinucci



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“Los límites de mi lenguaje significan
los límites de mi mundo”
(Ludwig Wittgenstein)


El neoliberalismo 1/3

No hay que confundir al liberalismo clásico del sigloXX con el neoliberalismo cuyo texto de origen es ‘Camino de servidumbre’ de Friedrich Hayek, escrito en 1944 (tampoco  debe de pasar desapercibida la descarada apropiación y desnaturalización de la palabra ‘servidumbre’, su significante y significado, por parte de ese destacadísimo ‘proveedor de contenidos’ a la ideología dominante, al servicio del amo explotador, que no de los siervos que verdaderamente se ven abocados a la auténtica servidumbre (esclavitud) sí o sí).

Hayek escribió su panfleto dirigido contra lo que consideraba un auténtico cáncer para el capitalismo, y al que llamaba estado intervencionista y de bienestar. Así que el neoliberalismo, como la ‘guerra fría’ y a la vanguardia del mismo bando ideológico, nace (fue nacido) justo después de la segunda guerra mundial. El neoliberalismo  luchaba contra cualquier límite que tratara de imponerse a los sacrosantos mecanismos del Mercado. Cualesquiera tipo de ‘intervención’ estatal en el Mercado era considerada por Hayek y los suyos como un ataque a la libertad económica y política. ‘La socialdemocracia intervencionista conduce al mismo desastre que el nazismo’ (Hayek dixit).

Con su panfleto a modo de Biblia arrojadiza, Hayek convocó la primera reunión internacional de célula en Suiza (Mont Pélerin, no confundir con Davos, sede posterior de gobiernos en la sombra pero ya fuera de la prudente clandestinidad) a la que asistieron destacados feligreses de Europa y Norteamérica (estos lógicamente muy cabreados con el ‘New Deal’ que padecían) como Milton Friedman, Karl Popper… y, agárrense,  por Spain: ¡Salvador de Madariaga! 

Sin embargo tenemos que disculpar la inasistencia (al acto fundacional de la Internacional Neoliberal) del que años más tarde sería amo de Wikipedia porque, a pesar de ser el más fanático seguidor de Hayek, a la criatura aún le quedaban unos veinte años para que su mamá se desembarazara de él y lo donara a la causa.


El caso es que Hayek y sus muy distinguidos secuaces siguieron maquinando y reuniéndose discretamente cada dos años junto a las acogedoras cajas fuertes acorazadas de la banca suiza. Lo discreto vino impuesto por el ‘inoportuno’ contexto internacional: político, económico y social. Las décadas de los cincuenta y sesenta fueron una época dorada de desarrollo capitalista ‘a pesar de las regulaciones y nacionalizaciones, y de fortalecimiento de las políticas sociales y ampliación de coberturas a cargo del llamado estado del bienestar’. No era pues el mejor momento para achacar al intervencionismo estatal y sus ‘injustificados’ gastos sociales, los ‘males’ del capitalismo. Pero Hayek y los suyos supieron esperar (¿órdenes?), ¡cómodamente!, el momento oportuno que, como era previsible, no tardó en llegar. Algo dejó dicho  el tal Marx sobre el temita de  la inevitabilidad de las muy diversas crisis cíclicas inherentes al modo de producción capitalista….

ELOTRO