Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 26 de julio de 2017

25 de junio / 2017



“Saber que, bah, eso no es nada”

Se está convirtiendo en un lugar común, digo entre los famosos charlatanes con ‘micrófono’ abierto en los ‘media’ (esos que ‘siguen’ las audiencias millonarias) afirmar que el mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación. Empequeñeciendo (lo real) que es gerundio. Eso es lo que hay.

Supuesto axioma este que se le suele endosar, para el caso lo mismo da que se haga con o sin fundamento, al multivalente e interesadamente ‘prestigiado’ Nietzsche. Claro que este ensalzado maestro de la duda y, aunque se diga mucho menos y más bajito, de la empanada mental, no se distinguió precisamente por tener un conocimiento muy exhaustivo del mundo real, fuera este propio o ajeno o mixto. Lo suyo era lo libresco-imaginativo, y era allí, en ese mundo sin incómodas  leyes ‘naturales y universales’ que ‘a todos’ se empeñan en afectar por igual,  donde nuestro exquisito ‘dudador’ se encontraba feliz, como una rata (encopetada) en una alcantarilla (ésta con riguroso derecho de admisión, el que da privilegio a ‘utilizar’ a todo mamífero roedor ‘con posibles’, a un ejército de mayordomos, doncellas, cocineros, jardineros y chóferes todos ellos convenientemente esterilizados física y mentalmente). Y, eso sí, siempre lejos y bien parapetados de la mayoritaria y vulgar chusma, del populacho que, como merece por nacimiento, malvive esclavizado, de los bárbaros iletrados que, cubiertos de harapos mugrientos y mohosos, olían a  sudor, a orina, a excrementos, a ‘pequeño mundo real’.

De eso se trata, de maximizar lo que da provecho, lo que produce ganancia y, por el contrario,  de minimizar lo que estorba, lo que incomoda, lo que toca los cojones ver y reconocer (Véase a la pacífica oposición democrática venezolana linchando y quemando vivos a indeseables ‘chavistas’). Se trata de dar peso a lo que interesa, de limar o eliminar lo que molesta. De magnificar y endulzar la ficción, la fantasía, lo ilusorio, el engaño. De reducir, abaratar o liquidar el mundo real que, habrase visto impertinencia,  desenmascara, y desnuda… y es que: ¡son tan terribles los azotes en las carnes desnudas!

Ahora, para volver al aspecto sombrío del asunto, apuntar que de su vil y abyecto clasismo el gran (Nietzsche) maestro de la duda nunca dudó (Acaso se trate en realidad del mismo sucio individuo que se entretiene en parecer múltiple, cambiando de registro, de acento, de tono, de estupidez)…de donde su tremenda maña con estas ‘indudables dudas’ que, por lo demás, cuentan con toda la apariencia de veracidad.

Estos tiempos que corren (sin hablar de ayer, sin hablar de mañana), que galopan, son los que dormían, los mismos.

El caso es que la duda cansa (por mucho que las conozca, siempre me dan que pensar) y, al final, desechos de fatiga o no pudiendo más de vejez…nos tienta aceptar ese anzuelo oxidado con todas esas golosinas, las que envuelven sus condiciones, me refiero a las de ‘ellos’ claro está, para así  tener, al menos, una paz coja… la suerte común.

(Pero cerremos este paréntesis para poder declarar, con buen ánimo, abierto el siguiente… que, según parece, no es nada en comparación con lo que me aguarda unos pasos más atrás… pero dejemos para otros la especulación impersonal y desinteresada, en la que la duración queda abolida.)

ELOTRO (Otra lectura de Beckett)


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