Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 9 de julio de 2017

08 de junio / 2017



Pablo Picasso / Guernica

L’Humanité :
«De Guernica il ne reste que cinq maisons!». «Dans les ruins de Guernica». Ataque de la Legión Cóndor. Cerdos. Era día de mercado. Gallinas y asnos sueltos. Alerta la campana. La gente grita, escapa. Tres horas y cuarto de bombas incendiarias. La villa vasca quedó asolada. Las primeras noticias aparecieron en la prensa francesa el 27 de abril, pero con las fotos del bombardeo de Durango, que fue anterior.


Picasso nunca participó en una guerra, nunca presenció una matanza o bombardeo: «¿Sabes que cuando pinté mis primeras guitarras nunca había tenido una en mis manos? Con el primer dinero que conseguí me compré una, después de lo cual nunca volví a pintarlas…». 

“¿Qué cree usted que es un artista? ¿Un imbécil que solo tiene ojos si es pintor, oídos si es músico o una lira que ocupa todo su corazón si es poeta? Bien al contrario, es un ser político, constantemente consciente de los acontecimientos estremecedores, airados o afortunados a los que responde de todas maneras. No, la pintura no está para decorar apartamentos, el arte es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo…”
(…)
En la trampa en la que estoy trabajando, y que titularé Guernica, y en todas mis últimas obras, expreso claramente mi repulsión hacia la casta militar, que ha sumido a España en un océano de dolor y muerte.


«¿Por qué cree usted que fecho todo lo que hago?». «Es que no basta con conocer las obras de un artista. También hay que saber cuándo las hizo, por qué, cómo, en qué circunstancias…».

«Si no sabes qué color utilizar, elige el negro».

Quien fijó la metamorfosis del Guernica fue la artista plástica Dora Maar, en un reportaje para la revista Cahiers d’Art. En el Museo Reina Sofía se conservan veintiocho de sus fotografías.

Esto no es un cuadro. Es otra cosa…». Un palimpsesto. Estratos de arrepentimientos. Tres semanas de sedimentos.
El 4 de junio dio el cuadro por terminado.


La inauguración del pabellón español ya iba con suficiente retraso… Por rezagado, el stand de España no aparecía en los programas, ni en la publicidad oficial ni en los mapas. Siga recto hasta el Trocadero, por donde Alemania y la Unión Soviética, y verá un edificio modesto, con muros prefabricados y armazones de acero.

Unos grabados titulados Sueño y mentira de Franco. Dieciocho viñetas para ridiculizar la gloriosa Erección Nacional: Cojones monumentales los de Paco; el miembro de la falange empalmado; cabalga cara al sol un marrano; valerosa cruzada al rescate de la Patria; travestido de maja por la Desgracia de Dios; oración a la Purísima moneda de duro; líbranos del rojo-masón. Las estampas se vendieron para sufragar al Frente Popular: doscientos francos con firma matasellada; las firmadas a lápiz, quinientos. Estaban bien de precio. La carpeta de aguafuertes incluía un facsímil con este verso:
Fandango de lechuzas escabeche de espadas de pulpos de mal agüero estropajo de pelos de coronillas de pie en medio de la sartén en pelotas–puesto sobre el cucurucho del sorbete de bacalao frito en la sarna de su corazón de cabestro–la boca llena de la jalea de chinches de sus palabras–cascabeles del plato de caracoles trenzando tripas–meñique en erección ni uva ni breva–comedia del arte de mal tejer y teñir nubes–productos de belleza del carro de la basura–rapto de las meninas en lágrimas y en lagrimones–al hombro el ataúd relleno de chorizos y de bocas–la rabia retorciendo el dibujo de la sombra que le azota los dientes clavados en la arena y el caballo abierto de par en par al sol que lo lee a las moscas que hilvanan a los nudos de la red llena de boquerones el cohete de azucenas–farol de piojos donde está el perro nudo de ratas y escondrijo del palacio de trapos viejos las banderas que fríen en la sartén se retuercen en el negro de la salsa de la tinta derramada en las gotas de sangre que lo fusilan–la calle sube a las nubes atada por los pies al mar de cera que pudre sus entrañas y el velo que la cubre canta y baila loco de pena–el vuelo de cañas de pescar y alhiguí del entierro de primera del carro de mudanza–las alas rotas rodando sobre la tela de araña del pan seco y agua clara de la paella de azúcar y terciopelo que pinta el latigazo en sus mejillas–la luz se tapa los ojos delante del espejo que hace el mono y el trozo de turrón de las llamas se muerde los labios de la herida–gritos de niños gritos de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de ladrillos gritos de muebles de camas de sillas de cortinas de cazuelas de gatos y de papeles gritos de olores que se arañan gritos de humo picando en el morrillo de los gritos que cuecen en el caldero y de la lluvia de pájaros que inunda el mar que roe el hueso y se rompe los dientes mordiendo el algodón que el sol rebaña en el plato que el bolsín y la bolsa esconden en la huella que el pie deja en la roca.

«Nadie toma en serio mis poemas, solo mi faceta como pintor. Peor para ellos…».

No se salvó de las críticas. El Guernica no gustó ni a los alemanes —lo tildaron de degenerado—, ni a los comunistas —a estos les iba más el realismo estalinista—, ni a facciones del Gobierno republicano español, que hicieron campaña para retirar aquel «espantoso desbarajuste» del pabellón, por «antisocial, ridículo y totalmente inadecuado a la sana mentalidad proletaria». El estilo solo complació a los colegas surrealistas del pintor.
Yo no soy surrealista. Nunca he estado fuera de la realidad. Siempre he vivido en su esencia.


Según Le Corbusier, el cuadro «no vio más que las espaldas de sus visitantes, ya que estos se sentían repelidos por él».

Este toro es un toro y este caballo es un caballo. También hay una especie de pájaro, un pollo o una paloma, ya no recuerdo exactamente lo que era, sobre una mesa. Y el pollo también es un pollo. Por supuesto, son símbolos. Pero no es asunto del pintor crear los símbolos, porque entonces mejor sería escribir directamente lo que uno quiere decir, en lugar de pintarlo.

Picasso se posicionó contra la alianza militar cuando firmó una carta de protesta colectiva dirigida al presidente Truman. Desde 1944 era miembro del Partido Comunista Francés, motivo suficiente para tener expediente abierto en la CIA y en el FBI. El agente David Canwell —a quien Picasso quiso regalar un arlequín— monitoreaba sus actividades en la Costa Azul. Recaía sobre él la sospecha de trabajar como espía para la Unión Soviética y como propagandista incondicional a part-time. Los policías de la Gestapo también estaban al acecho —a estos les regalaba postales del Guernica de recuerdo—. «Soy comunista y mi pintura es comunista… Pero si fuera zapatero, monárquico, comunista o lo que fuera, no haría mis zapatos de un modo determinado para expresar mis ideas políticas». 
Como elemento rojo subversivo, le prohibieron la entrada en Estados Unidos; sin embargo, hicieron la vista gorda con su obra.

El Guernica llegó a Nueva York en 1939, después de exhibirse en Oslo, Estocolmo, Copenhague e Inglaterra…
El propósito de estas tournées era recaudar fondos para los refugiados españoles.

«Estuvo veinte años trotando de acá para allá». Unos cuarenta y cinco viajes por más de treinta ciudades. «Cuando el MOMA lo restauró en el 57 es porque estaba hecho unos zorros».

…alertado (Picasso) por las gestiones que el régimen de Franco había iniciado para apropiarse del mural, decidió que el MOMA lo guardara.

Estaba claro que la pintura pertenecía al Estado español, que en su día pagó a Picasso un total de doscientos mil francos por el encargo. Nunca había recibido semejante cantidad por sus cuadros.


La extrema derecha tenía al de Málaga en el punto de mira: en 1971, un grupo falangista destrozó veintisiete grabados de la Suite Vollard expuestos en la galería Theo, y no se podían arriesgar a un atentado similar...



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