Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 8 de julio de 2017

07 de junio / 2017




TESTIMONIO: LO QUE LA EMPRESA 
"DECATHLON" 
MANTIENE FUERA DE NUESTRAS MIRADAS


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Sartre / Giacometti

“Una exposición de Giacometti es un pueblo. Esculpe unos hombres que se cruzan por una plaza sin verse; están solos sin remedio y, no obstante, están juntos; van a perderse para siempre, pero no podrían hacerlo si no se hubiesen buscado. Giacometti, cuando ha escrito sobre uno de sus grupos, ha definido su universo mejor de lo que yo podría hacerlo. Ha dicho que este universo le recordaba “una parte del bosque vista durante muchos años y cuyos árboles de troncos desnudos y esbeltos…siempre se me asemejaban a unos personajes inmovilizados en su andar y que se hablaban”. ¿Y qué puede ser, en consecuencia, esta distancia circular —que únicamente la palabra puede atravesar— sino la noción negativa, el vacío. Giacometti, irónico, desafiante, ceremonioso y tierno, ve en todas partes el vacío. No en todas partes, se podrá decir: hay objetos que se tocan. Pues precisamente Giacometti no está seguro de nada, ni de eso siquiera, pues semana tras semana, totalmente fascinado, ha visto cómo las patas de una silla no tocaban el suelo. Los puentes están rotos entre los hombres, entre las cosas; el vacío se hace presente aquí y allí: cada criatura oculta su propio vacío. Giacometti  ha llegado a ser escultor, porque tiene la obsesión del vacío. Acerca de una de sus estatuillas dice: “Soy yo, andando rápidamente en una calle envuelta por la lluvia”…


Giacometti es escultor porque lleva sobre sí su vacío a la manera que un caracol porta su caparazón, porque quiere darlo a conocer en todas sus facetas y dimensiones. Y tan pronto puede vérsele acomodado con ese destierro minúsculo que le acompaña permanentemente,  como  horrorizado ante él…
En otro lugar he intentado mostrar que Giacometti llegaba a la escultura como un pintor, puesto que daba a una figurilla de yeso el mismo tratamiento que si se tratase  del personaje de un cuadro: las estatuillas reciben una distancia imaginaria y fija. Puedo decir, a la inversa, que llega a la pintura como escultor, pues quisiera hacernos admitir como un vacío verdadero el espacio imaginario limitado por el marco…
¿Cómo pintar el vacío? Nadie, antes de Giacometti, lo ha intentado. En los últimos quinientos años, los cuadros están llenos a rebosar: todos los objetos del universo figuran en ellos. Giacometti comienza por expulsar al mundo de sus lienzos: su hermano Diego, completamente solo, en la inmensidad de un hangar: ya es bastante…
El arte de Giacometti es comparable al de un prestidigitador: sufrimos su engaño y somos sus cómplices. […] Giacometti ha comprendido hace mucho que los artistas trabajan en el dominio de lo imaginario y que nuestras creaciones son engañosas.”

(Jean-Paul Sartre: “Derriere le miroir”, 1957)





“A sus ojos, la distancia –lejos de ser un accidente- pertenece a la naturaleza íntima del objeto. (...) Sus figuritas son solitarias, pero si las colocáis juntas, de cualquier manera, su soledad les unirá en el acto, formarán una pequeña sociedad mágica.
(...) ¿Qué es, pues, esa distancia circular –que solo puede ser franqueada por la palabra- sino la noción negativa, el vacío?
(...) Giacometti se hizo escultor porque tiene la obsesión del vacío.

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(...) La propia estatua decide la distancia a la cual hay que verla (...). La escultura crea el vacío a partir de lo pleno; ¿acaso puede mostrar lo pleno surgiendo en medio de un vacío anterior? Giacometti intentó cien veces responder esta pregunta. Su composición La jaula corresponde 'al deseo de abolir el pedestal y de tener un espacio limitado para realizar una cabeza y una figura'. Porque aquí está todo el problema: el vacío será anterior a los seres que pueblan, será inmemorial, si –desde el principio- se lo encierra entre muros.

“(...) Giacometti enmarca sus personajes con relación a nosotros, conserva una distancia imaginaria, pero tales personajes viven en un espacio cerrado impuesto por sus propias distancias, en un vacío prefabricado que no llegan a llenar y que soportan en lugar de crearlo. Por consiguiente, ¿qué es ese vacío enmarcado y poblado sino un cuadro? Lírico cuando esculpe, Giacometti llega a ser objetivo cuando pinta.

(...) ¿Cómo pintar el vacío? Parece que nadie lo había intentado antes que Giacometti. Desde hace quinientos años, los cuadros están extremadamente llenos: se introdujo, en ellos, el universo por la fuerza. Giacometti comienza por expulsar el mundo de sus lienzos.

(...) En cada uno de sus cuadros, Giacometti nos remonta al momento de la creación ex nihilo. Cada uno de ellos renueva la vieja interrogación metafísica: ¿por qué hay algo y no nada? Y sin embargo, hay algo: esa aparición obstinada, injustificable y redundante. El personaje pintado es alucinante porque se presenta bajo la forma de una aparición interrogativa.



(...) La línea semeja una huida interrumpida, representa un equilibrio entre lo exterior y lo interior; se anuda alrededor de la forma que adopta el objeto bajo presión de fuerzas de fuera; es un símbolo de la inercia, de la pasividad. Pero Giacometti no intenta la finitud como una limitación sufrida: la cohesión de lo real, su plenitud y su determinación son un único y mismo efecto de su potencia interna de afirmación. Las 'apariciones' se afirman y se limitan definiéndose.

(...) Giacometti sugerirá una perfecta precisión del ser bajo la imprecisión del conocer.”



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