Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 3 de julio de 2017

02 de junio / 2017




“… donde hay ceniza, en realidad no hay nada.
Pon tu pie sobre la ceniza y apenas notarás
que has pisado algo.”

(Robert Walser)



Sobre los ‘Grundrisse’ de Marx / Francis Wheen

“(…) Tal como explicó, «por el bien del público es absolutamente imprescindible entrar en materia de forma concienzuda». Ciertamente concienzuda: esos garabatos nocturnos ocuparon más de 800 páginas manuscritas. Permanecieron en el olvido hasta que el Instituto Marx-Engels de Moscú los sacó de los archivos en 1939, y solo estuvieron disponibles para el público en general gracias a la publicación de una edición alemana en 1953, titulada Grundrisse der Kritik der Politischen Oekonomie. La primera traducción inglesa no apareció hasta 1971.



Los Grundrisse —como se les suele llamar en la actualidad— constituyen un volumen fragmentario y a veces incoherente, calificado por el propio Marx como un auténtico batiburrillo. Sin embargo, como eslabón perdido entre los ‘Manuscritos económico-filosóficos’ (1844) y el primer volumen de ‘El capital’ (1867), al menos disipa el error común de que hay una especie de «ruptura radical» entre el pensamiento del joven Marx y del Marx maduro. El vino puede madurar y mejorar en la botella, pero sigue siendo vino a pesar de todo.

Hay unas extensas secciones dedicadas a la alienación, a la dialéctica y al significado del dinero que retoman la materia donde la había dejado en los ‘Manuscritos de París’, siendo la
diferencia más llamativa que ahora funde la filosofía con la economía donde antes las trataba de forma sucesiva. (En palabras de Lassalle, era «un Hegel metido a economista, un Ricardo metido a socialista»). En el resto del libro, el análisis de la fuerza del trabajo y de la plusvalía anticipa su más completa exposición de estas teorías en ‘El capital’.

En la primera página propone que la producción material —«individuos que producen en sociedad»— ha de ser el fundamento de toda investigación seria de la historia de la economía. «El cazador o el pescador, solos y aislados, con lo que comienzan Smith y Ricardo, pertenecen a la imaginación desprovista de fantasía que produjeron los robinsones dieciochescos».
Los humanos son animales sociales, y la creencia de que la «producción» empezó con unos pioneros solitarios que actuaban independientemente «no es menos absurda que la idea de un desarrollo del lenguaje sin individuos que vivan juntos y hablen entre sí».

Los apartados de esta introducción —«Relación general entre la producción, la distribución y el consumo», «El método de la economía política», etc.— dan la impresión de que se trata de una obra rígidamente ordenada. Pero Marx nunca puede respetar un esquema durante mucho tiempo, y al poco ya está haciendo pintorescos excursos y digresiones.

En sus notas sobre la relación entre la producción y el desarrollo general de la sociedad en un momento dado, de pronto se detiene para maravillarse del duradero atractivo de los artefactos culturales. ¿Por qué apreciamos aún el Partenón o la Odisea, incluso cuando la mitología de la que surgen nos es hoy totalmente ajena?

“La idea de la naturaleza y de las relaciones sociales que está en la base de la fantasía griega, y, por tanto, del arte griego, ¿es posible con los selfactors, las locomotoras y el teléfono eléctrico? ¿A qué queda reducido Vulcano al lado de Roberts & Co., Júpiter al lado del pararrayos… la Ilíada con la prensa o directamente con la impresora? Los cantos y las leyendas, las Musas, ¿no desaparecen necesariamente ante la regla del tipógrafo y no se desvanecen de igual modo las condiciones necesarias para la poesía épica?”

(…)


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