Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 22 de julio de 2017

21 de junio / 2017

“El exhibicionismo de la violencia durante las protestas opositoras en Venezuela”



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Para Damián, por lo bien que cojea el hideputa.
Y para Tino, que no me lee pero me surte de lecturas.


La siesta

He tenido un sueño, lo normal, porque otra cosa no se puede esperar de un pibe tan soñador como yo. Empiezo. Estaba yo sentado en un velador, sólo hay dos en la terraza del Snack-bar ‘…y otro más’, sito, como cualquiera del pueblo sabe, en la esquina de una calle con otra calle. Ya digo, es el último refugio de la calle de las farmacias del pueblo antes de salirse de lo que es propiamente, el ‘polígano’ no cuenta, el perímetro urbano.

Cuando le estaba reclamando la reglamentaria tapa que, como tiene por puta costumbre, pretendía birlarme el siempre olvidadizo  Fermín, el mejor camarero del ‘…y otro más’, llegó ella y se sentó en la otra mesa. Era forastera, llevaba una minifalda de infarto  y apestaba a perfume. Y no me hagan mucho caso que mi napia no lo merece, pero me olía a  ‘Varón Dandy’, una colonia asquerosita que me suena porque yo mismo la usaba, y a litros. Con decirles que fue el regalo de bodas, con estuche de lujo, que me hizo mi suegra, poresita  que en gloria esté. Claro que de eso hace la tira de años, cuando todavía el menda se lavaba y usaba colonia.  



A lo que vamos, estábamos en que la rubia, porque la oxigenada se lo montaba de rubia, se sentó a mi lado. Debía fumar como un carretero porque llegó con un cigarro en las últimas y en un pispás se lió otro que encendió con el pitillo moribundo. Cuando yo fumaba, hace la tira de años, también los empalmaba. A Fermín lo despachó pidiéndole un cubata de Larios sin siquiera mirarle al careto.

Pero el truco de disimule de las canas, la colonia personalizada y las costumbres del fumeque y del bebercio no eran las únicas coincidencias entre la piba foránea y yo. Mientras el salío de Fermín se demoraba porque sí y porque le miraba fijamente las tetas, en servirle el cubata, ella sacó del fondo de su bolso-alforja de panadero, un libro, ¿qué libro?, pues esa es la cosa. 

Que era una novela de mi escritora favorita, la sin par: Elvirita Lindo. Y no se crean que ahí no quedó la cosa. Resulta que se trataba del mismo libro, el título es ‘Yo y el imbécil’, que mi menda tenía ya a mitad de lectura, y estudio con rayas a lápiz debajo de los renglones en muchas hojas, y que de momento había dejado, a la espera de la retrasada tapita, encima del velador con una servilletita de papel señalando la hoja sin terminar. Pensé que eran demasiadas las cosas que nos hermanaban y me atreví a abordarla aprovechando el asidero de lo similar y semejante de nuestros mutuos goces intelectuales. En principio se hizo como la tonta, hasta que le enseñé mi libro y a partir de ese momento siguió haciéndose la tonta pero ya sobre otras temáticas. La verdad es que no puedo poner en pie la cantidad de chorradas que pude largar y escuchar aquella tarde-noche en sesión continua que nos pasamos parlando ella y yo de velador a velador. Aunque Fermín acabó por juntarnos las mesas, les puedo asegurar y no creo equivocarme, que entre aquella criatura y yo no hubo el menor roce físico. Y no por falta de ganas ni de intentos por mi parte. Pero, que yo recuerde por lo menos hasta el decimoquinto cubata, no hubo manera, la hermandad no pasó, y luego Fermín me lo confirmó, de lo espiritual. En fin, el cuerpo siente y al entendimiento no le queda otra que comprender…



Estaba yo tratando de recordar cómo fue la despedida, y si habría logrado ablandarla y arrancarle alguna futura cita a mi nueva hermana intelectual, cuando apareció Fermín con la cuenta  y una extraña sonrisa de oreja a oreja… a la vista de los números noté que se me cerraba el estómago y luego empecé a mover sin querer queriendo las orejas como de alegría, pero era una falsa alarma porque en otro plisplás me dio tal retortijón que me doblé en dos, vamos, que me descuajeringó…

Menos mal que luego desperté y, como ya se habrán imaginado, la tapita todavía no estaba allí.

¡¡¡Fermínnnnnnnn!!!!

ELOTRO

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viernes, 21 de julio de 2017

20 de junio / 2017






Juan Larrea 
El Guernica de Picasso

El 26 de abril de 1937 tuvo lugar en un pequeño rincón de la península ibérica uno de los sucesos que han conmovido y sublevado más a fondo la conciencia de nuestro siglo…

Era lunes, día de mercado y de gentío en la villa vasca de Guernica, no lejos de Bilbao. A las cuatro de la tarde apareció en su cielo despejado, primero uno, luego un segundo avión alemán, que mediante una docena de bombas bien calculadas, sembraron el pánico y la muerte en esa población indefensa de unos siete mil habitantes, rayana entonces, a causa de los desplazamientos de la guerra, en los diez mil. Vinieron enseguida las oleadas de aparatos Junkers y Heinkel que dejaron caer innumerables bombas incendiarias mezcladas con las mortíferas y, volando al ras, persiguieron con sus ametralladoras a las gentes que huían despavoridas por las calles, los campos y caseríos próximos.



Tres horas y media duró el esparcimiento de los pilotos alemanes y la complacencia de los generales Franco y Mola, cabezas desde hacía ya más de nueve meses de la insurrección contra la República. Al día siguiente la pequeña ciudad seguía ardiendo por sus cuatro costados. Hubo testigos en crecido número, los supervivientes de la villa, por supuesto. Mas también los hubo de fuera que acertaron -es un mal decir- a encontrarse allí en aquella hora fatídica, y corresponsales muy acreditados de -la prensa internacional -inclusive tan acreditada y conservadora como The Times de Londres. El crimen de lesa humanidad carecía de justificación en la mente de cualquier país civilizado.



Guernica, además de antigua capital del Señorío de Vizcaya y sede de las libertades del pueblo vasco, era un poblado comparable, por lo inerme, con una criatura. La mala acción sólo podía ampararse en los códigos de la estrategia terrorista del nazi-fascismo y en la conveniencia de ensayar procedimientos y tácticas de saturación desmoralizadora con miras a lo que se estaba ya maquinando bajo cuerda. Se encontraron entre los escombros y exhibieron no pocas bombas sin estallar de fabricación alemana (Rheindorf, 1936). Varios pilotos de la misma nacionalidad, capturados después, relataron con cinismo espontáneo y pormenores, la atrocidad cometida. En la mejor prensa del mundo circularon docenas de fotos del desastre así como retratos de los malhechores y de su documentación de origen. Nada de ello impidió, sin embargo, que las autoridades, las radios y los periódicos nacionalistas sostuvieran a coro la tesis de que ningún avión de los suyos había volado sobre Guernica.

Lejos de ello, decían, el siniestro había sido ejecutado, por los "rojos" mismos, naturalmente "bolcheviques" -siendo así que el pueblo vasco era con mucho el más católico de la católica España.



El mentiroso primero fue el "Caudillo por la gracia de Dios". A causa de la niebla reinante, ningún aparato de sus ejércitos había despegado aquel día, declaró al enviado del New York Herald Tribune. Pero ante la multitud y calidad de los testimonios y lo abrumador de las comprobaciones, no le quedó al Generalísimo más remedio que arriar banderas. Así el 3 de mayo confesó vergonzantemente al corresponsal del New York Times que "nada tendría de sorprendente que los nacionalistas hubieran considerado a Guernica como un objetivo. Es posible que unas pocas bombas cayeran sobre Guernica en los días en que nuestros aeroplanos operaban contra objetivos de importancia militar".



Habían sido más de dos millares. Prensa y radio facciosas le hicieron eco. He aquí unas muestras:

La noticia de que aviones extranjeros al servicio de la España nacionalista han incendiado y destruido Guernica es pura patraña. Guernica no ha sido incendiada por los nacionalistas, porque la destrucción es monopolio de los bolcheviques rojos. . . "
(Radio Salamanca, 27 abril, 1937)


Después de haber obligado a las gentes a encerrarse, en sus casas, grupos de milicianos recorrieron las calles con bidones de gasolina con los que prendieron fuego a los edificios. Después se arrojaron bombas incendiarias desde aviones.
(Unidad, San Sebastián, 3 mayo, 1937).

La destrucción de Guernica no ha sido obra de los nacionalistas ni ha sido causada por bombardeos aéreos. Al contrario, ha sido un acto de vandalismo salvaje perpetrado por los mismos rojos.
(El Diario de Navarra, Pamplona, 4 mayo, 1937).

Etc., etc. Tras el delito en sí, las obligadas calumnias del Bajísimo. Cundió el horror. Pero más que en el país vasco, conminado a rendirse, la ola desatada se expandió por el mundo entero. Durante muchos días la prensa internacional de casi todos los matices tradujo la indignación generalizada, mientras que en Londres Joachim van Ribbentrop pretendía justificar, por razón de sus sinrazones, la destrucción de la pequeña capital del pueblo vasco. Mas en Francia, en Inglaterra y Estados Unidos, en Bélgica y otros países de los cuatro puntos cardinales, se propagó el estremecimiento que provocan las monstruosidades apocalípticas. Hombres de ciencias, de letras, de Albert Einstein y de F. Mauriac y Jacques Maritain por abajo, historiadores, senadores, receptores de Universidades, presidentes de Seminarios Teológicos, obispos, etc., etc., estamparon de urgencia sus firmas horripiladas bajo los manifiestos condenatorios y los "llamamientos a la conciencia de la Humanidad" que se aplicaron en las grandes capitales.

Alcanzó grado tal la revulsión de las conciencias en los países civilizados, que pocos días después el primado de la Iglesia franquista, cardenal Isidro Gomá, estimó conveniente dirigirse a cada uno de los obispos españoles por carta fechada el 15 de mayo, a fin de hacerles saber que "el Jefe del Estado" le había indicado "pocos días antes" la conveniencia de que el Episcopado redactase un documento colectivo, y solicitaba de ellos su conformidad, Su propósito era, según lo puntualiza el mismo cardenal en otra comunicación de 7 de junio, al enviarles ya en pruebas de imprenta la indicada Carta Colectiva, reprimir y contrarrestar la opinión y propaganda adversa que hasta en un gran sector de la prensa católica, ha contribuido a formar en el extranjero una atmósfera adversa que ha repercutido en los círculos políticos y diplomáticos que dirige el movimiento internacional.

Así pues, como consecuencia de la abominable destrucción de Guernica se firmó por todos los prelados, la obra maestra de la propaganda facciosa, la Carta Colectiva de los obispos españoles a los de todo el mundo…”



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jueves, 20 de julio de 2017

19 de junio / 2017


“Igualdad de oportunidades” 
JOHN E. ROEMER

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“Walt Disney, el gran corruptor de menores
y la mayor catástrofe estética, moral
y cultural del siglo XX”

(Rafael Sánchez Ferlosio)



LA FORJA DE UN PLUMÍFERO
(llamado Ferlosio)

Etapas literarias

“Mi padre, pensando, sobre todo, en cierto culto estilista de escritores italianos, solía decir que lo peor que puede pasarle a un escritor es convertirse en autor de ‘bellas páginas’. Ése fue, sin embargo, mi primer gran yerro. Pero, tal vez cegado por el cariño y porque la invención era a veces divertida, no supo advertirlo en el Alfanhuí, donde no faltan ejemplos demoledores de ‘bella página’. Lo cual me ha sugerido ahora dividir, un poco abstractamente, tres fases de escritura como éstas: primero incurrí en ‘la prosa’, o sea, la ‘bella página (el Anfanhuí); después quise divertirme con el habla (El Jarama), y finalmente, tras años de gramática, encontré la lengua (representada no tanto en la última novela, sino particularmente en los escritos no literarios).



Contra Disney

“Hasta la crema de la intelectualidad se toma en serio inmundicias no sólo estéticas sino también ideológicas, como Casablanca o Lo que el viento se llevó; ya que las convenciones del ‘derecho narrativo’, además de ser ideológicas ya en cuanto formas o más bien fórmulas en sí, se han convertido también en eficaz instrumento pedagógico, potenciador de ideologías. El paradigma supremo de semejante función educativa es Walt Disney, el gran corruptor de menores y la mayor catástrofe estética, moral y cultural del siglo XX”.



Hipotaxis

“Cuando dejé toda lectura de obras literarias y empecé a dedicar mis ocios a la historia y a los documentos del ayer, especialmente de los siglo XVI, XVII y XVIII, creí poder sacar la conclusión de que el enorme desarrollo de la hipotaxis en el castellano se fue formando especialmente a partir del lenguaje administrativo y sobre todo del de la Administración de La Yndias, que acabó coronando en lo que yo llamo ‘la gran prosa barroca”.


“Lo que me hace desconfiar de estas filosofías o teodiceas mías es la recurrencia general y sistemática —que muchos pueden encontrar fatigosa y hasta fastidiosa— de la binariedad, no solo en parejas aisladas, sino, más a menudo, combinadas en grupos de opuestos y afines, como aquellas seis muchachas andaluzas que formaban dos grupos de tres hermanas cada uno, en que las del primero se llamaban Dolores, Angustias, Martirio y las del otro Remedios, Consuelo, Socorro”.


(Rafael Sánchez Ferlosio)

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“Por conocida se tiene –‘el que tiene, conoce’- a la anécdota o quizá más bien leyenda-urbana-escatológica sobre el emperador Vespasiano, que habiendo mandado instalar letrinas públicas de pago por toda la ciudad y dado que cierto cortesano de confianza -de la de poner las manos en el fuego-, le preguntase –de forma que pareciese intempestiva que era el modo y manera que había sido previamente consensuado entre las partes nunca pilladas con las manos en la masa y en plena rueda de prensa ‘presencial’- si no juzgaba impropio para el decoro del Imperio –aquí los periodistas ‘de provincias’ ahogaron ineficazmente y a coro sus convulsas carcajadas- recabar tributos de tan pudenda necesidad, tomó una moneda –tan falsa como las otras veintinueve que contenía el coqueto orinal que casualmente ése día decoraba  el atril imperial- y acercándosela a la nariz y olfateándola con evidente delectación y falta de entendimiento, dijo: Non olet…”

ELOTRO



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miércoles, 19 de julio de 2017

18 de junio / 2017

“Por qué Palestina sigue siendo el problema”
John Pilger



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‘Nunca pude consentirme el término medio’
(Fernando Pessoa)

Acabo de leer ‘La educación del estoico’, un texto, durante mucho tiempo inédito, obra del lisboeta Fernando Pessoa escrito en 1928 y que pertenece a uno de sus múltiples heterónimos,  un tal  ‘Barón de Teive’ (‘Una memoria intelectual de mi vida’) del que no tenía noticia.

Se dice que todos los heterónimos de Pessoa nacieron para salvar al autor de la vida que no soportaba. Y precisamente este Barón de Teive’, aristócrata y virgen, acaba por ‘salvarse’ vía suicidio, y después de quemar, ‘y a veces releer’, todos sus manuscritos.



Leo por mi parte en el epílogo biográfico que completa el librito, que la condición de aristócrata de este heterónimo confirma la ‘real’ fascinación que sentía el pequeño-burgués Pessoa por la nobleza. Mandó  incluso esculpir en piedra el blasón de su tatarabuelo, que fue capitán del Regimiento de Artillería del Algarve. De hecho nunca ocultó sus preferencias políticas monárquicas o su marcado elitismo clasista, aunque tampoco prescindió de sus posiciones de naturaleza ‘políticamente incorrectas’, para su época: ‘Cristo y el Progreso son para mí mitos del mismo mundo’ (…) ‘La absurda doctrina de un Dios omnipotente y bueno, pero creador del mal’ (…) ‘Los principios absolutos son falsos, ridículos y antiestéticos’.

En fin, quizás por eso escribió aquello de: ‘Descubrí por la falta, como se descubre la valía de todo’. Y también, bajo la firma de alguno de sus muy diversos heterónimos, ‘Empiezo a conocerme. No existo.’ (…) ‘Soy los alrededores de una ciudad inexistente, una figura de novela aún no escrita’.



Pessoa constataba, en su particular aprendizaje de la decepción, la ‘desemejanza entre lo que soy y lo que supuse que podría ser’. Y envuelto en sus meditaciones sin fin (‘Quien escribe no repara en que está hablando por escrito’), recordaba su infancia: ‘Lo abstracto siempre ha sido para mí más impresionante que lo concreto. Recuerdo que de niño no tenía miedo de nadie, ni de los bichos; pero sí que tenía miedo de los cuartos oscuros’.

Y de la visión en cierto modo poética de la infancia, nuestro tímido poeta (‘En el fondo no hay otra cosa que mi timidez y mi incompetencia para la vida’), también prosista, traductor  y ensayista se larga a filosofar: ‘Olvidamos que, por aquello que no hicimos, no fuimos; que la primera función de la vida es la acción, del mismo modo que el primer aspecto de las cosas es el movimiento’ (…) ‘No podemos dejar de sentir, como podemos dejar de andar’ (…) ‘No enseñes nada, ya que aún tienes que aprenderlo toco’ (…) ‘La certeza es el dominio de los locos, sólo ellos carecen de dudas’

Nos habla Pessoa del ejercicio de la razón y sus armas para erradicar el dolor: ‘Me había vuelto objetivo para conmigo. Pero no sé si con esto me había encontrado o me había perdido’. (…) ‘Pensar como espiritualistas, actuar como materialistas’ (…) ‘La creación de otro Yo que se encargue de sufrir en nosotros, de sufrir lo que sufrimos’.



Y para luchar contra: ‘la vasta red de imposibilidades en la que siempre me he enmarañado’. Y cita, con no poca autoironía, las múltiples formas de la mezquindad: ‘Dar poder a los vecinos a los que desprecias o a los amigos que nunca fueron íntimos’, o lo impropio de escribir sobre uno mismo: ‘Erigen en tragedias del universo, tristes comedias de sus propias vidas’ (…) ‘Hay algo de sórdido en suponer que el centro del universo se sitúa en nuestra barriga’ (…) ‘La dignidad de la inteligencia está en reconocer que es limitada y que el universo existe fuera de ella’ (…) ‘Nacemos sin saber hablar, y morimos sin haber llegado a saber decir’.


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martes, 18 de julio de 2017

17 de junio / 2017

Néstor Kohan - La vigencia del marxismo


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'Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado'
(RSF)

La realidad que echan por la tele nadie se la puede creer, nadie que yo sepa se la cree. Todo el mundo pronto o tarde se percata de que todo eso que ponen es un puro engaño. Se ve a la legua lo chapucero del escamoteo, y lo mal que disimulan el trocar lo de verdad por lo de mentira. Y es que no les casa, salta a la vista que no hay acople, que nada encaja, y se nota a la primera y además mucho…¡hasta ellos, por mucho que cierren los ojos, tienen que caer en la cuenta! Ya te digo…

La tele es mentirosa a todas horas no a ratos, esto también lo tengo comprobao. Digo yo que hasta el más cretino que to se lo cree tiene que notar que no es real, que las cosas no son así, porque sabe, a poco que sepa por la propia costumbre, abundo que aunque no sea muy despierto, que las cosas reales de la vida no ruedan así, que no es así la cosa vaya, que no hay más que ver ese orden tan descabalao…
¡qué lo va a ser!

“Le tiró la inclinación”

Esas historietas que salen cada dos por tres por la tele, ya sé que son las teles pero yo me entiendo, las sacan, y vete a saber de dónde,  porque les da la gana a ellos, al que sea, o porque les debe gustar eso de andar todo el santo día trapaceando. Debo aclarar aquí que ni el Basilio ni el Sebas me siguen en esto, y que por eso se me han desmitificao los dos. El uno, de golpe y porrazo muy moderno él, dice que soy un exagerao, que ni a todas horas ni todos los días ni que todo son patrañas, y es que el Basi, todo tiene su porqué, desde que se ha hecho de PODEMOS, y que conste que no me regocijo de tanta degradación, anda sobrao de tibieza reformista… ¡la madre que me parió que no tiene culpa ninguna!

“Volver a la normalidad”

Por cuenta del Sebas, y peor desde lo del Vargas Llosa y la Preysler, la cosa va de intelectual puro, osease, binario pero equidistante. Todo un despiporre, se ha asimilao a esos pelanas que no se comprometen ni siquiera con no comprometerse; que si sí, que si no, que si más o menos sueco o ni menos ni más sueco de lo necesario pero sí lo suficiente… y con el agregao de  la sentimentalina del ‘consenso’ y la adoración frailuna  de la ‘cohesión de todos cogiditos de la manita’ como meta a más no poder exclusivista… y Dios en la de todos… menudo cuajo se gastan… vamos, que la cabeza se les ha ido de las manos. En fin, ya digo, un fanático de la masturbación.

Sigo con mi, eso me achacan, inercia mental. También he pensao mucho, no me gusta caer tan bajo como los que largan sin fundamento, que algún provecho le deben de sacar a tanto embuste, si no, esa es la verdad, la cosa creo que no se explica. Yo por lo menos no acierto a penetrar ese empeño cerril en la patraña monda y lironda,  y quede claro que lo bautizo patraña porque bien que me fijo, aparte el atavío, en lo que lleva dentro y en lo que se le entiende y en el sentido de marcha. Y por lo más, insisto en lo pesao, en la usanza del machamartillo: ¡a todas las horas y todos los días sin falta! No respetan ni el merecido descanso.

“una imitación de una imitación”

Vuelvo a lo mismo. No hay quien me quite de la cabeza que algo buscan, seguro, eso seguro. Ahora para el bien entendido, y aún la certeza de que la tele no sea campo en el que crezca verdad, quede claro que a la tele, incluida la mía, todo el mundo le hacemos caso, eso también lo digo con todas las letras. Misterio que me consta y no replanteo que es cosa de ahora. Y lo mucho que me jode, que también quede por aquí. Pero las cosas de los hechos, tan tozudas como son. Como el asco que da todo.

ELOTRO


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lunes, 17 de julio de 2017

16 de junio / 2017




El Guernica y el oscurecimiento del origen del oscurecimiento…

‘Sin duda, algún día la fuerza de los hechos hará que también los teóricos acaben por reconocer…’ en fin, puestos a soñar… recuerdo haber leído que el propio Kissinger ‘reconoció’, treinta años después y como único error del genocidio que organizó y  patrocinó en Chile, el haber puesto al mando a un carnicero tan ‘exageradamente’ entusiasta como Pinochet. Sin embargo no recuerdo que Borges, el cieguito facha, el autor de ‘Historia universal de la infamia’ ‘reconociera’ su propia infamia a la hora de sacar pecho y lucir las medallas otorgadas por criminales ‘amigos’, como Pinochet o Videla. Claro que además de escribir bien,  era ciego, la criaturita…

Nelson Rockefeller no era ciego, al contrario, era un pájaro con mil, con millones de ojos y oídos (‘No hay asunto que no requiera la utilización de espías’ / Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’) propios aunque, eso sí, generosamente financiados por los contribuyentes USA: la CIA, el FBI... y alguna cotilla más).

Si el accidental lector de este blog pensaba que las entradas sobre el ‘Guernica’ ya habían llegado a su fin, lamento anunciarle que está en un error. Resulta que mi contrato basura con salario de miseria, como vigilante de sala, en el museo reina Sofía me está permitiendo, además de la observación pausada y meticulosa de la extraordinaria expo de Picasso organizada con motivo del 80 aniversario del Guernica, la lectura de artículos y ensayos (disponibles en puntos de lectura del museo) sobre el encargo y la realización de la obra y los avatares, artísticos y políticos, que ésta ha disfrutado y padecido en sus convulsos ochenta años de vida.



Digo que con cada nueva lectura se va reduciendo la espesa capa de veladuras que cubre al cuadro y su dilatada y jugosa historia. Les cuento un cuento cómico (‘Lo serio y lo cómico coexisten y se reflejan mutuamente. La verdadera risa no excluye lo serio: lo purifica de dogmatismo, de unilateralidad, de esclerosis, de fanatismo y espíritu categórico…’ / Bajtín) con el tal Nelson Rockefeller de prota.

Ocurrió que un voluntarioso intelectual de nombre Irving Petlin se hizo cargo de las 265 cartas firmadas por distintos intelectuales y científicos estadounidenses dirigidas a Pablo Picasso con la solicitud expresa de que, en protesta por el genocidio que el ejército norteamericano estaba cometiendo en Vietnam, retirara el ‘Guernica’ de la exhibición pública en el MOMA de Nueva York, donde por voluntad expresa del pintor se hallaba en custodia hasta que en España se reinstaurara la República o, al menos, existiese un gobierno democráticamente legítimo. (Apuntemos aquí que la razón principal por la que el Guernica acabó en el MOMA fue que, en medio de una de las ‘demasiadas’ giras itinerantes de exhibición, llegó a oídos de Picasso la noticia de oscuras maniobras del gobierno franquista para reclamar oportunistamente la propiedad del cuadro.)

Pero sigamos con Petlin y su misión de hacer entrega al pintor de las cartas petitorias escritas por los ‘indignados’ intelectuales norteamericanos. Petlin, que alguna tostá se olía, había declarado a la prensa que las cartas ya habían sido enviadas por correo al domicilio de Picasso en la Costa Azul. Pero en realidad su intención secreta era llevarlas personalmente  hasta Francia y entregárselas en mano a Michel Leires, que a su vez las entregaría a Picasso. Muy pocos conocían el plan del viaje, la fecha del vuelo. Sin embargo, Petlin recibió poco antes de tomar el vuelo una última llamada de Alfred Barr, capo del MOMA y perro de presa al servicio de Rockefeller – alguien que, obviamente, no debía estar informado-, para que desistiera de la empresa. Más de dos décadas después, en 1993, supimos que Petlin descubrió más tarde que su teléfono había sido intervenido y esto explica por qué Barr lo llamó antes de su viaje a París:

“Alfred Barr estaba informado, y también Roland Penrose lo estaba, y Michel Leiris lo estaba también”.

Putlin creía que, para cuando él estaba viajando a París (en secreto y con las cartas para Picasso), Roland Penrose había tomado contacto con Leiris para persuadirlo de sabotear la entrega del paquete de cartas a Picasso. Petlin había arreglado confiar a Leiris la tarea de dárselo a Picasso. Leiris era yerno de Kahnweiler (principal marchante de Picasso) y su socio en el negocio del arte. El sabotaje tuvo éxito. En opinión de Petlin, Leiris compartía, obviamente, los puntos de vista expresados por Barr y los integrantes del consejo de administración del MOMA, con Rockefeller a la cabeza, sobre la relación entre la política y el mercado del arte.



Otra del tal Nelson R.
Con motivo del 75 cumpleaños de Picasso, en plena guerra fría, se celebraron dos grandes exposiciones, una en Moscú convenientemente oscurecida, y otra, a bombo y platillo, en el MOMA de Nelson. Que Picasso, afiliado desde 1946 al partido comunista francés era, personalmente un caso perdido para ‘el mundo libre’ bajo la bota del imperio USA, era algo ya asumido por Nelson. Pero poderoso caballero es don dinero y el cabecilla de los Rockefeller sabía utilizarlo en provecho de la causa, la suya, por supuesto. No podía ‘comprar’ a Picasso, vale, pero sí podía comprar su obra. Así que ni corto ni perezoso, y asesorado por expertos, hizo una lista de siete grandes obras maestras que abarcaban todas las épocas del arte picassiano. La mareante cifra en millones de dólares era presumiblemente irrechazable e inalcanzable para cualquier otro modesto coleccionista de la Vía Láctea. Picasso, ¿inexplicablemente?, dijo no.

Unos años más tarde, el voluntarioso Nelson, compró un gran tapiz que reproducía el Guernica y lo regalo a la ONU para ‘decorar’ uno de sus salones principales. Pero la obra de Picasso, aunque ya desnaturalizada y oscurecida, parece que en pleno siglo XXI seguía siendo incómoda, políticamente incorrecta, para los intereses de Nelson y su camarilla:

“Comencemos por aquel momento de febrero de 2003 en el que la copia en tapiz del Guernica de Picasso que colgaba de la antesala de la Cámara del Consejo de Seguridad de la ONU fue recubierta, ante la insistencia estadounidense, ya que no «representaba un telón de fondo adecuado», explicaron, para las declaraciones oficiales ante los medios de comunicación oficiales acerca de la próxima invasión de Iraq. El episodio ha pasado a ser emblemático…”

Véase:
RETORT
“PODERES AFLIGIDOS
El Estado, el espectáculo y el 11 de Septiembre”



El 'Guernica', digo el crimen contra los trabajadores, no se acaba nunca...

ELOTRO


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domingo, 16 de julio de 2017

15 de junio / 2017



“En su ‘Estética’, a despecho de su inmenso talento, Aristóteles era ya un buen burgués, que prefería la injusticia al desorden”
(RSF)



“En uno de los pasajes más célebres y que más han preocupado a toda suerte de lectores de la Filosofía de la Historia dice Hegel así: «También al contemplar la historia se puede tomar la felicidad como punto de vista; pero la historia no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco. Cierto que en la historia universal se da también la satisfacción, pero ésta no es lo que se llama felicidad, pues es la satisfacción de fines que sobrepasan los intereses particulares. Fines de importancia para la historia universal requieren voluntad abstracta, energía, para ser mantenidos. Los individuos de significado para la historia universal, que han perseguido esos fines, han encontrado ciertamente satisfacción, pero han renunciado a la felicidad.» Esta dualidad de Hegel no es, en modo alguno, ninguna mera sutileza que pudiese despacharse como «cuestión de matices», sino una dualidad de términos diametralmente opuestos, que constituye el eje de giro de estas mis teologías. Es cierto que, al menos en el castellano de hoy en día, «felicidad»y «satisfacción» vienen a usarse como palabras casi sinónimas. En particular, el uso de«felicidad» encarece a menudo situaciones anímicas de cumplimiento de designios, de autoafirmación de yo o, en fin, de eso que un sujeto angloparlante suele celebrar con la exclamación «I did it!», por ejemplo, la victoria en un campeonato deportivo, pues no falta quien proclame esa victoria como «el día más feliz de mi vida». Lo cual me hace pensar si no será que en un mundo de sujetos cada vez más dominados por el paradigma competitivo del «ganar y perder», el lugar de la felicidad viene siendo usurpado y colmado por la satisfacción como única forma conocida de contento humano.”

Carácter y Destino. Rafael Sánchez Ferlosio



Respuestas, pecios, aforismos…

“En la Historia, hasta las derrotas son gloriosas”.

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“… lo humano es la amistad. Cuando se habla de cohesión social a mí me suena a pegamento. Siempre me ha parecido que se refiere a cosas. Con las personas lo veo improcedente”.

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“Hay que corregir para hacerlo bien, no para ganar”.

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“El capitalismo destruirá el mundo antes de desaparecer.”

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“las marionetas que tienen más cuerdas son los (sic) que disponen de más libertad de movimientos. Es una paradoja: la marioneta puede decirle a su liberador que no le corte las cuerdas porque quedará inerme en el suelo. Cuanto más complejas sean las cuerdas y contracuerdas –y eso es la cultura– más libertad de movimientos. Es una alegoría”.

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“No comprendo por qué crece el islamismo. La lectura del Corán es muy difícil” (…) “no creo que dure mucho la pretensión del califato. No por una derrota militar, sino por el fin de los ingresos del petróleo”.

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La hipotaxis conlleva sus riesgos (el anacoluto y quedarse sin respiración) y sus fracasos: tener que recurrir a “venía diciendo”.





El autor de Alfanhuí y El Jarama fue elegido en la cuarta votación (Premio Cervantes) por mayoría del jurado, presidido por el director de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de La Concha, quien afirmó que
"Se premia a un gran novelista, se premia a un gran ensayista, se premia a un soberano escritor"

Fernando Savater, por su parte, basó la justicia del Cervantes en que “así se premia el gran espíritu libre que ha caracterizado toda la vida de Sánchez Ferlosio”

Ante estas declaraciones, el aludido contestó:
"¿Espíritu libre? ¿Yo? ¡Bah! Nunca he sabido lo que es eso. Dicen que soy un individuo autónomo del siglo XVIII... ¡Qué autónomo ni autónomo! ¡La libertad no existe! Somos sólo un cruce de muchas influencias, unas peleadas y otras que se llevan bien...”
Y remató:
“Y uno no se da la ley a sí mismo!”
Luego apostilló, pero sin pedir disculpas:
“Yo soy muy pesado, muy pesado, y no soy precisamente un best-seller, sino más bien lo contrario: soy un worst seller...".

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Más sobre Ferlosio aquí:


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sábado, 15 de julio de 2017

14 de junio / 2017

“La bandera de Estados Unidos ondea sobre los tres mares de Europa”

Manlio Dinucci


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“Hay hombres que se atreven a quejarse de que son esclavos de su despertador, cuando son ellos mismos los que los ponen en hora en el momento de acostarse…”
(Georges Simenon)


“En su artículo sobre Rabelais, A. Vesslovski define en estos términos la importancia social del bufón:

«En la Edad Media, el bufón es el portavoz privado de los derechos de la concepción abstracta objetiva. En una época en que la vida estaba reprimida en los marcos convencionales de los estados, de las prerrogativas, de la ciencia y de la jerarquía escolásticas, la concepción del mundo se adaptaba a las funciones de esa situación y era alternativamente feudal, escolar, etc.; expresaba su fuerza en uno u otro medio, que era a su vez producto de su capacidad vital. La concepción feudal consagra el derecho a oprimir al siervo, a despreciar su trabajo servil, consagra el derecho a guerrear, a perseguir a la gleba, etc.; la concepción escolar es el derecho a un conocimiento exclusivo fuera del cual nada merece la pena estudiarse, ya que podría perturbar el orden establecido, etc. Toda concepción que no coincidía con la de tal o cual estado o profesión determinada o derecho establecido era eliminada sin consideraciones, se la despreciaba y se la enviaba a la hoguera a la menor sospecha; se la admitía sólo cuando se presentaba con una forma anodina, cuando causaba risa sin pretender ningún derecho en el plano de la vida seria. De allí proviene la importancia social del bufón.»



“Sería muy interesante escribir la historia de la risa. Nadie se ríe  en la iglesia, en el palacio real, en la guerra, ante el jefe de oficina, el comisario de policía o el administrador alemán. Los sirvientes domésticos no pueden reírse en presencia del amo. Sólo los pares (o de condición igual) se ríen entre sí. Si las personas inferiores pudieran reírse de sus superiores, se terminarían todos los miramientos del rango. Reírse del buey Apis es convertir al animal sagrado en vulgar toro».
(A. Herzen)





“La risa fue sin duda una forma defensiva exterior, fue legalizada y se le concedieron privilegios, fue eximida (hasta cierto punto) de la censura exterior, de las persecuciones y de las hogueras. No hay que subestimar este detalle. Pero es inadmisible reducir la risa a esta única función. La risa no es una forma exterior, sino interior que no puede sustituirse por la seriedad, so pena de destruir y desvirtuar el contenido mismo de la concepción expresada por la risa.
La risa superó no sólo la censura exterior, sino ante todo el gran CENSOR INTERIOR, el miedo a lo sagrado, la prohibición autorizada, el pasado, el poder, el miedo anclado en el espíritu humano desde hace miles de años. La risa expresó el principio material y corporal en su auténtica acepción. Permitió la visión de lo nuevo y lo futuro.  Por lo tanto, no sólo permitió la expresión de la concepción popular antifeudal, sino que contribuyó positivamente a descubrirla y a formularla interiormente. Esta concepción se formó durante miles de años, protegiéndose en el seno de la risa y las formas cómicas de la fiesta popular. La risa descubrió al mundo desde un nuevo punto de vista, en su faceta más alegre y lúcida. Sus privilegios exteriores están indisolublemente asociados a sus fuerzas interiores. Sus privilegios exteriores son en cierto modo el reconocimiento exterior de sus derechos interiores. Por eso fue que la risa nunca pudo ser convertida en un instrumento de opresión o embrutecimiento del pueblo. Nunca pudo oficializarse, fue siempre un arma de liberación en las manos del pueblo.

A diferencia de la risa, la seriedad medieval estaba saturada interiormente de sentimientos de terror, de debilidad, de docilidad, de resignación, de mentira, de hipocresía, o si no de violencia, de intimidación, de amenazas y prohibiciones.

En boca del poder, la seriedad trataba de intimidar, exigía y prohibía; en boca de los súbditos, por el contrario, temblaba, se sometía, adulaba y bendecía. Por eso suscitaba las sospechas del pueblo. Se reconocía en ella el tono oficial. La seriedad oprimía, aterrorizaba, encadenaba; mentía y distorsionaba; era avara y débil. En las plazas públicas, en las fiestas, frente a una mesa bien provista, se derribaba la seriedad como si fuera una máscara, y se expresaba entonces otra concepción a través de la comicidad, la burla, las obscenidades, las groserías, las parodias, las imitaciones burlescas, etc. El miedo y la mentira se disipaban ante el triunfo de lo material-corporal.
Sería erróneo, sin embargo, creer que la seriedad no influía en el pueblo. En tanto había razones para tener miedo, en la medida en que el hombre se sentía aún débil frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, la seriedad del miedo y del sufrimiento en sus formas religiosas, sociales, estatales e ideológicas, tenía que influir fatalmente. La conciencia de la libertad era limitada y utópica. Por esta razón, sería erróneo creer que la desconfianza que el pueblo sentía por la seriedad y su preferencia por la risa tuvieran siempre un carácter consciente, crítico y deliberadamente opositor. Es sabido que muchos desenfrenados autores de parodias de textos sagrados y del culto religioso eran personas que aceptaban sinceramente ese culto y lo cumplían con no menos sinceridad. Una demostración de esto es que muchos hombres de la Edad Media atribuían a las parodias finalidades didácticas y edificantes. Así lo atestigua un monje de la abadía de Saint-Gall cuando afirma que las misas de borrachos y jugadores tenían por finalidad apartar a las personas de la bebida y del juego, conduciendo a los estudiantes por la senda del arrepentimiento y la corrección.”

(Mijail Bajtin)


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