Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 28 de junio de 2017

28 de mayo / 2017




Julia
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Por Julia supe que estaba enferma, recluida en casa, que no salía del catre y que se negaba a probar bocado.
Fue terrible comprobar  que había adelgazado tan alarmantemente, hasta convertirse casi en un esqueleto. También, recalcó, había renunciado a la bebida. El alcohol, esa tontería pensaba por entonces, nos había separado. Sin embargo fue ese dato, sumado a las lágrimas e insistentes tirones de  Julia, lo que me empujó a visitarla. Un año después, sin el menor  contacto, de nuestra traumática ruptura.

También había sido un año muy difícil para mí. Sin ella, y para mi sorpresa, mi vida se  hundió súbitamente en un agujero negro. Fue como dejar de existir, estaba casi muerto dentro de mí, al menos en gran parte porque, y de qué manera, para la soledad y el dolor sí que existía. Hasta el mismísimo momento de la separación no tuve conciencia clara de lo que valía realmente mi relación con ella. Aquella mujer, la de por entonces, sabía disfrutar, y hacer disfrutar, más que nadie que yo haya conocido en mi vida. Y de repente, y cierto que en gran parte por voluntad e iniciativa propia, me vi privado de sus conversaciones, de su generosa capacidad para escuchar, explicar y al mismo tiempo recibir… sí, por supuesto que siento añoranza por aquel ser… al que les aseguro que no es nada fácil renunciar.

Por mediación de Julia, su única y fiel amiga y, lo que son las cosas, mi pareja actual,  conocí que el alcohol fue precedido, mientras yo debía estar cazando cornamentas en Babia, por un sujeto que primero la encandiló y que, al poco de entregarse incondicionalmente a él, se dio el piro sin más trámites.  Pero todo eso había ocurrido hacía más de un año y es ahora que ella, en las últimas semanas de voluntaria reclusión, ya que rehuía mezclarse con la gente, decía que le atacaban los nervios, contaba Julia, y que temía sus palabras y sus miradas sabihondas, hirientes y despiadadas.

Por mi parte no sabía cómo enfrentarme con esta rara situación, en fin de cuentas ignoraba cual sería su reacción al verme de nuevo allí. Julia, que me había entregado la llave, se negó sin embargo a acompañarme. Allí me planté, en su casa que había sido nuestra casa y  junto al lecho que durante tanto tiempo habíamos compartido…

 ELOTRO



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