Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 25 de junio de 2017

25 de mayo / 2017


BAJO LA MIRADA DE CALÍGULA
Margaret Thatcher como fetiche cultural

Íñigo F. Lomana



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"La totalidad se define por sus límites"

Me paso la vida discutiendo mentalmente conmigo mismo. Lo que no es mucho decir, pero hablo por hablar, por escribir. Como Malone. Aunque ni hablando ni escribiendo quiero demostrar ni demostrarme nada. Es eso lo que se dice, ¿no? Aunque me interesan más los destellos de lo que no se dice. De lo que no digo. Ah, sí, tengo pequeñas distracciones.

Y puesto que cada día me resulta más difícil la comunicación en la vida ordinaria (con sus coactivas reglas jerárquicas y de conducta), incluidas las redes donde también he fracasado, aunque por poco; me dedico a poner en marcha la máquina ficcional, o sea, me aplico en garabatear cuadernos. En los cuadernos cuento todo tipo de niñerías que no pueden dejar de contarse. Bien que también es cierto que algunas veces se abusa de ese ridículo romanticismo que deriva en un subjetivismo pretencioso, inflado de íntima profundidad y supuestamente complejo e inagotable. Pero hay mucha burla en esos textos bufonescos, e incluso en sus páginas se llega a escarnecer a los mismos burladores, ya que no están escritos a lo melindroso. En el mundo están incluidos, además de la gente seria que no cabe en sí de contento porque vive de puta madre a costa del orden, los que malviven y se ríen del mundo. Y es que también somos risibles. Quizás todo sea un reflejo de cierta cosmovisión carnavalesca, que dicen los finos (esa reata de borricos) cuando quieren cubrir púdicamente el grotesco descaro vivencial de la clase baja de los cuerpos: los vientres, los culos, los órganos sexuales…

Y es precisamente ese fanático afán censurador de las cabezas (clase alta corporal) bienpensantes el que resulta particularmente esclarecedor a la hora de comprender el porqué de la necesidad de liberar a los cuerpos (las personas) de las formas de necesidad inhumana en que se basan las ideas convencionales. Las ideas convencionales-dominantes que, como no puede ser de otra manera, son las de la clase dominante. Los finos estilistas al servicio del orden explotador establecido (y que niegan implícitamente la lucha de clases y en consecuencia las relaciones sociales de dominación) hablan, en su correctísima y fantasiosa jerga, de la fuerza desconocida que moviendo los hilos desde las insondables alturas celestiales rige a su capricho el funcionamiento, que aseguran inmutable, del mundo (cual teatro de marionetas). 




Hubo quien dijo, un fino que cita a Brecht en vano, que es absurdo denunciar la manipulación de las imágenes puesto que todas las imágenes del mundo son el resultado de una manipulación. Lo dijo por escrito sin ampliar su aserto perogrullesco al propio lenguaje, o sea al terreno textual. Se ve que su propia manipulación le pareció redundante y por lo tanto superflua. Y también olvidó hablar sobre el carácter, el grado, la intencionalidad o el significado de cualquier concreta manipulación. Porque efectivamente yo puedo encuadrar (manipular) una parte (del todo) de una foto y descartar o eliminar el resto. Y por otra parte también puedo respetar el tamaño completo (el encuadre original) de una foto dada y proceder a borrar (manipular) parte de su contenido camuflando la intervención (por ejemplo la demasiado famosa imagen de Trotsky junto a Lenin que el estalinismo manipuló).  Como verán en esta ocasión no he elegido los miles de ejemplos actuales de manipulación de textos, imágenes y sonidos con que nos obsequian incesantemente los prestigiosos medios de desinformación y embrutecimiento sobre Siria, Irán, Venezuela, Corea, Cuba o Spain…

En fin, que desconfiar está bien, incluso diría que muy bien. Pero generalizar está mal, incluso diría que muy mal. Y es que a los marxistas nos gusta concretar, nos pierde el deseo de perseguir la verdad (sospechamos que siempre es revolucionaria. Siempre). Ah, sí, tenemos nuestras pequeñas distracciones.

ELOTRO


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