jueves, 22 de junio de 2017

22 de mayo / 2017





¿Mundos opuestos?

Arte como fenómeno
“Cuando las tomó, Larry Fink era un veinteañero desconocido y buscando la revolución, Warhol y su troupe ya eran todo en Nueva York. A Fink le encargaron las fotos para el segundo número de la revista literaria East Side Review, que nunca llegó a publicarse, Fink podría haberlas publicado y haber alcanzado esos cinco minutos de fama que Warhol regalaba por su presencia. Nada le podía interesar menos al fotógrafo. “Su arte era interesante como fenómeno, pero no muy profundo”, le confesaba a The New York Times recientemente. “Se convirtió en una persona más generosa en sus últimos años y su fundación hace buen trabajo, así que no soy contrario del todo a Andy, pero no es mi tipo favorito, digámoslo así”.
Por eso cuando le ofrecieron sacar a la luz estas fotos de Warhol, Fink aceptó, pero solo si se colocaban frente a imágenes de lo que el llama un Nueva York más real de esos movidos años sesenta. El de Malcolm y manifestantes contra la guerra en Vietnam.”






Cuando ‘El País’ titula “fotógrafo marxista…”

En el mundo, según prédica ya viejuna de algunos grupúsculos minoritarios y semiclandestinos a la fuerza, todo parece estar formado por lo que denominan pequeños mundos (alegan que éstos coexisten indisolublemente relacionados, interrelacionados y recíprocamente influenciados aunque esencialmente opuestos entre sí), reducidos mundos que de la misma manera llevarían en su seno multitud de microcosmos que también contendrían a su vez ‘planetas enanos’ antitéticos, enfrentados… eso que según los mismos algunos vendría a ser el fundamento de lo que llaman la incesante lucha de los contrarios… la señal inequívoca de la constante guerra entre lo viejo y lo nuevo, el ininterrumpido proceso de la vida que nace en y de lo que va muriendo y muere (muerte que nunca es negación de la vida), y cobra su plena significación tanto en la naturaleza, subrayan, como en las sociedades humanas.

De ahí el ambivalente retrato del micromundo neoyorquino que en su día dio cobijo (aquí conviene puntualizar que no se debe de generalizar para ocultar una flagrante desigualdad, y sí señalar con respecto al albergue, que fue respectivamente en mansión y covacha porque, aunque la evidencia práctica es palpable, la interesada ceguera teórica de ‘ellos’ se resiste aún hoy a su reconocimiento: la guerra es la guerra, también o sobre todo  en el plano ideológico) al elitista universo de Warhol (que la cultura burguesa, siempre invirtiendo o falseando los hechos, ha mitificado y librado de su original hedor de estiércol) y al planeta enano pero  políticamente tocacojones de Malcolm X (que la cultura burguesa ha cubierto de excrementos de origen ajeno y ha criminalizado burdamente), por fotografiarlo así. Libre de sentimentalismos, porque uno debe de procurar saber en este ‘mundo’ con quién está tratando. O eso dicen aquellos mismos recalcitrantes marxistas, los que, vaya usted a saber por qué (el caso es que no poseen nociones como las dominantes, tienen nociones sin un átomo del hegemónico sentido común, como las mías, o sea, antagónicas), siempre están en diametral oposición a… ¡la majestad del poder instituido!


ELOTRO


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