Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 21 de junio de 2017

21 de mayo / 2017



Miguel Hernández
EN LOS VENEROS DEL PUEBLO

Ángeles Maestro


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“Todo parece preñado de su contrario”
(Marx)

Ideas molonas para consumidores geniales. Se apropian por la cara de tu dirección de correo y ya tienes garantizado un bombardeo (uno por segundo) publicitario de por vida. Ropita, créditos, viajes, seguros… ideas geniales para consumidores molones. “Yo sé. Tú sabes”.

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Para mi lo dificultoso es encontrar el necesario vínculo entre las causas y sus efectos. Ese presumiblemente revelador nexo es el que me resulta difícil, en verdad casi siempre imposible de aprehender. Y empiezo a sospechar que no se trata sólo de mi torpeza a la hora de localizar y (per)seguir el hilo que sea en el laberinto que toque. Las más de las veces  descubro que el cabo del efecto termina, inexplicablemente para mi, en el cabo de otro efecto (conste que pierdo mucho tiempo y gasto mucha paciencia, ¿será eso lo que buscan?, tratando de averiguar si lo que a mí se me aparece a todas luces  como un indescifrable efecto puede llegar a ser desde otros enfoques una incuestionable causa, pero no, en ningún caso ha sucedido así).

O sea, que me encuentro con que un efecto no lleva a su correspondiente causa sino (también los hay inconclusos) a otro igualmente solitario o mal emparejado efecto ¿no les parece que de efecto+hilo+efecto resulta un engendro ridículo e inútil?

O sea, que deduzco que posiblemente se trate de un hilo hábilmente empalmado a otro hilo.

O sea, que la probable manipulación del hilo, el hipotético nudo (anzuelo) no detectado logra todas las veces, al menos en mi caso, hacerlos pasar por un solo hilo que enlaza dos efectos que, paradójicamente, carecen de causa.

Además, la mayoría de las veces (las excepciones, que las hay, resultan invariablemente irrelevantes) las causas no aparecen, no dan señales de vida, no he conocido hilo que lleve hasta ellas, que las ligue a su correspondiente o al menos cercano  efecto. En fin, que ya empiezo a cansarme de tanto efecto sin causa que en la práctica resulte conocible. O por mejor decir, que ya estoy cansada de buscar infructuosamente causas, aunque una sola fuera, para tanto efecto indescifrable, para tantos efectos que se mezclan en un único e inextricable galimatías. ¿Para que me sirve, o le puede servir a alguien, tanto efecto sin causa? No es que me importe mucho pero creo que de aquí en adelante voy a huronear en otra dirección, quizás me dedique a tratar de encontrar al de los nudos, a ver si tirando de ese hilo...
No tengo la menor intención de hacerlo.

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“…y nuestros mejores ayeres, son ahora fétidos montones de nombres arrugados, números telefónicos y fichas descoloridas”
(V. Nabokov)

Suelen ser simples ganas de pegar la hebra con uno mismo, o sea, con el otro que vive agazapado en los pliegues del propio pensamiento, ese otro que, como una sombra que de ninguna luz depende, siempre acompaña al yo (en ocasiones, pongo por caso, simplemente para facilitarle la cuerda con la que al mismo tiempo le recomienda ahorcarse), a los distintos yoes que se van sucediendo en el transcurso del propio tiempo. Al verbalizarlo o ponerlo por escrito, el ‘relato’ no resulta más que la cristalización del producto elaborado por la particular imaginación (que ya se sabe que acostumbra a combinar más o menos caprichosamente lo real con la invención), y que de alguna forma muestra y oculta todo lo que, en gran medida, ni el yo ni el otro hemos vivido y dejado de vivir (y todo lo demás que no he mencionado y que quizá, no vayamos a cometer un disparate, no mencionaré jamás).
Hay personas que hablan, callan o silban sin motivo. Yo no.

ELOTRO

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