Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 17 de junio de 2017

17 de mayo / 2017




“También pasan personas de las cuales no es fácil distinguirse con claridad. Esto sí que le desanima a uno”
(Beckett/Molloy)

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Tengo opiniones sobre todo. Y también sobre nada.

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En algunas ocasiones, para abrir ciertas mentes, basta con una patada en los cojones.

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Contemplar hasta el último momento y sin pestañear es el sistema más práctico, ¡Y todo sin salir de la confortable teoría!

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Al lector le toca apencar con la labor de establecer puentes entre el tiempo (de las peripecias) y el espacio (del pensamiento). La cinta y las tijeras, en caso de éxito, las aportaría el autor. Y el fotógrafo, como hizo Cela visitando a Sartre.

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Que yo recuerde nunca pude recordar nada. Pero a lo mejor todo esto son sólo recuerdos.

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Tras veinte años de matrimonio, y el uno junto al otro, se divorciaron de mutuo acuerdo. Nada induce a suponer que ya se conocieran.

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Símbolos que no sería posible traducir en palabras, y menos aún en pensamientos, ni siquiera simbólicos. Sobre este punto no hay error posible. Además hacía fresco, porque llevaban abrigo. Puede ser que invente un poco, tal vez embelleciendo los detalles, pero en conjunto venía a ser así.

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(porfa) no muy profundamente (porfa), pero sí lo bastante (porfa), pero sí lo bastante…
(Cuesta trabajo formular este pensamiento, porque al fin y al cabo es un pensamiento, en cierto sentido al menos)

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A menudo, donde sólo hemos visto una ladera empinada con un Sísifo visiblemente desmejorado cargando una enorme piedra casi redonda hay en realidad un Cristo hecho un Ecce homo, y una pesada cruz de madera que a duras penas arrastra un tal Cirineo que no deja de rezongar mirando inquisitivamente al cielo.

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Total para terminar yéndose solo, o casi solo ( lo dice por el bastón, porque no tenía el pensamiento puesto en los seres vivos) por caminos ignorados. Aunque claro, esto él, que calzaba alpargatas, lo ignoraba. Yo mismo con tal que me pusiera a reflexionar, también lo ignoraría. El caso es que le miraba alejarse, víctima (yo) de la tentación de levantarme para seguirle, quizá incluso para acompañarle algún día en su camino, tanto con objeto de conocerle mejor como de sentirme yo mismo menos solo. Pero un hombre, y yo más que fumo cigarros y tengo aspecto especialmente urbano, no se puede decir en rigor que forme parte exactamente de las características habituales de un camino.

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Pero todo su silencio, aunque él no lo ignorara, no probaba nada, no refutaba nada. Aunque bien es verdad que no he meditado mucho sobre estas cuestiones. En fin, que no estaba muy seguro entonces (del significado de su silencio o de que el estreñimiento que padezco a intervalos estrictamente regulares sea señal de buena salud) y ahora todavía no lo estoy.

ELOTRO



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