Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 11 de junio de 2017

11 de mayo / 2017




Leo algunos pasajes, no discuto que poco memorables, en algún sitio que, lo digo en serio, no puedo recordar:

“Se usa siempre un estilo preexistente…y se vuelve a recorrerlo interpretándolo, es decir, aclarándose cómo está hecho.”

“La narrativa detectivesca, es un producto híbrido en la evolución de la novela gótica –heredera del romanticismo- que buscaba un elemento racional que anteponer al simple misterio y hacerlo así más verosímil, efecto que también se traslada al moderno cuento fantástico y de ciencia ficción.

Poe: “…la fórmula del detective escéptico y brillante cuyas hazañas son relatadas y admiradas por un amigo de mente menos privilegiada.”

Sherlock Holmes, el heredero más directo de Dupin, dice a Watson: “…en mi opinión, Dupin era hombre que valía muy poco. Aquel truco suyo de interrumpir el curso de los pensamientos de sus amigos con una observación que venía como anillo al dedo, después de un cuarto de hora de silencio, resulta en verdad muy petulante y superficial.”

El investigador Dupin “es el primero de todos, el modelo, el arquetipo podemos decir, que vive con un amigo y él es el amigo que refiere la historia (…) Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género intelectual, un género fantástico si ustedes quieren, pero un género fantástico de la inteligencia, no de la imaginación solamente; de ambas cosas desde luego, pero sobre todo de la inteligencia.”

En fin, la literatura, que gusta de hacer literatura mientas reflexiona, o se decepciona según Barthes, sobre sí misma. El mismo Barthes que declaró entender al escritor como al sujeto de una práctica. Quizás porque el deseo es más fuerte (y más efímero)  que su ‘interesada’ interpretación.

Y no deja de resultar curioso propósito ese que hace ‘largar’ de modo tan poco honesto (apropiarse del ‘molde’ preexistente y luego agraviar al autor/creador del mismo por más o menos lo mismo) al inverosímil Sherlock Holmes/Conan Doyle sobre el improbable Dupin/Poe. Claro que el lector ‘hincha’ suele disculpar, y a veces hasta jalear y no sólo ‘en la esfera de la ficción’, las pueriles y grotescas exhibiciones que de su perpetua e insatisfecha vanidad suelen practicar: ‘los sujetos que practican la escritura’.
Aunque también es cierto (en la ficción y en la realidad -¿esa falsa oposición?- para los infrecuentes casos ‘diacríticos’ en que pueda considerarse como diferente cosa), que la tal fanática devoción no siempre es (a ojos del autor/autoridad) lo suficientemente firme y duradera, sino que a veces se muestra fatalmente precaria, efímera o, en la mayoría de los casos, desvergonzadamente traicionera (a ojos, repito, del autor/autoridad). Nada garantiza pues que el mismo texto ‘practicado’ por el mismo sujeto que ‘practicó’ en su momento la tal escritura gustará, seguirá cautivando, al inconstante fan tras una nueva y, digámoslo así, posterior degustación.



Se tiene también noticia de raros casos en los que singulares lectores cuentan haberse topado, entiéndase en la subsiguiente incursión textual, con palabras que le chirrían, con frases que le rascan, con pensamientos que le rechinan. Incluso relatan inesperados descubrimientos, en no muy honesta compostura, de verdades ocultas (hablemos de ellas como si existiesen y su concepto ‘convencional’ no estuviese demasiado devaluado), ¿agazapadas detrás del discurso/texto?, que inexplicablemente no fueron capaces o incomprensiblemente no supieron apreciar en el, visto desde ahora a todas luces deficitario, primer asalto degustador.

Bueno no quiero aburrir ni aburrirme, espero que este ejercicio de disociar primero y, tras agitar las piezas, reasociar o combinarlas ‘creativamente’ después, no haya concluido en un texto demasiado hermético o insincero. La destrucción del equilibrio anterior y la voluntariosa búsqueda de un nuevo equilibrio sobre nuevas bases constituye, aunque no sea el único motivo (dejó escrito Barthes que tanto ‘en la izquierda como en la derecha se encuentra la idea de que el placer es una cosa simple, por lo que se lo reivindica o se lo desprecia’), el fundamento de este extravagante juego, de este quizá insignificante collage ‘intertextual’.

ELOTRO



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