Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 10 de junio de 2017

10 de mayo / 2017

It's All True (1993)
Orson Welles


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“…vida de obligaciones e inocentes esparcimientos (…) El día se me hizo largo. Lo pasé lo mejor que pude. Comí varias veces. Aproveché el hallarme finalmente solo, sin más testigos que Dios, para masturbarme.”

 (Beckett, ‘Molloy’)

Como si fuesen aerolitos, no sabes ni quienes son ni de dónde proceden o de dónde han salido, no tienes referencias ni mucho ni poco fiables… pero claro, no lo son, digo que no son pedruscos caídos del espacio sideral (recuerden que el ejemplo no es ‘la cosa misma’), y en rigor no pueden serlo ni por la apariencia ni por la esencia ‘a la vista’ (¡Ay, el totalitarismo de lo visual!).

Y por lo tanto la tal ‘cosa’ debe tener su auténtico origen, su sentido y su significado, salvo claro está que admitamos la posibilidad de la varita mágica o la del milagro desde la nada, o la receta de fe y sumisión que nos regala siempre en diversos envoltorios la infalible sapiencia del cine para adultos made in Hollywood: "Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar.".

En fin, el caso es que a algunos, esos especímenes en vías de extinción a los que no nos resulta indiferente ni cómodo  ignorar con ‘quién’ nos la jugamos o ‘simplemente’ hablamos o escuchamos o nos rozamos o relacionamos ‘forzosamente’ (recuerden al no tan retrasado  Forrest: “Mamá dice que nunca vaya con desconocidos” ), y si lo prefieren por pura curiosidad, nos toca apencar con la tarea ( porque aquello de Saint Exupéry: “No se ve bien más que con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos”, como que no cuela en la descorazonadora zona de sombra de las ‘turbias’ redes digitales) detectivesca de indagar (aún ‘sin tener socorro ni ayuda ninguna…’),  de descubrir y procurar poner en claro el origen, la naturaleza y el proceso de desarrollo (la trazabilidad historicista: la interrelación del pasado con el presente vivo, el curriculum comprobable en el mundo de lo real), todo aquello que a la tal ‘cosa’ hizo materialmente surgir y la gestó y la ha configurado, que la ha traído hasta aquí, precisa y casualmente hasta nuestro ‘territorio’, hasta nosotros y, para colmo de esa mosqueante guisa: ‘de tapadillo’. Al menos da que pensar, ¿no?

Y no es que servidora pretenda meterles a ustedes en un caos de conciencia… ni en su más que probable caso sacarles de él. Lo cierto es que por lo que a mí y aquí toca, y según ‘lo que oí y entendí…’ la cuestión no es tanto salir de un ‘concreto’ atolladero como plantear la cuestión de la existencia ‘real’ del tal atolladero (‘el fascismo no consiste en impedir decir sino en obligar a decir’) y ya de camino de si somos conscientes de su, para nosotros, ‘determinante’ existencia, y esa es la ‘cosa’, de nuestra real existencia verdaderamente ‘atascada’ en él, en el lodazal que, eso pienso (“…debido a destemplanzas de carácter”), estúpidamente desconocemos o interesadamente preferimos ignorar.

‘E volviendo a mi cuento…’ insisto en la necesidad de conocer ‘la cosa’, la que en cada tiempo y espacio sea (y es que ‘la tierra de suyo es muy corta’) y hacerlo en todo lo posible por cuenta propia o fuente suficientemente ‘acreditada’. Digo de basar ese conocimiento en documentos (‘libros que van de la verdad…‘Tiene razón usted cuando establece una distinción entre los distintos tipos de libros de los que hablamos’), pensamientos y razones que se aventuran y rastrean más allá de ‘la fama que dellos haya’, o sea, ‘y por acortar palabras’, de la imagen propagandística fabricada, emitida y difundida por los ‘muy populares’ sacerdotes y escribas al servicio del discurso hegemónico. Y es a estos, a sus amos, a los que deberíamos responder que:
 ‘lo que dicen no lo manda Dios ni el rey, que hagamos a los libres esclavos…’ (Que así se expresaba  un tal Bernal Díaz del Castillo).

‘… y conste que pienso otras estupideces por el estilo…’ pero por hoy ya me vale.


ELOTRO


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