Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 5 de junio de 2017

05 de mayo / 2017




Leyendo a Barthes (1)

“…y perdido en medio del texto (no por detrás como un Deus Ex Machina) está el otro, el autor”
(Roland Barthes)

Nueve veces sobre diez, escribió Barthes, lo nuevo no es más que el estereotipo de la novedad. Claro que de tanto cultivar la propia inmadurez el lector es ya incapaz de distinguir el gato de la liebre (“En el adulto, la novedad constituye siempre la condición del goce” / S. Freud). O lo noble de lo vil, que eran, a la hora de evaluar el mundo, los grandes opuestos para Nietzsche.

El lenguaje de la clase dominante, tan instrumental como decorativo, ha conseguido que la percepción de los hablantes ignore el taimado trastueque de los significados,  que los oyentes desconozcan la interesada manipulación de los significantes. Si nuevo equivale a novedoso, novedoso significa nuevo: recibido. Así que ya sólo queda repetir machaconamente el estereotipo, y hacerlo desde todas las instancias oficiales, que no son otra cosa que máquinas repetidoras controladas y dirigidas por la clase ‘sacerdotal’ de intelectuales y técnicos. Todo lenguaje deviene antiguo (tradicional) desde que es repetido. El estereotipo es un hecho político (véase la masa ‘teleguiada’, el envenenamiento implacable del lenguaje publicitario…) afirma también Barthes, la figura mayor de la ideología (‘ideología de la clase dominante’, ya que Barthes considera inconsecuente hablar de ‘ideología dominante’ porque, afirma, no existe ninguna más (¿Y dónde queda el combate por la hegemonía?). Y también postula que no se trata tanto de sustituir una ideología por otra –se refiere a la burguesa por la proletaria- sino que a su modo de ver lo que está en cuestión es la subversión de toda ideología. En fin, ni dice cómo ni especifica el cuándo o en qué consistiría ese hipotético proceso en lo real, pero la verdad sea dicha le queda bonito, ‘ideal’. Y más en fin pero, no nos hagamos mala sangre, como el propio Barthes escribe sobre la ‘ilusión totalizante’: “…no es necesario respetar el todo” (me parece que ya he escrito esto en alguna parte).

El lenguaje como expresión del pensamiento, la literatura (‘con el fin de las metáforas y el reino de los estereotipos impuestos por la cultura pequeñoburguesa’) como expresión de la decepción ( ‘El sistema recupera todo, aclimatando incluso aquello que parece negarlo: toma el texto y lo pone en el circuito de los gastos inútiles pero legales, reubicándolos en una economía colectiva…“la inutilidad misma del texto se convierte en útil” y lo hace a título de ‘potlatch’: cambiar regalos por prestigio’). Pero enfatiza Barthes que el lector no debe olvidar su reverso, el placer: esa deriva que poco o nada tiene que ver, nos dice, con la lógica del entendimiento y de la sensación. Y ello a pesar de la pegajosa represión libidinal (autor+medio ambiente) que acompaña a lo que él llama la clásica represión ideológica.



“Cuanto más una historia está contada de una manera decorosa, sin dobles sentidos, sin malicia, edulcorada, es mucho más fácil revertirla, ennegrecerla, leerla invertida (Mme. De Ségur leída por Sade). Esta reversión, al ser pura producción, desarrolla soberbiamente el placer del texto”


Una lectura de ELOTRO



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