Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 3 de junio de 2017

03 de mayo / 2017

‘El «orden» del G7 es el «orden» de la OTAN’
por Manlio Dinucci



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Procedente de esa mina de grandes libros a precio de saldo que es ‘La cuesta de Moyano’ llega a mis manos un librito, ‘Douglas Sirk / Jon Halliday / Editorial Fundamentos’ sobre el cineasta de origen alemán Douglas Sirk (1897-1987). Lo que fatalmente acaba por abrir un nuevo paréntesis en mis lecturas. En realidad un paréntesis dentro de un paréntesis dentro de un paréntesis… y es que desde hace un tiempo leo constantemente entre paréntesis, y, la verdad, no tengo motivos para la queja. Al contrario, creo que las batallitas contra la ignorancia resultan así, con esta llamémosla  ‘economía de lecturas’, menos áridas y más llevaderas, cuando no más gozosas. Y es que da gustito conocer detalles sobre los años de formación del polifacético Sirk (conocido sobre todo, no minusvalorar la función homologadota de la crítica burguesa, por haber llegado a convertirse en uno de los más grandes cineastas de Hollywood), que ya en los primeros años treinta en Alemania, leo, era el más famoso director escénico. Llevó Sirk durante aquella época (‘revolucionaria’ y, como respuesta burguesa, pre-nazi) a las tablas a autores como Calderón, Moliére, Shakespeare o Brecht (años después, en los sesenta, tras su retiro del cine volvió al teatro en Alemania). Bagaje este que muestra generosamente  sus claras y profundas huellas tanto en sus películas alemanas como en las posteriores americanas. Además conoce uno de la sólida formación que adquirió como pintor el joven  Douglas Sirk, dato este que también contribuye a explicar, y no poco, la muestra de erudición y el enorme talento (en los encuadres, la disposición de los personajes, los objetos y los elementos arquitectónicos -ese Feininger que también tocó a Lang-, así como en la por entonces ‘vanguardista’ manera de ‘iluminar’ que tanto debe al arte expresionista alemán),  que desplegó en medidas dosis en todas sus obras. 

El contexto histórico en el que se desenvolvió tanto la formación como la materialización de las obras artísticas que realizó Sirk arroja también una luz determinante sobre el manifiesto ‘compromiso’ de este artista inmerso, pero con plena consciencia, en el seno de la convulsa sociedad que le tocó vivir.  Ese contexto histórico que va desde los primigenios movimientos de la vanguardia artística, literaria, musical: cubista, expresionista, futurista, dada, hasta la (vanguardista por imperialista) guerra del catorce y el posterior periodo  ‘revolucionario’ (con el tirón del liderazgo en la toma del poder por los bolcheviques) en la Europa resultante de la primera guerra mundial (¿qué arte podía salir de aquellas ruinas?) y, digamos, el nuevo ‘reparto’ imperialista. Es, entre otros factores de menor rango, el concreto desenlace de esa guerra lo que ayuda a explicar en gran parte el nacimiento, precisamente en la Alemania derrotada, de un experimento artístico–social tan revolucionario (y, conviene no olvidar, coetáneo de las vanguardias rusas) como la Bauhaus. Que a esa marea internacional de movimientos socialistas y revolucionarios respondieran las potencias capitalistas con la ‘Gran producción’ de la propuesta nazi-fascista, es otra parte del  asunto que no se debe dejar sin evaluar (procurando disociar los mitos-engaños que hoy por hoy forman el canon de la ‘historia oficial’ sobre este periodo). Por ejemplo nuestro Douglas Sirk, tras breves escalas en Francia y Holanda, acabó recalando en la misma América (territorio casualmente en paz, aunque con algunos campos de concentración para los ‘japos’) que sirvió de ‘refugio’ a tanto talento artístico y científico que huía de las bombas ( y después de su glorioso pasado nazi y fascista) que, de nuevo, asolaban Europa (desde Inglaterra a Francia y  Rusia). 

En fin, el caso es que los movimientos migratorios que provocan periódicamente las guerras del Capital (ya sé que el discurso hegemónico no va por ahí) tienen la curiosa capacidad de promover ciertos ‘selectivos’ reagrupamientos de talento a miles de kilómetros de los lugares originarios de cada uno de ellos. De modo que el talento de Sirk se codea, y para colmo fílmico en el épico territorio del ‘Lejano Oeste’, con el de Brecht, el de Lang, el de Chaplin, el de Orson Wells o el de un tal, para mi novedoso ( y que, claro está, ustedes comprenderán que me empuja irresistiblemente hacia un nuevo paréntesis), Sergei Tretyakov escritor ruso vanguardista a su vez colaborador del gran Eisenstein… en fin…

La cosa es que estos ‘paréntesis’, además de oxigenar y refrescar otras lecturas más ‘secas’, menos ‘jugosas’, ponen de manifiesto, gracias a la ventajosa lectura historicista, cómo incluso las ideas y las prácticas más subversivas, han sido eficazmente absorbidas, asimiladas y de nuevo recicladas hasta la más inofensiva de las trivializaciones por la sociedad capitalista… sin ir más lejos, a servidora el cine de Sirk, hasta ahora mismito, ‘le sonaba’ a melodrama sensiblero y lacrimógeno… y eso que una es, según mis esforzados e insultantes comentaristas convenientemente censurados, una ignorante que se las da de sabihonda y una pedante patética… 
Peste!

ELOTRO



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