Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 1 de junio de 2017

01 de mayo / 2017

“Crítica y ficción”
Ricardo Piglia

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“Y, por mi parte, nunca me prestaré a semejante perversión (de la verdad) a menos de que me obliguen o me resulte necesario que las cosas sean así”
(Samuel Beckett, ‘Molly’)

Lenguaje y pensamiento ‘neutro’ que se ha vuelto (¿por sí mismo?) maquinal. O, lo que también puede haber ocurrido y ocurrir: que así haya sido decidido y establecido por los amos del ‘establecimiento’, interesados ‘ellos’ en que pensemos y por lo tanto actuemos mecánicamente y, claro está, sólo bajo ciertos y determinantes ‘estímulos’ procedentes, de dónde si no, únicamente de las ‘alturas’ jerárquicas, de la cabina de mando imperial. Sin olvidar la modesta pero imprescindible aportación de nuestro manso consentimiento y nuestra entusiasta colaboración.

Decía Piglia (gran lector de Gramsci y agudo glosador de sus escritos sobre la ‘hegemonía’), y de esto hace más de veinte años, que las señales de por dónde iba el poder y de las nuevas formas que estaba adoptando, o bien de la hoja de ruta que trazaba y seguía el capitalismo, se podían encontrar precisamente en un ‘lugar’ como el lenguaje, en ese lenguaje (y su lógica consecuente) que resulta ineludiblemente  ‘dominante’ (porque es quien selecciona y dispone: admite o excluye) en cada período histórico (¿recuerda alguien cuando, cómo y dónde empezó aquel/este catecismo en su momento intitulado: ‘políticamente correcto’). O sea, que las tales señales (¿involuntarias?) habitan, según nos indica la lectura detectivesca de nuestro Dupin/Piglia,  entre la materia, condensada, de  los signos. Y, observen la doble paradoja, Emilio Renzi (álter ego) lo decía desde un plató de televisión, o lo que es lo mismo,  desde la más influyente plataforma de enunciación. Digo yo que nuestro hombre encontraría un resquicio, una grieta, una fisura en el impenetrable muro del ‘Castillo’. O no. La ficción corrige a la realidad y a la inversa.



Tampoco creo que la presencia de Piglia en televisión fuese, en aquella concreta  ocasión,  digámoslo así obligada (o indirectamente estimulada por las poderosas fuerzas estimuladoras), por alguien (editores, agentes, instituciones) o la conveniencia de las circunstancias (personales, políticas, socioeconómicas). O sí.  El caso es que llevo unos días visionado en youtube algunos programas y entrevistas protagonizados por Piglia a lo largo de más de treinta años y el asunto está resultando muy instructivo. Y aún más pedagógico, aun sin despejar muchas ambigüedades y ambivalencias, desde que lo hago coincidir con la lectura y relectura de algunas de sus obras: ensayos, novelas, diarios…

Dijo en cierta ocasión Bolaño que tras ‘Respiración artificial’ (1979) ya no se podía seguir escribiendo novelas de la misma manera (Otro en cambio criticó que en esa primera novela de Piglia: ‘Un exiliado polaco diserta sin distinguirse de un intelectual porteño.’), que dicha obra cumplía en cierta manera como ‘bisagra’, que era, a la vista de su desafío y su cualidad provocadora, un antes y un después… sí, ya lo sé, es algo que se ha dicho por muchos y muchas veces y sobre muchos otros autores y muchas otras obras, incluso en boca del propio Bolaño  con la mismísima sentencia variaba la obra y el autor (recuerdo que RB afirmó, en algún sitio lo leí, exactamente lo mismo sobre Bioy Casares y su obra ‘La invención de Morel’. Piglia opinaba que, como escritor, Bioy era un ‘penco’. Paradójico, ¿no?) .

El caso es que, en mi inmodesta opinión, incluso el propio Piglia, adicto como era a las paradojas, escribió con posterioridad alguna que otra novela que no tuvo demasiado en cuenta, o ni mucho ni poco, el ‘crucial’ precedente propio, el supuesto punto de inflexión que pudo significar, o no, ‘Respiración artificial’. Y experimentó otras vías y maneras de construir simulacros, de la realidad dentro de la ficción ‘documental’, distintas de la concreta ficción de un joven Kafka anticipando la realidad de un joven Hitler y el nazismo que habría de llegar. O sea, una forma donde parecería que el relato se apodera del narrador y la parodia sustituye el concepto de Historia (Piglia dixit).

«Las palabras preparan el camino, son precursoras de los actos venideros, la chispa de los incendios futuros»

Pero lo que en cambio sí salta a la vista es la permanencia, a través del tiempo (dio comienzo a sus diarios en plena adolescencia) y el reflejo de sus exhaustivas investigaciones (Piglia escribe libros que nos descubren libros y nos aportan un muy intencionado, y razonado, catálogo de lecturas) y  en las largamente elaboradas obras de ficción, de la citada preocupación sobre ‘el lenguaje y alrededores’ (incluyendo maquinarias de producción y mecanismos de difusión) que tan estrecha e intensamente acompañó y ocupó a Ricardo Piglia durante toda su vida.



Por exponer un ejemplo, en sus cuatro programas para la televisión argentina  sobre Borges (y no solo sino también los siempre habituales: Sarmiento, Hernández, Lugones, Macedonio, Arlt, Poe, Joyce, Kafka, Brecht, Pavese…)  encontramos no solamente  ecos y evocaciones sino yo diría que completas transcripciones literales de pasajes de ‘Respiración artificial’ (publicada casi treinta años antes de su  emisión); de sus diarios (donde da cuenta de forma pormenorizada de sus delirantes batallas ‘contra’: los cuentos, las novelas de ‘media distancia’ o los ensayos literarios…),   o de algunas valoraciones y afilados juicios vertidos en sus eruditos ensayos ‘sobre la lectura crítica’. Ese profundo y persistente interés, en todas sus vertientes, por el lenguaje: sea por sus formas y articulaciones sencillas (con su gramo de enigma) o enigmáticas (con su gramo de sencillez) de ensamblaje y cristalización narrativa, más o menos hermética,  como forma de conocer o dar a conocer la verdad ‘subjetiva’ –¿ausente?- y/o mentira -¿omnipresente?-, sea por su específica función social e histórica (Piglia cursó Historia), siempre ‘cruza’, o subyace, o fluye por debajo, de aquello que bien podríamos catalogar como (¿otra forma de respirar?) sus ‘singulares y casi siempre transgresoras intervenciones’, ¿en dónde y sobre qué?, se podría decir ante este desafiante interrogante y   valiéndonos por una vez y sin que sirva de precedente (¡Toma ya!) de lo que el lenguaje dominante califica (porque se sabe enemigo antagónico y no pierde oportunidad) de lenguaje anacrónico y obsoleto (ay, los monopolistas expendedores de la mala reputación) que en la lucha de clases realmente existente (¡qué se le va a hacer!) y sobre el campo cultural (en toda su desnudez y  extensión, amplitud, profundidad y procurando abarcar todo su objetivo ‘desorden’, y el máximo de vínculos y de las complejas relaciones que se dan en sus múltiples procesos) de nuestra sociedad ‘desafortunadamente’ dividida (y fatalmente enfrentada en su basamento socioeconómico fundamental) en explotadores y explotados, naturalmente.

Por decir (en mi caso y en mi casa) que no quede.


ELOTRO



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