Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 30 de junio de 2017

30 de mayo / 2017



Julia
3/4

- Pues con tu permiso, prosigo. Para colmo, el director, que va de genio, como todos pero este al menos sin demasiada ostentación, es uno de esos fanáticos del plano-contraplano, tú ya sabes, o sea, un redomado estilista fascista, que decía el chiflado de Godard. La cosa es que el muy cabrón va a acabar conmigo, eso si no lo ha hecho ya con tanta toma de genio y tanta repetición de toma genial y tanto montar ‘la’ cámara y contra-desmontar ‘la’ cámara y cambiar las cuatro luces y…  Se acabó la pasta nena, aguanta un poco en tu mansión, que ya te aviso… me dice el cabronazo cada vez, y ya he perdido la cuenta, que manda al equipo a casa hasta que consigue una nueva remesa de billetitos… pero ocurre que la única componente del raquítico equipo que de vuelta en casita sigue currando y machacando su cuerpo, la faena de espera consiste, ya lo ves, en conservar esta mierda de esqueleto modelo biafreño of benetton  que exige el guión, es, como ya puedes imaginar: la menda. Y, seamos sinceros, una ya no tiene edad, ni mucho menos el caché de De Niro, para engordar o adelgazar veinte o veinticinco kilitos a capricho insalubre e intermitente del guión o del patrón… por cierto, este es otro, aunque muy anterior, ex de Julia, de nuestra Julia. Así que ya lo ves, aquí me tienes, más sola que la una, echa un espantajo y a dieta rigurosa…

-Ya, ya veo, con perdón, y ahora creo que voy comprendiendo alguna cosilla…

-Pues que bien tesoro, porque yo, ya que estamos de parrafada confesional, te diré que  nunca he podido comprender por qué le diste tanta importancia a mi canita al aire, un solo y triste polvo, con el, por aquellas fechas último, ex de Julia… sólo le hacía un favor a Julia… nuestra Julia me lo pidió y, además de que en aquel momento no te niego que me apetecía tirármelo, no supe o no quise negarme. Sabes de sobra que no soy lo suficientemente imprudente para cometer ese tipo de errores. Y menos para ocultarlos. Al fin y al cabo, la verdad es que, hasta ese momento, siempre habíamos sido respetuosos con la libertad ‘sexual’ del otro… Según tú, ¿Cuándo se jodió nuestro pacto a lo Simone/Jean-Paul?

-Puedo asegurarte que nunca tuve noticia de tu único y triste polvo con ese sujeto al que ni tan siquiera tenía ni tengo el gusto de haber conocido o incluso haber tenido noticia de su existencia y aún menos de su pasada relación con Julia, nuestra querida Julia. Por mi parte reconozco que pensé que lo que se había jodido era pura y simplemente nuestra relación, y así llegué a creerlo en medio de aquella larga sequía de trabajo que padecías y que consecuentemente tanto te afectaba, te recuerdo que te volviste pelín intratable, y claro está nos afectaba, llegué incluso a temer tus abrazos, tus besos histéricos y babosos, evidentes frutos de la  desmedida afición al alcohol que exhibías con descaro y del modo más grosero y grotesco, y que, a todos los efectos, te hacía absolutamente insoportable. En fin, que todo ello sumado a las cada día más frecuentes escapadas que hacías, por cierto que  todas ellas sin dar noticia de motivación, duración ni destino… más otras ridículas trivialidades que quizá no valga la pena mencionar… en fin otra vez, que fue todo aquello lo que creo que me hizo ver, ahora pienso  que sobre todo con la colaboración de la calenturienta imaginación, que lo nuestro ya no funcionaba, que no iba, que se había acabado o que, en el mejor de los casos, había encallado en un pestilente lodazal que por lo demás resultaba harto desagradable e irritante de habitar o frecuentar, y que de cualquier manera se demostraba absolutamente insostenible para mí. Así, como suena…

ELOTRO

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jueves, 29 de junio de 2017

29 de mayo / 2017





Julia
2/4

-¡Cóño! ¿cómo tú por aquí?

-Bueno, verás, es que Julia me ha dejado la llave de tu casa y me ha pedido…

-Te ha pedido… que Julia, nuestra Julia te ha pedido…

-Que me pasara a verte…

-Vaya, pues esto sí que tiene gracia, porque el caso es que ella desapareció hace ya no se cuantos meses y sin dar motivo o razón. Y desde aquel entonces por aquí no se ha dignado a dar señales de vida, y justo ahora, Julia, nuestra Julia, te pide, precisamente a ti, que pases a cumplir visita a tu, no sé si última o penúltima, ex…

-Última, por ahora. Me ha dicho que estabas enferma y enclaustrada…

-Pero hombre, cómo que enferma, enferma lo que se dice enferma y a pesar del penoso aspecto físico que luzco, la verdad es que no, que no lo estoy vaya, lo digo para tu tranquilidad y la de mi desaparecida ex amiga del alma, Julia, nuestra Julia. Aunque muy atacada de los nervios, y muertecita de hambre y sed y enclaustrada sí que estoy, no te lo voy a negar, pero ya puedes suponer que por gusto no es, que el masoquismo, como supongo que recordarás tras alguna remota escaramuza,  nunca ha sido lo mío. Ya sabes, las actrices somos unas putas locas o unas locas putas, ya sea por vicio o por vocación, pero nos vemos obligadas a acatar, y es que la calle es muy dura, las muy putas exigencias del guión del patrón. Pero también sabes que para mí este trabajo de puta loca es lo primero y muy sagrado por lo demás. Mira, no te quedes ahí como un pasmarote, siéntate que te cuento. En la primera parte del ya maldito rodaje, un par de meses a groso modo, me trabajé la bulimia, y en la segunda, ya se alarga más de cuarenta días,  me ando  currando la anorexia y la alcoholemia… que, gracias a  las constantes paradas o frenadas en seco del rodaje, provocadas dicen por la falta de guita, se me está haciendo, además de aborrecible, eterna. Ahora dímelo tú, ¿es o no es para volverse loca? pero claro, hay que comprender que una mujer madurita que tras un chasco sentimental cae de cabeza en el alcoholismo y la anorexia  no puede lucir  el muy apetitoso aspecto de una  seductora manzanita… ese, precisamente ese  mismito look que antes de caer en este puñetero infierno físicamente me caracterizaba… ¿no es cierto, amor?
Veo que se te abre la boca, ¿te aburro, vida?

-No, para nada, perdona, sigue, sigue… por favor…

ELOTRO


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miércoles, 28 de junio de 2017

28 de mayo / 2017




Julia
1/4

Por Julia supe que estaba enferma, recluida en casa, que no salía del catre y que se negaba a probar bocado.
Fue terrible comprobar  que había adelgazado tan alarmantemente, hasta convertirse casi en un esqueleto. También, recalcó, había renunciado a la bebida. El alcohol, esa tontería pensaba por entonces, nos había separado. Sin embargo fue ese dato, sumado a las lágrimas e insistentes tirones de  Julia, lo que me empujó a visitarla. Un año después, sin el menor  contacto, de nuestra traumática ruptura.

También había sido un año muy difícil para mí. Sin ella, y para mi sorpresa, mi vida se  hundió súbitamente en un agujero negro. Fue como dejar de existir, estaba casi muerto dentro de mí, al menos en gran parte porque, y de qué manera, para la soledad y el dolor sí que existía. Hasta el mismísimo momento de la separación no tuve conciencia clara de lo que valía realmente mi relación con ella. Aquella mujer, la de por entonces, sabía disfrutar, y hacer disfrutar, más que nadie que yo haya conocido en mi vida. Y de repente, y cierto que en gran parte por voluntad e iniciativa propia, me vi privado de sus conversaciones, de su generosa capacidad para escuchar, explicar y al mismo tiempo recibir… sí, por supuesto que siento añoranza por aquel ser… al que les aseguro que no es nada fácil renunciar.

Por mediación de Julia, su única y fiel amiga y, lo que son las cosas, mi pareja actual,  conocí que el alcohol fue precedido, mientras yo debía estar cazando cornamentas en Babia, por un sujeto que primero la encandiló y que, al poco de entregarse incondicionalmente a él, se dio el piro sin más trámites.  Pero todo eso había ocurrido hacía más de un año y es ahora que ella, en las últimas semanas de voluntaria reclusión, ya que rehuía mezclarse con la gente, decía que le atacaban los nervios, contaba Julia, y que temía sus palabras y sus miradas sabihondas, hirientes y despiadadas.

Por mi parte no sabía cómo enfrentarme con esta rara situación, en fin de cuentas ignoraba cual sería su reacción al verme de nuevo allí. Julia, que me había entregado la llave, se negó sin embargo a acompañarme. Allí me planté, en su casa que había sido nuestra casa y  junto al lecho que durante tanto tiempo habíamos compartido…

 ELOTRO



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martes, 27 de junio de 2017

27 de mayo / 2017



“Noche en la Tierra” – 1991

Jim Jarmusch

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“Dios no necesita de ningún modo nuestra hipocresía”
(libro de Jehová)

Aunque tardan y la mayoría de las veces demasiado, las obras maestras de la inmoralidad intelectual acaban por salir a flote. Alguien que además de poder prometer tiene poder para hacer lo que le conviene a él y a su clase, en un determinante momento evaluado como oportuno y  beneficioso, ha ordenado cortar la soga que las mantenían firmemente ancladas en el silencioso y oscuro fondo marino y atadas quizás (y digo quizás porque últimamente no frecuento tales ‘fondos de riesgo’), a  algún que otro anónimo cadáver en un bloque de cemento armado y muy pesado. Y es entonces cuando el diario de Langley, ‘El País’, concede a sus lectores el sacrosanto derecho a ser informado, y además desde fuentes bien ‘desinformadas’, que la mítica publicación “The Paris Review” (fundada en París en 1953 para participar en el campeonato de la guerra fría, y con sede en New York desde 1973, cuyo logo muestra a una águila, para incluir significado americano y francés: un águila americana sosteniendo una pluma y usando un  gorro frigio, un símbolo de la Francia revolucionaria, Wikipedia dixit), modelo ejemplar de rigor intelectual, mucho más creativo y mucho menos crítico, y sobre todo: ‘no alineado’ (aunque la paradoja es que como primer editor figuró un príncipe millonario y pelele de la CIA llamado Sadruddin Aga Kahn, Wikipedia dixit) y publicación defensora a ultranza de la ‘Libertad de Expresión’ del Capital contra el bolchevismo que pretendía acabar con la barbarie occidental y capitalista (que como todo el mundo sabe o debería de saber a estas alturas del partido no se respetaba en URSS ni en sus países satélites. Spain, por si ya la está piando algún listillo,  no era por entonces un país satélite de la URSS y por eso no estaba incluido en el lote), no era más, digo la emisora pro yanqui, no perdamos el hilo, que un tinglado de la CIA para, a cambio de mucho dinero y prestigiosa fama a nivel planetario, hacerse con los servicios de la mejor plantilla intelectual internacional. Cierto que algunos jugaron a sabiendas y con innegable entusiasmo en el equipo gringo y sudaron la camiseta, mientras que otros sólo aportaron a cambio sus derechos de imagen y, de estos, algunos ni siquiera llegaron a percatarse de la jugosa trampa, el dinero no huele, en la que habían caído ‘por desconocimiento’ del terreno de juego y la identidad de los contrincantes, equipo arbitral o chanchullos en el palco.




Ni que decir tiene que esta información (como aquella otra aunque contemporánea de la operación ‘el ismo que más mola es el expresionismo abstracto made in USA’) que ya se puede leer avalada por un medio de confusión y embrutecimiento tan acreditado como ‘El País’, ya había visto la luz, disculpen la manera de redactar,  muchos años atrás, cuando, aunque tarde, aún podía abrir algunos ojos vendados sin venda visible  o despertar algunas conciencias quizá anestesiadas por tanto masaje publicitario, en esas otras publicaciones siempre minoritarias y semiclandestinas que dan cobijo al pensamiento anacrónico, obsoleto y paranoico de color rojo, sabor totalitario y postre absurdamente conspiracionista.

Aún así la CIA no se fiaba de algunos cerebritos inquietos, inestables y demasiado criticones como por ejemplo, según se  nos informa: Sartre, Derrida, Althusser, Foucault, Barthes… y decidió asignarles unos espías de compañía que tomaran nota escrupulosa de todo lo que hacían durante las veinticuatro horas del día (uno piensa en gentuza como la parejita formada por los llamados nuevos filósofos: Bernard-Henry Lévy –hoy fichado por ‘El País’- y André Glucksmann, ambos por entonces inseparables pelotilleros del viejo y ya ciego Sartre y posteriormente voluntariosos soldados intelectuales al servicio de Nicolas Sarkozy (bendito materialismo histórico). Al leer lo de los guardaespaldas a cargo del contribuyente norteamericano se me ocurrió la tontería de que quizá los ángeles de la guarda de Barthes podrían haberle salvado de morir atropellado mientras que, despistado él, escribía alguna nota ‘crítica’ en medio de la calzada. En fin, quizás eso no formaba parte de su estricta labor de ‘control y vigilancia’ (¿Igual que antes había ocurrido con Carrero Blanco?).

Por cierto, observo que el gran 'izquierdista' Varufakis ('Sin permiso' dixit), anda estos días pidiendo a los votantes de izquierdas de toda Francia que voten al más que derechista Macron, una especie de muñeco al modo de Albertito Rivera pero en francés. Vivir para ver cómo les basta sacar a paseo el 'dron' del espantajo fascista para que los díscolos o dubitativos sigan apoyando la dictadura del capital financiero internacional.

He de reconocer que para mí lo de Carrero Blanco es como aquello que dijo Farocki sobre la imagen persistente, o sea, aquella precisa imagen que a pesar de haber desaparecido del escaparate (o más bien yace enterrada bajo millones de nuevas imágenes) permanece ahí, como huella indeleble sobre la memoriosa materia plástica de tu cerebro. Y es aquí que me gustaría traer aquellas palabras de Antonio Machado, cuando hablaba de que estar a la altura de las circunstancias es mucho más difícil que estar por encima de ellas. Así que esa costumbrita de alegar ‘desconocimiento’ ya debería de avergonzar a más de uno. Y para terminar una cita de ese gran pensador y exilado republicano que afortunadamente encontró calurosa acogida en México, Adolfo Sánchez Vázquez:
“Reducir la moral a un aspecto puramente subjetivo, interior, dejando fuera de ella su lado objetivo, externo, que se manifiesta sobre todo en su naturaleza histórico-social, significaría amputar la propia realidad moral. Hacerlo, además, en nombre de una supuesta ‘neutralidad’ ideológica y moral, no sólo obstruiría el conocimiento de esa realidad, sino que contribuiría a justificar –con su silencio o amputación- cierta moral.”

Mañana más.

ELOTRO



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lunes, 26 de junio de 2017

26 de mayo / 2017




Marx y la concepción materialista de la historia.

Sospecho que ya he publicado por aquí este pasaje de Marx, pero aunque así fuera pienso que nunca está de más releer, o sea, estudiar con calma y atención, sus muy densos y jugosos textos ya que, como buen clásico, siempre tienen algo nuevo que enseñarnos:

“…en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en un a palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que , por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.”

Y por abundar, dos pinceladas más de la mano de Karl Korsch:

A la fórmula objetiva del Prólogo a la “Aportación a la crítica de la economía política”.

“La historia de la sociedad es la historia de su producción material y de las contradicciones, surgidas y resueltas en su desarrollo, de las fuerzas productivas con las relaciones de producción…”

corresponde la fórmula subjetiva del ‘Manifiesto comunista’

“La historia de toda sociedad existente hasta hoy es la historia de luchas de clases.”

Y con esto pienso, aunque me cuesta, que ya hay materia suficiente para entretenerse un ratito.

ELOTRO



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domingo, 25 de junio de 2017

25 de mayo / 2017


BAJO LA MIRADA DE CALÍGULA
Margaret Thatcher como fetiche cultural

Íñigo F. Lomana



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"La totalidad se define por sus límites"

Me paso la vida discutiendo mentalmente conmigo mismo. Lo que no es mucho decir, pero hablo por hablar, por escribir. Como Malone. Aunque ni hablando ni escribiendo quiero demostrar ni demostrarme nada. Es eso lo que se dice, ¿no? Aunque me interesan más los destellos de lo que no se dice. De lo que no digo. Ah, sí, tengo pequeñas distracciones.

Y puesto que cada día me resulta más difícil la comunicación en la vida ordinaria (con sus coactivas reglas jerárquicas y de conducta), incluidas las redes donde también he fracasado, aunque por poco; me dedico a poner en marcha la máquina ficcional, o sea, me aplico en garabatear cuadernos. En los cuadernos cuento todo tipo de niñerías que no pueden dejar de contarse. Bien que también es cierto que algunas veces se abusa de ese ridículo romanticismo que deriva en un subjetivismo pretencioso, inflado de íntima profundidad y supuestamente complejo e inagotable. Pero hay mucha burla en esos textos bufonescos, e incluso en sus páginas se llega a escarnecer a los mismos burladores, ya que no están escritos a lo melindroso. En el mundo están incluidos, además de la gente seria que no cabe en sí de contento porque vive de puta madre a costa del orden, los que malviven y se ríen del mundo. Y es que también somos risibles. Quizás todo sea un reflejo de cierta cosmovisión carnavalesca, que dicen los finos (esa reata de borricos) cuando quieren cubrir púdicamente el grotesco descaro vivencial de la clase baja de los cuerpos: los vientres, los culos, los órganos sexuales…

Y es precisamente ese fanático afán censurador de las cabezas (clase alta corporal) bienpensantes el que resulta particularmente esclarecedor a la hora de comprender el porqué de la necesidad de liberar a los cuerpos (las personas) de las formas de necesidad inhumana en que se basan las ideas convencionales. Las ideas convencionales-dominantes que, como no puede ser de otra manera, son las de la clase dominante. Los finos estilistas al servicio del orden explotador establecido (y que niegan implícitamente la lucha de clases y en consecuencia las relaciones sociales de dominación) hablan, en su correctísima y fantasiosa jerga, de la fuerza desconocida que moviendo los hilos desde las insondables alturas celestiales rige a su capricho el funcionamiento, que aseguran inmutable, del mundo (cual teatro de marionetas). 




Hubo quien dijo, un fino que cita a Brecht en vano, que es absurdo denunciar la manipulación de las imágenes puesto que todas las imágenes del mundo son el resultado de una manipulación. Lo dijo por escrito sin ampliar su aserto perogrullesco al propio lenguaje, o sea al terreno textual. Se ve que su propia manipulación le pareció redundante y por lo tanto superflua. Y también olvidó hablar sobre el carácter, el grado, la intencionalidad o el significado de cualquier concreta manipulación. Porque efectivamente yo puedo encuadrar (manipular) una parte (del todo) de una foto y descartar o eliminar el resto. Y por otra parte también puedo respetar el tamaño completo (el encuadre original) de una foto dada y proceder a borrar (manipular) parte de su contenido camuflando la intervención (por ejemplo la demasiado famosa imagen de Trotsky junto a Lenin que el estalinismo manipuló).  Como verán en esta ocasión no he elegido los miles de ejemplos actuales de manipulación de textos, imágenes y sonidos con que nos obsequian incesantemente los prestigiosos medios de desinformación y embrutecimiento sobre Siria, Irán, Venezuela, Corea, Cuba o Spain…

En fin, que desconfiar está bien, incluso diría que muy bien. Pero generalizar está mal, incluso diría que muy mal. Y es que a los marxistas nos gusta concretar, nos pierde el deseo de perseguir la verdad (sospechamos que siempre es revolucionaria. Siempre). Ah, sí, tenemos nuestras pequeñas distracciones.

ELOTRO


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sábado, 24 de junio de 2017

24 de mayo / 2017


Daniele Ganser

Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Sus trabajos acerca de las redes Gladio en Europa y de los ejércitos secretos de la OTAN ligados a los neonazis y otros movimientos fascistas le valieron un gran reconocimiento académico. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.



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De la profundidad dijo Sánchez Ferlosio que era un invento; y Brecht, por su parte, le recordó en cierta ocasión a Benjamin, y apropósito de Kafka, que la profundidad es sólo un lugar en el espacio, que, en principio, no hay por qué sobrevalorar.

Sin embargo resulta innegable que lo profundo, se trate del que se trate, goza, desde siempre, de un prestigio universal. Un pensamiento, el que sea, calificado de profundo se como con papas fritas, digo en la mente profundamente vacía de la mayoría de la gente superficial,  a un pensamiento, cualquiera que este pueda ser, calificado (por parte de el que puede calificar y califica) de superficial, epidérmico o de escasa profundidad.

Por ejemplo, en la superficie se dan fenómenos tan indiscretos como el de palidecer o enrojecer, que no dejan de ser modos vulgares y directos de mostrar, sin ningún recato ni misterio, lo que se piensa o se siente a todo bicho viviente.

Lo superficial suele remitir a conceptos y significados como el de pasajero o intrascendente, pueril, banal, ligero, leve, somero, incompleto o vacuo… Mientras que lo profundo, asimismo  desde una óptica convencional, acostumbra a evocar, ya en el polo opuesto: lo intenso, lo denso, lo maduro,  lo vasto, lo grave, lo insondable, lo pleno o sesudo…




Y hablando de contradicciones, no digo insolubles, la cosa se complica, en el acostumbrado guirigay de ideas que de ordinario se cruzan en mi sesera, cuando traslado el paradójico asuntillo de lo profundo y lo superficial al campo de la pintura. Y es que han acudido a mi mente dos cuadros que podrían encarnar estos dos conceptos, sólo aparentemente, antagónicos. Una de ellas es un paisaje del pintor veneciano (vedutista) Bernardo Bellotto, por cierto sobrino de Canaletto, que se muestra estos días en las salas del Thyssen en una expo titulada: “Obras maestras de Budapest / Del Renacimiento a las vanguardias”.

La otra pintura, también un paisaje, es obra de otro pintor italiano, aunque este nacido en Bolonia, Giorgio Morandi, que igualmente cuelga estos días en Madrid en el marco de una expo organizada por la Fundación Mapfre titulada: “Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras”.



Pues bien, el paisaje de Bellotto expuesto en el Thyssen podría ser en principio la encarnación perfecta de lo que estamos llamando “la profundidad”. Y hay un dato que podríamos afirmar que refuerza esta elección, Bellotto ejerció, allá por 1764, como profesor de perspectiva en la Academia de Dresde. Cierto que no podemos ignorar que la ‘profundidad’ que se nos sugiere, que nos hace ver (el truco de) la perspectiva en una pintura sobre lienzo (al fin y al cabo una ‘superficie’ de dos dimensiones) no deja de ser por tanto una ‘ilusión’, una mentira que, generosamente, ‘creemos’. Pero tal generosidad puntual no debe hacernos olvidar el conflicto verdadero que surge  de ver ‘lo profundo’ en lo que es objetivamente ‘plano’. E incompleto, ya que en la pintura falta ‘realmente’ la tercera dimensión, el volumen,  la profundidad. Pero el arte de Bellotto se nos muestra ‘profundo’ de verdad (y denso, pleno, maduro)  justo allí donde más y mejor  falsea la realidad: en la perspectiva. 

En la línea de aquello que repetía Picasso: ‘El arte se vale de la mentira para decir la verdad’, Bellotto se afanaba en la “precisión y fidelidad al original, (lo que ha convertido a sus obras en) una importante fuente histórica; tanto es así que se utilizaron para la reconstrucción de edificios históricos de Dresde y Varsovia que habían sufrido daños durante la II Guerra Mundial.”
Pues ya lo ven, superficial y profundo al tiempo, así de contradictorio. Y es que la guapa no siempre resulta ser tonta.



En el polo opuesto, el de la supuesta superficialidad, nos encontramos con la obra ‘plana’ de Morandi que, aparentemente, fue un artista que despreció tanto ‘la precisión como la fidelidad al original’. Con matices, claro. Porque es cierto que Morandi pasó ‘casi’ olímpicamente de la perspectiva digamos canónica, la lineal, pero en cambio se esmeró en conseguir cierto efecto de profundidad y volumen mediante la llamada perspectiva aérea o atmosférica. Y ahí precisamente radica su gran aportación al arte. Perspectiva aérea que su antepasado Bellotto nunca practicó, la prueba es que en sus vistas urbanas la nitidez visual (formal, lumínica y cromática, que no la que tiene que ver con escala), del primer plano es prácticamente la misma que nos ofrece de aquella otra  figurita casi de tamaño microscópico que se asoma al diminuto balcón situado, ‘opticamente’, cosa de unos cien o doscientos metros más allá, ¿atmósfera cero en el planeta Bellotto?

Por su parte, en el arte ‘plano y superficial’ de Morandi no encontramos ni pizca de nitidez, ni formal ni cromática, ni cerca ni lejos. Sus manchas de colores planos y como desustanciados (nunca concienzudamente degradados o difuminados), siempre aparecen borrosas, como veladas, de una densidad turbia, con un cromatismo crudo y al mismo tiempo lleno de sutiles tonos o de indecisas sombras, además abundan las pinceladas rugosos y brochazos que dejan a su paso palpables pliegues (en los que parece anidar, desde lo más profundo de los tiempos, el polvo que invariablemente envuelve sus bodegones y paisajes), tan irregulares como  violentamente texturados.

-¿Una misma cosa pues lo profundo y lo superficial?
-Ni sí, ni no, menester es concretar primero…


ELOTRO


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viernes, 23 de junio de 2017

23 de mayo / 2017


“El nazismo en Europa, es precisamente la OTAN”
Manlio Dinucci


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“Desdichas, ventajas, no tengo tiempo para elegir mis palabras, tengo prisa, prisa por terminar.”
 (Beckett, ‘Malone muere’)



CÓMO ABRIR LOS OJOS
Prólogo de Georges Didi-Huberman
Al libro de Harun Farocki, ‘Desconfiar de las imágenes’

Tomar una posición en la esfera pública (aun si eso significa intervenir en el propio cuerpo y sufrir por algún tiempo). Ese es el giro estratégico que, en 1969, representa ‘Fuego inextinguible’ en la obra de Farocki. Una película de la cual el artista sigue haciéndose absolutamente responsable, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que haya decidido proyectarla nuevamente junto a sus instalaciones más recientes en la muestra que presentó en la Galerie Nationale du Jeu de Paume de París hace apenas algunas semanas, es decir, treinta años más tarde. ‘Fuego inextinguible’ es una película que combina acción, pasión y pensamiento; una película organizada alrededor de un gesto sorpresivo: el puño de Farocki ya no está alzado hacia nosotros en signo de levantamiento (tomando partido), sino que descansa apoyado sobre una mesa en espera de una acción impredecible (tomando una posición). Pero no deberíamos equivocarnos: el puño, descansando sobre una mesa dispuesta al interior de un tranquilo cuarto neutral, no es en modo alguno aquiescente en su furia, producto del tiempo resistido. Adopta esta posición porque forma parte de una coreografía muy bien pensada, de una dialéctica cuidadosamente elaborada.



Primero, Farocki lee en voz alta el testimonio que Thai Bihn Dan, nacido en 1949, redactó originalmente para el Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra de Estocolmo: "El 31 de marzo de 1966 a las siete de la tarde, mientras lavaba los platos, escuché aviones acercándose. Corrí hasta el refugio subterráneo, pero fui sorprendido por una bomba de napalm, que explotó muy cerca de mí. Las llamas y el calor insoportable me envolvieron y perdí la conciencia. El napalm me quemó la cara, los dos brazos y ambas piernas. Mi casa también se quemó. Estuve inconsciente por trece días, luego desperté en la cama de un hospital del Frente Nacional de Liberación".



En segundo lugar, Farocki, a la manera de los mejores filósofos, nos presenta una aporta para el pensamiento o, para ser más precisos, una aporía para el pensamiento de la imagen. Se dirige a nosotros, mirando directamente hacia la cámara: "¿Cómo podemos mostrarles al napalm en acción? ¿Y cómo podemos mostrarles el daño causado por el napalm? Si les mostramos fotos de daños causados por el napalm cerrarán los ojos. Primero cerrarán los ojos a las fotos; luego cerrarán los ojos a la memoria; luego cerrarán los ojos a los hechos; luego cerrarán los ojos a las relaciones que hay entre ellos. Si les mostramos una persona con quemaduras de napalm, heriremos sus sentimientos. Si herimos sus sentimientos, se  sentirán como si hubiésemos probado el napalm sobre ustedes, a su costo. Solo podemos darles una débil demostración de cómo funciona el napalm"

Un pasaje de ‘Fuego inextinguible’ aquí:

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jueves, 22 de junio de 2017

22 de mayo / 2017





¿Mundos opuestos?

Arte como fenómeno
“Cuando las tomó, Larry Fink era un veinteañero desconocido y buscando la revolución, Warhol y su troupe ya eran todo en Nueva York. A Fink le encargaron las fotos para el segundo número de la revista literaria East Side Review, que nunca llegó a publicarse, Fink podría haberlas publicado y haber alcanzado esos cinco minutos de fama que Warhol regalaba por su presencia. Nada le podía interesar menos al fotógrafo. “Su arte era interesante como fenómeno, pero no muy profundo”, le confesaba a The New York Times recientemente. “Se convirtió en una persona más generosa en sus últimos años y su fundación hace buen trabajo, así que no soy contrario del todo a Andy, pero no es mi tipo favorito, digámoslo así”.
Por eso cuando le ofrecieron sacar a la luz estas fotos de Warhol, Fink aceptó, pero solo si se colocaban frente a imágenes de lo que el llama un Nueva York más real de esos movidos años sesenta. El de Malcolm y manifestantes contra la guerra en Vietnam.”






Cuando ‘El País’ titula “fotógrafo marxista…”

En el mundo, según prédica ya viejuna de algunos grupúsculos minoritarios y semiclandestinos a la fuerza, todo parece estar formado por lo que denominan pequeños mundos (alegan que éstos coexisten indisolublemente relacionados, interrelacionados y recíprocamente influenciados aunque esencialmente opuestos entre sí), reducidos mundos que de la misma manera llevarían en su seno multitud de microcosmos que también contendrían a su vez ‘planetas enanos’ antitéticos, enfrentados… eso que según los mismos algunos vendría a ser el fundamento de lo que llaman la incesante lucha de los contrarios… la señal inequívoca de la constante guerra entre lo viejo y lo nuevo, el ininterrumpido proceso de la vida que nace en y de lo que va muriendo y muere (muerte que nunca es negación de la vida), y cobra su plena significación tanto en la naturaleza, subrayan, como en las sociedades humanas.

De ahí el ambivalente retrato del micromundo neoyorquino que en su día dio cobijo (aquí conviene puntualizar que no se debe de generalizar para ocultar una flagrante desigualdad, y sí señalar con respecto al albergue, que fue respectivamente en mansión y covacha porque, aunque la evidencia práctica es palpable, la interesada ceguera teórica de ‘ellos’ se resiste aún hoy a su reconocimiento: la guerra es la guerra, también o sobre todo  en el plano ideológico) al elitista universo de Warhol (que la cultura burguesa, siempre invirtiendo o falseando los hechos, ha mitificado y librado de su original hedor de estiércol) y al planeta enano pero  políticamente tocacojones de Malcolm X (que la cultura burguesa ha cubierto de excrementos de origen ajeno y ha criminalizado burdamente), por fotografiarlo así. Libre de sentimentalismos, porque uno debe de procurar saber en este ‘mundo’ con quién está tratando. O eso dicen aquellos mismos recalcitrantes marxistas, los que, vaya usted a saber por qué (el caso es que no poseen nociones como las dominantes, tienen nociones sin un átomo del hegemónico sentido común, como las mías, o sea, antagónicas), siempre están en diametral oposición a… ¡la majestad del poder instituido!


ELOTRO


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miércoles, 21 de junio de 2017

21 de mayo / 2017



Miguel Hernández
EN LOS VENEROS DEL PUEBLO

Ángeles Maestro


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“Todo parece preñado de su contrario”
(Marx)

Ideas molonas para consumidores geniales. Se apropian por la cara de tu dirección de correo y ya tienes garantizado un bombardeo (uno por segundo) publicitario de por vida. Ropita, créditos, viajes, seguros… ideas geniales para consumidores molones. “Yo sé. Tú sabes”.

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Para mi lo dificultoso es encontrar el necesario vínculo entre las causas y sus efectos. Ese presumiblemente revelador nexo es el que me resulta difícil, en verdad casi siempre imposible de aprehender. Y empiezo a sospechar que no se trata sólo de mi torpeza a la hora de localizar y (per)seguir el hilo que sea en el laberinto que toque. Las más de las veces  descubro que el cabo del efecto termina, inexplicablemente para mi, en el cabo de otro efecto (conste que pierdo mucho tiempo y gasto mucha paciencia, ¿será eso lo que buscan?, tratando de averiguar si lo que a mí se me aparece a todas luces  como un indescifrable efecto puede llegar a ser desde otros enfoques una incuestionable causa, pero no, en ningún caso ha sucedido así).

O sea, que me encuentro con que un efecto no lleva a su correspondiente causa sino (también los hay inconclusos) a otro igualmente solitario o mal emparejado efecto ¿no les parece que de efecto+hilo+efecto resulta un engendro ridículo e inútil?

O sea, que deduzco que posiblemente se trate de un hilo hábilmente empalmado a otro hilo.

O sea, que la probable manipulación del hilo, el hipotético nudo (anzuelo) no detectado logra todas las veces, al menos en mi caso, hacerlos pasar por un solo hilo que enlaza dos efectos que, paradójicamente, carecen de causa.

Además, la mayoría de las veces (las excepciones, que las hay, resultan invariablemente irrelevantes) las causas no aparecen, no dan señales de vida, no he conocido hilo que lleve hasta ellas, que las ligue a su correspondiente o al menos cercano  efecto. En fin, que ya empiezo a cansarme de tanto efecto sin causa que en la práctica resulte conocible. O por mejor decir, que ya estoy cansada de buscar infructuosamente causas, aunque una sola fuera, para tanto efecto indescifrable, para tantos efectos que se mezclan en un único e inextricable galimatías. ¿Para que me sirve, o le puede servir a alguien, tanto efecto sin causa? No es que me importe mucho pero creo que de aquí en adelante voy a huronear en otra dirección, quizás me dedique a tratar de encontrar al de los nudos, a ver si tirando de ese hilo...
No tengo la menor intención de hacerlo.

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“…y nuestros mejores ayeres, son ahora fétidos montones de nombres arrugados, números telefónicos y fichas descoloridas”
(V. Nabokov)

Suelen ser simples ganas de pegar la hebra con uno mismo, o sea, con el otro que vive agazapado en los pliegues del propio pensamiento, ese otro que, como una sombra que de ninguna luz depende, siempre acompaña al yo (en ocasiones, pongo por caso, simplemente para facilitarle la cuerda con la que al mismo tiempo le recomienda ahorcarse), a los distintos yoes que se van sucediendo en el transcurso del propio tiempo. Al verbalizarlo o ponerlo por escrito, el ‘relato’ no resulta más que la cristalización del producto elaborado por la particular imaginación (que ya se sabe que acostumbra a combinar más o menos caprichosamente lo real con la invención), y que de alguna forma muestra y oculta todo lo que, en gran medida, ni el yo ni el otro hemos vivido y dejado de vivir (y todo lo demás que no he mencionado y que quizá, no vayamos a cometer un disparate, no mencionaré jamás).
Hay personas que hablan, callan o silban sin motivo. Yo no.

ELOTRO

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martes, 20 de junio de 2017

20 de mayo / 2017

“Teatro épico, teatro dramático, teatro de vanguardia”
Alfonso Sastre


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"Nada es más real que nada" (Beckett)

Un estilo que expresa pero no explica.

-¿Nada que callar?
-No, señoría, nada que explicar.

Pero nada, y aún así nunca callan, nada  dejan por expresar. Pero explicar es una orden que, por lo que se ve, la nada es incapaz de ejecutar. Como si se tratara de una  irresistible necesidad de expresar nada. La nada no se explica porque nada en la nada tiene necesidad de explicación, según se ha expresado y expresa la propia nada. Lo que en cierto modo no deja de ser, en toda regla, una paradójica explicación que, eso sí, tiene buena coartada porque verdaderamente nada explica. También es cierto que, por su parte, la nada nunca, que se sepa, ha pedido explicaciones. Explicar es justamente lo que siempre desea evitar. Y aunque nada lo hace pensar, es de suponer que sus motivos tendrá. La nada va de que no necesita nada y mucho menos explicaciones, y ustedes se preguntarán, ¿de qué? Pues de nada de lo que haya expresado y  expresa. De nada, esa es la gracia. Y en eso consiste el estilo, que siempre se expresa en forma circular y con marcado carácter vicioso: de la nada por la nada hacia la nada. Todo por la Nada. En fin, puesto que no he podido averiguar nada de nada, me veo obligado a dejar esta nadería de explicación en suspenso. Hay cosas de las que no comprendo nada.

-¡Le digo a usted que no sé nada!

Pero nada importa demasiado. Otra explicación no tengo. Y, ya saben, ante la nada sólo queda continuar.

-Si plantara explicaciones, decía él.
-Resulta más barato comprarlas, decía ella.

Espero, sin más expediente, no haber dejado aquí nada expresado con suficiente claridad. Porque con lo que me conozco estoy seguro de que en cuanto supiera que hay una pálida llamita capaz de alumbrar el más mínimo atisbo de explicación… me apresuraría a sofocarla y ahogarla y extinguirla… y nada más que nada.


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