Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 1 de mayo de 2017

31 de marzo / 2017




Sentado en el escritorio dedicado a cribar la elección…
(Pavese)

La criba, el descarte o la selección suele obedecer en cada caso a una determinada intención de estilo: temática y formal. Y de esa motivación también se termina desprendiendo, de forma más o menos consciente en el caso del autor, el ajustado perfil de los destinatarios de la obra en cuestión.

No es tanto que la ‘cosa’ (la obra) se entienda (sea aprehensible) en su integridad o que por el contrario no se entienda nada o casi nada, ya sea por como se dice o por el meollo de lo que se supone que trata; sino más bien cuál es la forma y el contenido adecuado para que pueda ser comprendido o apreciado por el concreto  receptor anteriormente seleccionado. Se criba pues la forma y el significado (en la creación) y se criba asimismo el mercado, la mercancía y los consumidores.

Eso de que el autor realiza su obra al margen o sin condicionamientos mercantiles porque de esa parte comercial, tan despreciable y ajena a la creación, ya se ocupa el editor, sólo habla del desconocimiento que tal opinador tiene del papel y el poder del autor y el editor, respectivamente, dentro del territorio y las leyes que rigen el mercado (creación por un lado y producción-distribución-consumo, por el otro.)

Al margen de las escasísimas excepciones (que no es que verdaderamente carezcan de ánimo de lucro sino que en su caso concreto se trata de ‘otro’ tipo de lucro no, sólo en apariencia, directamente monetario)  no se producen ni se  ponen en circulación mercancías que no vayan avaladas a priori por un riguroso estudio de mercado (criba) que dibuje y cuantifique el preciso perfil objetivo de los potenciales consumidores del tal potencial producto (incluyendo los productos de la competencia) que, previamente, se podría llegar a proponer fabricar y por consiguiente poner en circulación.

Y comprenderán que no voy a entrar aquí  en el temita de si se fabrica sobre todo  basura (Pérez-Reverte, Belén Esteban, El Gran Wyoming…) porque la gente la consume o si se consume basura porque es lo único que se fabrica y… casualmente se suele tener más a mano o  se encuentra con ‘todas las facilidades’ en las zonas o redes comerciales…

Pero si seguimos con la ‘obra’, podemos comprobar que hay ‘cribadores’ que eligen lo oscuro, e incluso lo convierten en renegrido añadiendo unas paladas más de opaca retórica, es decir, que  incluso se recrean en esa lóbrega impenetrabilidad. Sin duda consideran que esa es la forma adecuada al contenido, si lo hubiere, en cuestión. Y es que ciertos ‘artistas’ consiguen así, mediante tal producto y tal envase, su ‘nicho de mercado’, o sea, los ‘objetivos’ consumidores que, en fin,  producen su paguita.

Frente a los autores de tintes tenebrosos y contenidos herméticos, nos encontramos a aquellos otros ‘cribadores’ (ni en un caso ni en otro  doy nombres porque prefiero que en ambas cuadrillas ‘cribe’ el hipotético lector) que presumen, y algunos hasta lo llevan a la práctica, de ‘claridad expositiva’, de transparencia y legibilidad, que no deja lugar a equívocos,  al alcance de cualquiera que, sin más requisitos, sepa leer cualquier manual de instrucciones. Ni que decir tiene que este grupo de cribadores también se ajusta, se inspira y obedece a la imprescindible potencialidad consumidora de, digamos, otra vecina parcela del mercado.

Y conviene no olvidar que ni los ‘nichos’ ni las ‘parcelas’ del mercado son compartimentos estancos, fijos e inmutables en su composición, o que se encuentren incomunicados entre sí. Muy por el contrario se dan  intercambios, hay tráfico de ‘capas’ de consumidores y de ‘especiales’ mercancías entre ellos, y por sus escaleras mecánicas y sus almacenes se suceden los roces y fricciones (entre sus dinámicos  elementos y componentes) que desembocan invariablemente en  intercambios e influencias recíprocas… a veces un consumidor sesudo amante de lo borroso y lo confuso, se lanza sin miramientos en brazos de Elvira Lindo o Almudena Grandes… o a la inversa, un devoto de la claridad de las palabras y la racionalidad de los hechos, unido a la amable linealidad tradicional de los argumentos y la trama se deje caer intrépidamente por una obra de Muñoz Molina o García Montero.

En fin, es lo que hay, lo que se crea y se produce y se pone en circulación. Y al perplejo consumidor no le queda otra que cribar… sí, también el debe de seleccionar y elegir, y debería  hacerlo preferentemente entre lo poquito que haya logrado sobrevivir en las cunetas, por supuesto más allá de las ‘amplias facilidades’ del sacrosanto Mercado… donde no hay nada que rascar… digo, cribar.

ELOTRO


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