Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 31 de mayo de 2017

30 de abril / 2017


“Venezuela: los argumentos de la democracia”
Marcos Roitman



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“Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty a Alicia, la heroína de las novelas de Lewis Carroll– quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos. Y, añadió: La cuestión es saber quién es el que manda..., eso es todo.”




Dos fragmentos de "Tropismos" / Nathalie Sarraute

En sus clases  tan frecuentadas del Colegio de Francia, se divertía con todo eso.
Se divertía rebuscando, con la dignidad de los gestos profesionales, con mano implacable y experta, en las interioridades de Proust o de Rimbaud, y exponiendo a los ojos de su público muy atento sus pretendidos milagros, sus misterios, explicaba "su caso".
Con su pequeño ojo penetrante y malicioso, su corbata de confección y su barba robusta, se parecía mucho al Señor pintado en los anuncios, que recomienda sonriendo, con el dedo en alto: Saponite, la buena  lejía, o la salamandra modelo: economía, seguridad, confort.
"No hay nadie", decía, "ven ustedes, lo he ido a ver yo mismo, pues no me gusta dejar que me engañen; no hay nada que yo no haya ya mil veces estudiado clínicamente, catalogado y explicado.
"No tienen que desorientarles. Fíjense, entre mis manos son como niños temblorosos y desnudos, y yo los sostengo en el hueco de la mano ante ustedes como si fuera su creador, su padre, los he vaciado para ustedes de su poder y de su misterio, he acorralado, acosado lo que en ellos había de milagroso.
Ahora, apenas son distintos de esos inteligentes, de esos curiosos y divertidos chiflados que vienen a contarme sus interminables historias para que me ocupe de ellos, los aprecie y los apacigüe.
Ustedes no pueden emocionarse más que mis hijas cuando reciben a sus amigas en el salón de su madre y charlan amistosamente y ríen sin preocuparse de lo que digo a mis enfermos en la habitación de al lado."

Así enseñaba en el Colegio de Francia. Y por todos los alrededores, en las facultades próximas, en los cursos de literatura, de derecho, de historia o de filosofía, en el Instituto y en el Palais, en los autobuses, en todas las administraciones, el hombre sensato, el hombre normal, el hombre activo, el hombre digno y sano, el hombre fuerte triunfaba.
Evitando las tiendas llenas de objetos bonitos, las mujeres trotaban alerta, los camareros de café, los estudiantes de medicina, los agentes, los pasantes de notario, Rimbaud o Proust, arrancados de la vida y privados de soporte tenían que vagar sin meta por las calles o dormitar, con la cabeza caída sobre el pecho, en alguna plazoleta polvorienta.

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Ahora eran viejos, estaban completamente gastados, "como viejos muebles que han servido mucho, han cumplido su tiempo y su cometido", y lanzaban a veces (era su coquetería) una especie de suspiro seco, lleno de resignación, de alivio, que parecía un crujido.
Las suaves tardes de primavera, iban a pasear juntos, "ahora que la juventud había pasado, ahora que las pasiones se habían terminado", iban a pasear tranquilamente, "a tomar un poco de fresco antes de acostarse", iban a sentarse a un café, y a pasar un rato charlando.
Elegían con muchas precauciones un rincón bien protegido ("aquí no: está en una corriente, ni allí: justo al lado de los lavabos"), se sentaban (¡Ah, esos viejos huesos!, nos hacemos viejos. ¡Ah! ¡Ah!") y dejaban oír su crujido.
La sala tenía un brillo sucio y frío, los camareros se movían excesivamente deprisa, con aspecto un poco brutal, indiferente, los espejos reflejaban con dureza rostros ajados y ojos que parpadeaban.
Pero no pedían nada más, no había que esperar nada, pedir nada. Así era, no había nada más, era eso, "la vida".
Nada más, nada más, aquí o allá, lo sabían ahora.
No había que rebelarse, soñar, esperar, hacer esfuerzos, huir; había que elegir atentamente (el camarero esperaba), ¿una granadina o un café?, ¿con leche o solo?, aceptando modestamente vivir -aquí o allá- y dejar pasar el tiempo.

(Nathalie Sarraute)


“Mi gusto por los constreñimientos no me constriñe”
( G. Perec )


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